Desde 1982, el pianista es una pieza esencial en la banda, no
solo por su talento sino porque lleva un diario de anotaciones musicales que se
convirtió en la "Biblia Stone". "¿Cómo me voy a cansar de tocar
algunas de las más grandes canciones alguna vez escritas en el
rock'n'roll?", señala.
Por Kevin E. G. Perry
Incluso si no conoces a Chuck Leavell por el nombre, seguramente lo escuchaste tocar. Lo conoces por su trabajo al piano en el emocionante instrumental de los Allman Brothers "Jessica", grabado en 1973, que lo hizo omnipresente como banda de sonido del programa sobre autos Top Gear. Y estuvieron sus sesiones para bandas como Train, que puso a Leavell al frente y al centro en su enorme hit de 2001 "Drops of Jupiter". De manera alternativa, si sos uno de los incontables millones de personas que vieron a The Rolling Stones en vivo en cualquier punto desde que empezó a tocar con ellos en 1982, te habrás percatado de su ecuánime presencia dándole un anclaje a la más grande banda de rock and roll desde detrás de los teclados. El hombre de 70 años con rostro de querubín y barba blanca como la nieve nacido en Birmingham, Alabama, le atribuye su casi medio siglo de éxito a la habilidad de prestarle un toque de la autenticidad de rock sureño a cualquier canción que engalane. "Mis manos tienen acento sureño", dice un sonriente Leavell, levantándolas como si fuera a tocar un riff en un piano invisible.
El músico está hablando por video desde una habitación de
hotel en Amsterdam, al día siguiente de un show en el que los Stones
continuaron su celebración por 60 años de carrera frente a una
audiencia de 53 mil personas. El show había sido pospuesto en junio,
cuando Mick Jagger dio positivo de covid, pero se recuperó
totalmente a tiempo para las masivas apariciones de la banda en el Hyde Park de
Londres. "Mick está de regreso en perfecta forma. Es un lunático corriendo
por todas partes. Debe ser de otro planeta, es todo lo que podemos suponer",
dice Leavell con un asombro palpable. "La mayoría de nosotros sintió que
entre el segundo show del Hyde Park y el de Milán estuvieron los dos mejores
conciertos de la gira hasta ahora, pero todos fueron muy consistentes."
Leavell dice eso con una nota de orgullo en la voz. Cuando se
trata de los Stones, la consistencia es su departamento. Desde la gira Steel
Wheels de 1989, Leavell ha estado tomando notas meticulosamente, apuntando
cómo estuvieron los Stones cada noche en el escenario. "Tomé
notas a mano de acordes para cada canción", explica. "Y también tomé
notas del tempo. Si necesitábamos subir un poco el tempo, o si se sentía mejor
bajarlo un poquito."
En lo que es quizás un ejemplo del yin-yang esencial que
pulsa en el corazón de los Stones, en los primeros días Leavell descubrió que
Jagger tendía a querer que las canciones fueran más rápido, mientras que el
guitarrista Keith Richards estaba perpetuamente intentando tranquilizar un
punto las cosas. "¡Creo que de algún modo, a través de todo este tiempo,
encontramos el balance para el tempo justo!", dice el pianista, cuyos
anotadores enciclopédicos se han convertido en la Biblia de la banda. "Me
han dado el apodo de 'director musical', que me hace
gracia", dice. "Porque Mick y Keith son los directores musicales de
los Rolling Stones."
A través de las últimas cuatro décadas, a Leavell se le ha
concedido el punto de perfecta ventaja para observar la milagrosa, a veces
fracturada, sociedad Jagger-Richards. En ese tiempo el dúo se ha disparado
mutuamente, se ha peleado y ha hecho bromas públicas sobre sus genitales, pero
aún así, de algún modo siguen juntos. ¿Cuál es su secreto? "En primer
lugar, son las canciones", dice Leavell de modo reverencial.
"Algunas de las más grandes canciones alguna vez escritas en el
rock'n'roll. La gente me pregunta '¿No te cansás nunca de tocar ‘You
Can’t Always Get What You Want’? ¡Carajo, no! Tocaré ‘Jumpin’ Jack
Flash’ cualquier día de la semana, amigo, y dos veces los
domingos."
Más allá de la música, dice Leavell, Jagger y Richards han
alcanzado su aniversario de diamante del mismo modo que cualquier pareja: superándose.
"Sí, han atravesado tiempos turbulentos y han tenido sus
diferencias", dice. "Pero es como un buen matrimonio, man. Yo he
estado casado 49 años. ¿Tuvimos algunos choques en el camino? Por supuesto,
pero eso hizo más fuerte nuestra relación. Creo que lo mismo corre para Mick y
Keith."
