Modaira Rubio Marcano
Este año 2022,
la 94 edición de los Premios Oscar se convirtió en un espectáculo lamentable en
el que la audiencia, en su mayoría, legitimó el machismo y la violencia
estética como prácticas aceptables. Los protagonistas de esta polémica: la actriz
Jada Pinkett, su esposo Will Smith y el comediante Chris Rock.
Un comentario de Rock sobre el aspecto físico de Pinkett, que lejos de ser una broma se trató de body shaming (humillación corporal) o violencia estética, una de las agresiones de género más aceptada contra las mujeres, ocasionó que Smith reaccionara como el típico “macho alfa” , prototipo de la masculinidad tóxica, golpeando al hombre que “se burló de su mujer”.
La víctima de
todo este patético episodio fue Pinkett, doblemente
humillada por quien la avergonzó debido a su enfermedad y aspecto físico, y
además por su pareja que la trató como un objeto de su propiedad frente a
millones de espectadores. Luego, también fue revictimizada por los medios.
Todos los titulares de la prensa fueron para Smith y Rock, ella fue invisibilizada en unos casos y
en otros “recordada” por una pasada infidelidad que también fue un caso
público.
Lo más
preocupante fue la reacción de las masas. Cuando Smith subió al escenario y se
disculpó entre lágrimas por su comportamiento alegando que se trata de las
“locuras que el amor te hace cometer”, se convirtió en un “héroe” para much@s.
Y es que como
en la edad media, Smith nos quiso decir que “su mujer”, y en general las
mujeres, no están en capacidad de responder, tener voz propia y defenderse por
sí mismas, necesitan un hombre que las proteja ante su inferioridad. También
enalteció el patrón masculino que usa la violencia como vía para resolver
conflictos. De este modo, por una “locura de amor” golpeas a un hombre en una
gala mundial pero también puedes golpear y asesinar a tu pareja porque te
engañó o te mintió, por celos. Así es el amor, según Smith y quienes le
aplaudieron.
Por su parte Rock,
el segundo agredido, ya había sacado todo su arsenal machista durante su
intervención como presentador estelar de los premios de la academia. Antes se
había referido a la actriz española Penélope Cruz como “la mujer de Bardem”. Es
decir, en un matrimonio de dos destacados actores, Cruz y Javier Bardem, el que
cuenta es el hombre; ella, pese a su reconocida trayectoria histriónica, es
solo “la mujer de”.
Convertir este
lamentable capítulo de la historia del espectáculo en un hecho viral que lejos
de producir indignación generalizada causó la aceptación casi universal de la
violencia corporal, es una señal de alarma: es el triste reflejo de una
sociedad donde el machismo está cada vez más arraigado. Jada Pinkett solo
escribió en sus redes esta frase después del incidente: “Este es tiempo de curarse y estoy
dispuesta a ello”.
La crisis
capitalista sin precedentes que está viviendo la humanidad, nos lleva a un
mundo donde la ciudadanía prácticamente renuncia u olvida sus derechos para
convertirse en “público espectador”. Así la guerra en Ucrania es asimilada como
un show mediático donde es preciso tomar bando por los “buenos o los malos”,
sin importar lo que suceda con la población civil inocente, como si se tratara
de un videojuego.
Estamos en un
mundo donde se está haciendo normal la conculcación del derecho a un salario
justo, a condiciones dignas de trabajo, a la libre circulación, a la identidad,
a la libertad de expresión, a la existencia misma. Un mundo donde el estado democrático
se reduce y da paso a las autocracias, totalitarismos y la imposición del más
fuerte. Un mundo donde el patriarcado y la discriminación se extienden a sus
anchas.
Desde este espacio
rechazamos el ejercicio de la violencia hacia la mujer y el uso de la violencia
física como método para arreglar diferencias. ¡El machismo mata!
* IG:@modairarubio
E-mail:modairarubio@gmail.com
Comunicación
Política, Economía, Feminismos y DDHH
