1. A partir de 2022 debe comenzar un nuevo ciclo en
Venezuela. Lo que queda por hacer trasciende a la primitiva e inútil
confrontación política que ha destruido a la nación durante las últimas
décadas.
2. Todos, tirios y troyanos, rojos y azules, hemos echado a
la basura de la historia nacional más de 20 años, repitiendo los mismos
esquemas (todos fracasados) y creyendo que así vamos a obtener resultados
diferentes y mejores. Imposible una mayor locura.
3. Definitivamente, hay que asumir tres decisiones que pueden
cambiar todo en el país, aun cuando conlleve muchos riesgos: poner fin a la
camorra política, transformar los partidos políticos y reconstruir todo el
aparato productivo y de servicios en el país.
*Hay que detener la camorra política.
4. Tras 20 años de confrontación radical entre chavistas y
opositores, comprobamos seis claros resultados:
- Los tiempos de odios y venganzas (iniciados por Hugo
Chávez, sin duda) fueron tiempos perdidos
- El gobierno y la oposición están en su más bajo nivel
histórico de aceptación ciudadana
- Ambos han administrado muy mal los poderes que han
adquirido.
- Lo peor, ninguno logró alcanzar los objetivos programados:
el gobierno no hizo ninguna revolución y la oposición no ha logrado cambiar al
gobierno.
- En ambos grupos abundan los pillos y los dictadorzuelos.
- El país quedó destruido con esta confrontación miserable.
5. De manera que la primera decisión que debemos asumir los
venezolanos es poner fin a esa camorra política y propiciar con sabiduría y
convicción cristiana la reconciliación nacional. No hay más caminos. Se
acabaron las excusas.
6. Si ninguno de los dos bloques en pugna logró sus
objetivos, entonces es inmoral que continúen con su camorra inútil mientras
siguen destruyendo al país. Ambos deben una explicación seria a la nación.
Ambos fracasaron durante 23 años. Ambos están obligados a dar un viraje radical
en sus estrategias y deben explorar otra dimensión en su lucha por conquistar o
preservar el poder.
7. Los temas cruciales de la nación se resolverán únicamente
bajo el esquema de la reconciliación, el entendimiento mutuo, y bajo acuerdos ganar-ganar.
Jamás por la actual vía de la confrontación radical.
8. ¿Alguien, tanto en el gobierno como en la oposición, cree
que podrá resolver la reconstrucción de PDVSA y las empresas básicas de Guayana
sin definir el inmenso pasivo laboral que de manera irresponsable les
asignaron? ¿Quién será el guapo de la partida que le dirá a los trabajadores de
Guayana que hay que cerrar casi todas esas empresas porque ni siquiera son
privatizables?
9. ¿Cómo resolverá alguien el reto de la seguridad ciudadana sin
poner bajo la ley al rebelde e inmenso sector de motorizados? ¿Quién le pone el
cascabel al gato sin que encuentre detractores que salgan a protestar por
simple politiquería?
10. Pero a algunos opositores en particular hay que
preguntarles: Si llegaran al gobierno bajo la estrategia actual de
confrontación radical ¿cómo piensan resolver el mayúsculo caso de la FANB
“revolucionaria, socialista, y profundamente chavista”? ¿Cómo piensan depurar
los cuerpos policiales? ¿Cómo enfrentarán los cambios en el poder
judicial?
11. ¿En serio que los opositores resolverán solos estos
asuntos cruciales para el país sin el concurso del chavismo? ¿Y creen que
obtendrán el apoyo de los chavistas bajo los actuales esquemas de rechazo y
confrontación? Pues están perdiendo su tiempo. Por donde lo miren, temas como
estos requieren del más amplio consenso nacional. Quien diga lo contrario está
haciendo demagogia.
12. Una duda obligatoria ¿Qué debe pasar si uno de los
actores decide apostar a la reconciliación y el otro insiste en seguir en el
ring de combate? Pues, la respuesta es sencilla: el que quiera seguir en esta
infructuosa e inmoral pelea que lo haga solo, haciendo boxeo de sombra, además
del ridículo ante los venezolanos y el mundo entero. Los líderes verdaderos no
entregan el control ni ceden ante nadie en cuestión de principios.
13. Ese consenso nacional será el resultado de una firme
voluntad para entenderse. Sin cartas bajo la manga. Haciendo alarde de
transparencia. Construyendo confianza mutua. Apelando a los actores que generen
más confianza en ambas partes, por tanto los representantes del radicalismo
exterminador y vengativo están sobrando. O nos enfocamos en el objetivo, o
estamos perdidos. No hay más camino.