En una banda de quilomberos notorios, el estable matrimonio
de medio siglo de Leavell y sus modales afables lo ubican en otro lugar, pero
dice haber disfrutado su cuota de noches salvajes. "Mira,
cada banda en la que estuve y cada artista con el que he trabajado, en algún
punto de su carrera ha experimentado con esto, aquello y lo otro y, sabes... ¡culpable!",
dice, levantando las manos. "He probado de todo, pero lo suficiente para
saber que, para mí, lo importante es ser capaz de tocar música."
Los tiempos ciertamente han cambiado desde aquellas perversas
giras de los Stones en los setenta. En estos días la banda es lo que Leavell
llama "una gran organización", con cientos de integrantes en el equipo,
y las drogas del backstage vienen con prescripción médica. "Tenemos
un equipo de médicos que van y vienen", explica. "Tenemos un oficial
que hace cumplir las reglas de covid. Tenemos enfermeras. Tenemos algunas
máquinas de testeo rápido PCR, y todos nos testeamos al menos tres
veces por semana."
Leavell siempre soñó con ser parte de "una gran
organización" como los Stones. Cuando tenía 13 años y crecía
en Tuscaloosa, fue con su hermana a ver a Ray Charles. Nunca
fue el mismo después de eso. "Me voló la cabeza, por completo", dice
con nostalgia. "Estaban las Raelettes y todo el show completo. Billy
Preston tocaba el órgano, y Fathead Newman el saxo. Me quedé
pensando 'Wow, si alguna vez pudiera estar en una banda que conmueva a
la gente como me conmovieron a mí, entonces eso es lo que quiero hacer.' Fue
algo que me cambió la vida."
Para entonces, Leavell llevaba la mitad de su vida
aprendiendo piano. Su madre, Frances, era una instrumentista aficionada que lo
tenía ocupado sentándolo a su lado frente a las teclas. "Ella decía 'Hey,
Chuck, ¿cómo piensas que sonaría si hubiera una gran tormenta afuera?'",
recuerda. "Entonces yo tocaba en las notas graves y hacía unos golpes de
relámpagos. Entonces ella podía preguntarme '¿cómo crees que sonaría si
hicieras un home run?' Ella me instiló la idea de pensar
la música en términos de sentimientos y emociones en vez de solo acordes y
melodías."
A los 18 años, Leavell se mudó a Macon, Georgia, hogar
de Capricorn Records, donde su futura esposa Rose Lane White trabajaba como
asistente. Él estaba intentando conseguir trabajo como pianista, y uno de sus
primeros encargos fue con el legendario blusero de New Orleans Mac Rebennack,
más conocido como Dr. John, que no tenía problemas en poner a prueba a
aspirantes a músicos. Luego de que Rebennack le dijera a la banda que quizá no
estuvieran a la altura de lo que pretendía, Leavell decidió visitarlo en el
Holiday Inn para conocerlo mejor. "Hablamos un poco y me dijo 'Hey
Chuckie, ahora vuelvo', y fue al baño. Yo sabía que estaba tomando metadona,
pero no sabía que la conseguía en las calles. Pasó el tiempo y vi un cuaderno.
La curiosidad me pudo y lo abrí, y en la primera página estaba el nombre de
todos los de la banda, y en un costado una serie de símbolos vudú.
Pensé 'Oh mi Dios, ¿en qué me estoy metiendo?'". Resultó que los símbolos
eran amuletos de la suerte. En un encuentro que tuvieron años después, Rebenack
le regaló un sobre lleno de verdaderos amuletos. "¡Y, de verdad, desde
entonces he tenido buena suerte!", dice Leavell con una amplia sonrisa.
Fue mientras tocaba con Dr. John que Leavell capturó la
atención de Gregg Allman, quien lo invitó a tocar en su primer
disco solista Laid Back. Eventualmente, Leavell empezó a zapar
con el resto de la Allman Brothers Band, que todavía estaba recuperándose de
la trágica muerte de su principal guitarrista Duane
Allman, en un accidente de moto en 1971. Para su sorpresa, el grupo lo
invitó a sumarse como miembro permanente.
Unirse a los Allman Brothers catapultó a Leavell a la cumbre
de la estratósfera del rock. Los conciertos de la banda eran material de
leyenda, y Leavell estuvo en julio de 1973 en Watkins Glen, en el estado
de New York, cuando 600 mil personas se presentaron para ver a
la banda junto a Grateful Dead y The Band. La colosal
asistencia rompió el record establecido por Woodstock. En agosto de ese año
lanzaron Brothers and Sisters, el primer disco con Leavell y
su album más exitoso. Contenía clásicos atemporales como "Ramblin'
Man" y "Jessica", que hacía lucir especialmente a Leavell.
