Por Juana Fernández López*, Profesora de Ciencia y Tecnología
de los Alimentos, Universidad Miguel Hernández – España.
La miel, un 25 % más dulce que el azúcar de mesa, es fundamentalmente
agua (17-18 %) y azúcar (75-80 %, principalmente glucosa y fructosa).
Pero en su fórmula se han identificado más de 150 compuestos minoritarios, y
son estos los responsables de la mayoría de las propiedades biológicas y
saludables que se le atribuyen.
El contenido de todos estos compuestos en la miel varía
dependiendo de las flores de las que proceda (miel de castaño, miel de azahar,
etc.) y de la región geográfica y estación del año. Por eso sirven como
biomarcadores de identidad de la miel.
Potasio, vitaminas, polifenoles…
Entre estos compuestos minoritarios se encuentran algunos
minerales (principalmente potasio), vitaminas (las mayoritarias, el ácido
fólico o vitamina B₉ y la vitamina C), polifenoles, aminoácidos, enzimas y
proteínas, ácidos orgánicos (responsables de su acidez), carotenoides y
compuestos volátiles (aromáticos, que también se usan para identificar el origen floral).
Muchos de los compuestos minoritarios de la miel, pero
fundamentalmente los compuestos fenólicos, son los responsables de las
propiedades funcionales o saludables de la miel. De estas propiedades hay
evidencias in vitro (a nivel de laboratorio) y/o in
vivo (con animales de laboratorio, y en algunos casos también en
estudios clínicos con personas).
Propiedades antioxidantes y antiinflamatorias
La miel tiene un alto potencial antioxidante que se ha
demostrado tanto en estudios in vitro como in vivo.
No solo se ha comprobado que es capaz de estimular el sistema de defensa
antioxidante en los tejidos de animales de laboratorio sino que también hay
estudios que evidencian que el consumo de miel (solo o en combinación con otras
terapias tradicionales) incrementa la capacidad antioxidante del suero.
Muchos estudios también han demostrado la actividad
antiinflamatoria de la miel, que ejerce a través de varios mecanismos,
reduciendo la respuesta inflamatoria de los tejidos celulares ante diferentes
agentes inflamatorios e impidiendo la producción de sustancias
proinflamatorias.
A esta actividad también contribuye su efecto antioxidante
porque se ha comprobado que el estrés oxidativo promueve el desarrollo de
inflamaciones en diferentes tejidos.
También se ha comprobado que la miel aumenta los linfocitos T y B, los anticuerpos y determinadas
células sanguíneas como eosinofilos, neutrófilos y monocitos que luchan contra
los ataques externos durante las respuestas inmunes en los tejidos celulares.
Además, también estimula la producción de acidos grasos de cadena corta con actividad inmunomodulatoria
confirmada.
Es antimicrobiana y previene la aparición de úlceras
La miel también inhibe el crecimiento de diferentes
bacterias, virus y hongos patógenos, es decir manifiesta actividad antimicrobiana . Esta acción se ha atribuido tanto a
su actividad enzimática como a la presencia de ciertos compuestos con esta
actividad antibacteriana (alcoholes, terpenos, ácidos, etc).
Se ha comprobado en ratas la actividad antiulcerosa de la miel, que se atribuye al incremento
de prostaglandinas en la mucosa gástrica que actúa como protector y la
consiguiente inhibición de las secreciones ácidas, previniendo la formación de
úlceras pépticas.
Reducción del colesterol y prevención de problemas
cardiovasculares
Otra de los efectos atribuidos a la miel y de gran interés es
su aplicación en la reducción de los niveles de colesterol en pacientes con
hiperlipidemia.
Son varios los estudios que proclaman que un consumo
regular de miel mejora el perfil lipídico de los pacientes. Este efecto, directa o
indirectamente, contribuye a una reducción en el riesgo de sufrir enfermedades
cardiovasculares, una de las principales causas de muerte en los países
desarrollados.
Sus propiedades anticancerígenas a examen
El efecto de la miel como anticancerígeno se ha demostrado en
diferentes líneas celulares (in vitro) y también en modelos animales
(carcinoma, melanoma, cáncer hepático, cáncer de pulmón, etc).
El efecto se ha atribuido a diferentes mecanismos entre los
que destacan la interferencia de múltiples vías de señalización celular,
incluida la inducción de apoptosis, antimutagénica, antiproliferativa y
antiinflamatoria. No obstante, se necesitan más estudios para mejorar el conocimiento sobre el efecto
positivo de la miel y el cáncer.
Así, la miel es mucho más que agua y azúcar. Es un producto
natural, con una gran cantidad de compuestos minoritarios con interesantes
propiedades biológicas y funcionales. De ahí su gran potencial e interés
científico en sus aplicaciones, que seguimos investigando.
Este artículo fue
publicado originalmente en The
Conversation. Tomado de yahoo.es
*Juana Fernández
López no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones,
ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener
beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más
allá del cargo académico citado.
