Con el recrudecimiento de las medidas de Washington, el gobierno ha buscado diversas vías de ingresos. En el pasado se vendieron desechos al exterior en muy bajas cantidades, pero es desde 2020 que se están impulsando esas exportaciones a través de privados.
Por Forbes Staff
En los alrededores del puerto de Guanta, en el este de
Venezuela, cientos de camiones hacen filas todos los días para descargar
toneladas de chatarra como parte del giro del gobierno de convertir los
desechos en una fuente de divisas.
El acopio y venta de chatarra se ha intensificado por las urgencias financieras de la administración del presidente Nicolás Maduro, agobiada por una baja producción de petróleo debido a los años de desinversión en la industria y la dificultad de vender barriles en medio de las sanciones de Estados Unidos impuestas en 2019.
“Venezuela va a quedar livianita, porque están sacando toda
la chatarra”, dijo Douglas Lugo, conductor de un camión a las afueras de
Guanta, quien fue un empleado tercerizado de la industria petrolera y ahora
labora transportando material en desuso. En su camión llevaba residuos de
hierro como láminas, rines, partes de vehículos y trozos de puertas
oxidadas.
Con el recrudecimiento de las medidas de Washington, el
gobierno ha buscado diversas vías de ingresos. En el pasado se vendieron
desechos al exterior en muy bajas cantidades, pero es desde 2020 que se están
impulsando esas exportaciones a través de privados.
En 2021, Maduro afianzó su interés en la chatarra al
considerarla como “estratégica” para la industria local y dejar exportar su
excedente, previa aprobación de las autoridades.
Las empresas estatales y privadas cargadas con plantas,
maquinarias y equipos obsoletos, por los años de menor actividad, se han
sentido cada vez más tentadas a ofertarlos como chatarra. Si bien el Estado
está detrás de algunos de esos procesos, también se han registrado robos de
equipos para venderlos con ganancias, según fiscales.
La chatarra que se exporta surge del desmantelamiento de
equipos en desuso de la estatal PDVSA y otras empresas públicas, de obras de
construcción paralizadas y de vieja maquinaria privada, dijeron unas 15 fuentes
entre empresarios de varios sectores, transportistas, trabajadores y
funcionarios.
El desmantelamiento y comercio de la chatarra no ha sido
precisado por las autoridades. Los ministerios de Comunicación y de Producción
no respondieron a solicitudes de comentarios.
Desde los puertos venezolanos se exporta la chatarra hacia
países como India, Taiwán, Tailandia, Turquía, China, Ecuador, Bélgica y
Holanda, de acuerdo con registros portuarios.
La chatarra que llega a los puertos es recibida por una
corporación estatal, que en 2019 llegó a vender material hacia Turquía y China.
Ese ente firma con empresas privadas contratos o “alianzas” para exportar,
según un documento y dos fuentes, para sortear las medidas de Washington que no
prohíben a compañías venezolanas comercializar en el extranjero.
Las empresas pagan la chatarra a la corporación estatal con
divisas en efectivo, y después de la cancelación se hacen las gestiones para la
exportación del material, agregaron otros dos de las fuentes consultadas. La Corporación Ezequiel Zamora,
encargada del manejo de la chatarra, no respondió a una petición de
comentarios.
En 2021 se exportaron desde dos de los principales puertos
del país 45.500 toneladas de desperdicios de hierro, acero y cobre por un monto
de 55 millones de dólares, según cifras de Import Genius, una firma de asesoría
que recopila registros aduaneros de importación y exportación.
El volumen de material vendido en el exterior duplica lo
exportado desde esos dos mismos terminales en 2020.
Del resto de los puertos no hay cifras disponibles.
Bolivariana de Puertos (Bolipuertos) no respondió a solicitud de
comentarios.
Las ventas de chatarra “han aumentado considerablemente
durante los meses de mayor arraigo de la pandemia del COVID-19, cuando los
ingresos del Estado fueron escasos”, dijo la firma local Ecoanalítica en un
reporte.
En el mercado internacional la tonelada de chatarra,
dependiendo del tipo de material, ronda entre los 300 y 700 dólares la
tonelada. Mientras, los privados locales compran la chatarra a precios entre 80
y 120 dólares la tonelada, dijeron dos fuentes y dos transportistas.
En el norte de Monagas, una zona petrolera al este de la
nación OPEP, tanques y tuberías se están desmantelando, dijeron una fuente del
sector petrolero y dos trabajadores que han visto cómo esos materiales se
cortan en galpones. “Hoy en día no se está recuperando nada, todo es para
vender”, agregó una fuente.
Pero con el auge de comercio de chatarra también ocurren
delitos como robos de equipos en zonas petroleras y en empresas públicas, según
denuncias de cuerpos de seguridad y la fiscalía.
En marzo, el fiscal general, Tarek Saab, dijo en la
televisora estatal que han detenido a 326 personas por tráfico de “material
estratégico” desde la industria petrolera, la estatal eléctrica y las hidrológicas
e incautaron 373 toneladas de chatarra y otros productos de hierro y acero.
La estatal PDVSA no respondió a petición de comentarios,
tampoco el Ministerio de Petróleo.
Con el comercio de chatarra algunos transportistas que
laboraban para PDVSA o en el traslado de carbón en la frontera ahora
se dedican a movilizar desechos, porque ganan más en medio de la elevada
inflación. Por cada envío de chatarra a los puertos perciben unos 100 dólares,
y al mes pueden percibir 300 dólares, 10 veces el salario mínimo de
30 dólares.
“Todo el mundo está trabajando con chatarra. Antes no se veía
eso”, dijo Antonio Astudillo, un conductor de gandolas que solía cargar y
transportar alimentos desde Brasil a diversos estados de Venezuela, pero en
diciembre le encomendaron el traslado de chatarra a Guanta. “Se gana algo para
sobrevivir”.
REUTERS / Foto: EFE – Tomado de Forbes