"Me tomó un tiempo enterarme que era la música de Top Gear, hasta
que un amigo me dijo 'Hey, man, ¿sabías que esa canción abre cada
episodio?'"
Cuando los Allman Brothers se separaron en 1976. Leavell
siguió tocando con el bajista Lamar Williams y el baterista Jaimoe unos años
más, bajo el nombre de Sea Level (un chiste sobre el "C
Leavell" que el pianista había estampado en sus cajas de gira). Hacia
1981, de todas formas, Leavell pensó que sus días como músico de gira
habían quedado atrás. Rose Lane había heredado unas tierras en
Georgia, y Leavell le dijo a su esposa que quizá debería enfocarse en
construirse una nueva carrera como granjero de árboles. El destino tenía otras
ideas. "Ella me escuchó pacientemente, y luego me dijo: 'Bueno,
eso suena muy interesante, pero hoy te llamaron los Rolling Stones'",
recuerda el músico.
36 horas más tarde, Leavell estaba en un avión rumbo
de Massachusetts para hacer una audición. Aunque el ex tecladista de los
Faces Ian McLagan había sido elegido para esa gira, Leavell impresionó
a Jagger y Richards lo suficiente como para que hiciera una aparición
como incitado cuando la gira pasó por Atlanta, y luego se unió a la banda a
tiempo completo en su trayecto por Europa en 1982. Está allí desde entonces,
un componente esencial de una alineación que se mantuvo
destacablemente sin cambios hasta la muerte del baterista Charlie Watts,
tras una operación del corazón en agosto de 2021. "Aún nos duele mucho, de
verdad duele", dice Leavell. "Fue un impacto tremendo, porque
todos creíamos que Charlie se iba a recuperar, incluyendo a sus médicos. Nunca
hubo una sensación de 'Ey, vamos a perder a Charlie'. Era solo
'Bueno, tiene que resolver este asunto y en dos o tres meses estará bien. Pero
no sucedió así. Es una gran pérdida en todos los sentidos, personal y
musicalmente. Pienso en él todos los días, lo extraño todos los
días."
Más allá del trabajo en la banda, Leavell siguió
adelante con su plan de cultivar árboles. En 1999, Rose Lane y él
fueron nombrados "Granjeros de árboles destacados del año".
"Realmente necesitamos empezar a pensar en serio sobre no seguir
jodiendo", dice cuando se le pregunta qué cosas le han enseñado sobre el
futuro del planeta sus esfuerzos de conservación. "Para mí hay una
conexión personal. ¿De dónde viene el piano? El don que se me ha dado me brindó
mucho disfrute y una gran carrera. Para mí hay una conexión espiritual
con la madera."
Tal como bromea el vocalista Bernard Fowler en The
Tree Man, un documental sobre Leavell realizado en 2020, el
músico "no solo es bueno en el piano, es bueno para el medio
ambiente." Se ha convertido, como Keith Richards señaló una vez, en
"el propio caballero sureño de los Stones." Ocasionalmente, todavía
le gusta volver a ocupar el centro de la escena. Su disco de 2018 Chuck
Gets Big, grabado en vivo con la Frankfurt Radio Big Band,
lo encontró revisitando música de su extensa vida, con canciones de los Stones,
Allman Brothers y Sea Level integrando la lista. "Quería tener una
representación de quién soy y qué hago, y también quería asegurarme de que las
canciones pudieran adaptarse bien a los arreglos de una big band. Nos
divertimos mucho haciendo eso, fue todo un viaje."
Leavell parece mucho más feliz, de todos modos, cuando está
interpretando su parte dentro de los más grandes rockers. Después de cuatro
décadas y cientos de conciertos, ¿hay algún show que se destaque por encima de
los demás? Leavell tiene su respuesta lista: Praga, 18 de agosto de
1990. El primer gran evento cultural en Checoslovaquia tras la
"Revolución de Terciopelo" y la caída del Muro de Berlín. "Václav
Havel acababa de subir al poder, y era un disidente y un gran ser
humano que se encontró con la banda", recuerda Leavell. "Se podía
sentir este asombroso sentimiento de libertad a través del país y la ciudad,
y tocamos para 130 mil personas." Los ojos del pianista se
iluminan ante el recuerdo. "La mejor parte fue los posters que
decían 'Los tanques se están yendo, los Stones están llegando'. ¡Fantástico!"
Tomado de Página/12 / Argentina.
