Por Modaira Rubio Marcano*
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 11 segundos muere una mujer embarazada o un recién nacido en el mundo. El 99% de todas las muertes maternas ocurren en países en desarrollo.Una adecuada atención antes, durante y después del parto es lo que garantiza la vida de las mujeres y de neonatos.
Si bien es cierto que desde 1990 a 2015, según la OMS, la mortalidad materna disminuyó en cerca de un 44%, también se ha registrado un aumento de casos desde 2018.
En casi todos los países, la pandemia de Covid-19
impactó fuertemente los indicadores de mortalidad materna. Solo en EEUU, datos
del Centro Nacional de Estadísticas arrojaron que la mortalidad materna aumentó
en 18% durante 2020, superando el aumento de la mortalidad general que fue de
16%. Estudios de las Universidades de
Maryland y Boston reflejan que las madres hispanas y afroamericanas fueron las
más afectadas.
La Organización Panamericana de Salud (OPS), indica
que la mayoría de las muertes maternas son evitables: “Las hemorragias graves
tras el parto pueden matar a una mujer sana en dos horas si no recibe la
atención adecuada. Las infecciones tras el parto pueden eliminarse con una
buena higiene y reconociendo y tratando a tiempo los signos tempranos de
infección. La preeclampsia debe detectarse y tratarse adecuadamente antes de la
aparición de convulsiones (eclampsia) u otras complicaciones. Para evitar la
muerte materna también es fundamental que se eviten los embarazos no deseados o
a edades demasiado tempranas. Todas las mujeres, y en particular las
adolescentes, deben tener acceso a la contracepción, a servicios que realicen
abortos seguros en la medida en que la legislación lo permita, y a una atención
de calidad tras el aborto”.
En Venezuela, la falta de cifras oficiales impide
una visión clara de la problemática así como la toma de medidas para evitar
estas muertes pese a que el Gobierno Nacional creó en 2017, un programa
denominado Plan Parto Humanizado.
Las denuncias y los informes de las ONG nos llevan
a considerar lo que aseguran organizaciones como Convite, que realiza sus
investigaciones usando como fuentes cifras no divulgadas por el Ministerio del
Poder Popular para la Salud: la mortalidad materna se ha mantenido en ascenso
desde 1990, con un punto más bajo en 1998 (51,02) y uno más alto en 2016 (con
proyección de 112,29). El documento señala que en los últimos 16 años, las estadísticas
se han mantenido en los niveles más altos desde 1990.
Según datos
del Laboratorio de Derechos Humanos (Ladeshu) presentados en mayo de
2022 y realizado en el Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto,
estado Lara, en esa entidad la mortalidad materna alcanzó 121,3 por cada 100mil
nacidos vivos, la cifra más alta en la media de los países latinoamericanos.
Un reciente caso denunciado por el Movimiento de
Mujeres Clara Zetkin, encendió nuevamente las alarmas sobre este tema que
también se ha convertido en tabú en los medios nacionales.
El día lunes 04
de Julio, falleció Lunibrycz Rodríguez, de 21 años, en el Hospital Domingo
Luciani de Caracas. Familiares denunciaron el llamado “ruleteo” de la paciente
antes de recibirla para el parto y una serie de irregularidades en su atención
tras el alumbramiento.
Al respecto, el Movimiento Feminista Muderes escribió en las redes sociales: “ciertamente no sabemos las tasas de mortalidad materna en nuestro país hoy. Lo que sí sabemos es la rabia, la impotencia ante la injusticia y la impunidad con que sucede esta situación a nivel nacional. Mes tras mes mueren las mujeres, mueren atendidas, mal atendidas, en un sistema de salud que con todo y falta de insumos hace 70% de cesáreas innecesarias, se realizan episiotomías a granel y coloca oxitocina a cántaros, por solo nombrar tres de las prácticas más comunes. Así como también se humilla y degrada a las mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio. Sumado a la violencia institucional del ruleteo y las condiciones de los hospitales. ¿Dónde está el Estado garantizando los derechos a la salud de las mujeres y sus hijas e hijos? ¡Basta!”.
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Comunicación Política, Economía, Feminismos y DDHH
