Por Alfredo Padilla
1) Lo hice como ciudadano. No en representación de ninguna
organización civil. Entiendo que la carta en sus inicios resalta que los
firmantes son representantes del sector privado y civil, para dejar claro que
no es una representación política, no porque representen a todo el espectro
privado y civil.
2) El llamado a Estados Unidos es al impulso a negociaciones
productivas. Igualmente se extiende el llamado al Gobierno y a la Plataforma
opositora para que procedan de igual manera.
3) Decimos, y es verdad, que las sanciones económicas y la presión política no han logrado el objetivo de sustituir al gobierno.
4) Que la raíz de la crisis no son las sanciones, sino el
pésimo modelo impuesto.
5) Los efectos colaterales de las sanciones empeoran la
situación de las mayorías, el empleo, la salud, los servicios. Por eso,
6) Se pide poner en el centro de la discusión, los temas
humanitarios y avanzar hacia acuerdos sucesivos factibles. Más avances
electorales, libertad de presos políticos, unificación opositora.
7) En materia petrolera, se da importancia a que regresen
empresas especializadas y que autogestionen los recursos. Se aproveche la
oportunidad del alza de precios del mercado petrolero para que haya más
ingresos.
Se trata, en fin de hacer uso de las fortalezas opositoras,
de las cuales resalta la incidencia en el tema de las sanciones como una carta
para la negociación. No se trata de las sanciones individuales, sino las
de efectos económicos que complican el desarrollo de empresas y sus
efectos en empleos. De restablecer servicios básicos con urgencia.
Cierto que Maduro necesita más ingresos para mitigar la
crisis y mantenerse en el poder. No la tiene fácil y necesita recursos. Por esa
y otras razones de la lucha interna en el gobierno, ha cesado el control de precios,
las guías de distribución de alimentos, inspecciones etc, que en el pasado
reciente provocaron escasez de alimentos, acaparamiento y bachaqueo y una
hiperinflación brutal.
Sin recursos, Maduro regresaría a medidas de
distribución de lo escaso con sentido clientelar y utilizaría las sanciones
como culpables de su desastre. Volveríamos a los mercalitos, al
sistema de venta y distribución de alimentos en ruta electoral, al sometimiento
político por hambre.
La hendija económica que se ha abierto, ha facilitado
que muchísimas personas se dediquen al trabajo por cuenta propia, a la
economía privada, que es su preferencia, no la economía comunal. Ese ejercicio,
de hecho, de la libertad económica, ha permitido que la peluquera consiga los
tintes para su oficio en el domicilio. Que la repostera ofrezca sus servicios
en la comunidad. Es su esfuerzo, son sus ingresos. Su familia no depende del
sometimiento político del gobierno. Depende de su libertad económica.
A mayor libertad económica pactada y/o conquistada, mayor
libertad política, no tengo dudas. Por eso, por estar convencido de que la
negociación con el gobierno debe forzar la hendija a mayores libertades
económicas, que impacten positivamente en los sectores populares, estimulando
el emprendimiento, los valores del trabajo y el apoyo mutuo entre los que
padecen la crisis y de estos con quiénes tienen en sus manos la posibilidad de
encontrar salidas concertadas. Venezuela necesita construir un rumbo
alternativo a esta tragedia. Que superemos la intolerancia y la confrontación
entre paisanos. Relanzar el país reclama un impulso espiritual: recuperar la
solidaridad como valor esencial, en particular con los más necesitados y
excluidos. Por todo eso, firmé el documento. Como ciudadano que ejerce con libertad
su opinión. Derecho que nos asiste a todos.
