El Instituto Cervantes mantiene en suspenso su proyecto de
abrir una extensión en los campamentos. El castellano pervive gracias a la
labor de maestros cubanos
FRANCISCO CARRIÓN | CAMPAMENTOS SAHARAUIS (ENVIADO ESPECIAL)
El árabe hasaní guarda memoria de los tiempos en los que
el Sáhara
Occidental fue la provincia número 53 de España. Los saharauis del
destierro continúan hablando de “chaleco”, “cuchara”, “chaqueta”, “sábana”,
“tenedor”, “jarro” o “mesa”. Un ejercicio de preservación del castellano al que
no contribuye institucionalmente España, la potencia que seguirá siendo la
administradora del territorio ocupado por Marruecos hasta que se acometa un
proceso de descolonización.
Para muchos saharauis, el idioma español es la última herencia de un período que acabó traumáticamente, con una infamia perpetrada por el régimen de un caudillo agonizante y que, ya en la etapa democrática, perpetuaron todos los gobiernos, de signos dispares. “Son los cubanos los que están ayudando a preservar el castellano. Ni siquiera en esto los españoles están ayudando”, deslizan dirigentes del Frente Polisario desde los campamentos de refugiados saharauis.
Brigada de profesores cubanos
Una brigada de profesores llegados de La Habana, trasunto
de la red internacional de médicos, gestiona la escuela Simón Bolívar
en una de las wilayas (provincias) en las que están divididos
administrativamente los campamentos. “Nuestro papel es lograr que se consiga la
continuidad del idioma español”, admite a El Independiente Antonio
Tamayo, coordinador de las apodadas brigadas de profesores cubanos en el
desierto. La institución educativa dispone de dos niveles, secundario y pre
universitario, que prepara a los alumnos para continuar su carrera formativa en
Cuba.
El Simón Bolívar es, a falta de otras entidades
internacionales, el único apoyo recibido por la autoproclamada República Árabe
Saharaui Democrática para mantener viva la presencia del español. El
establecimiento de una sucursal del Instituto
Cervantes ha sido una reivindicación histórica nunca satisfecha
por el Gobierno español. El centro que preside el poeta Luis García Montero,
vinculado a Izquierda Unida, asegura a este diario que el proyecto es una de
las expansiones aprobadas.
Extensión del Cervantes
“La idea es abrir una extensión allí, que está autorizada,
pero hasta la fecha, con la
situación inestable de Argelia y la pandemia no ha sido posible”,
alega la institución, fundada en 1991 y presente actualmente en 45 países. En
diciembre de 2019 el consejo de administración aprobó “llevar a cabo acciones
encaminadas a la formación de profesores de español y la preparación de
material didáctico en Rabuni, el centro administrativo de los campamentos de
refugiados en Tinduf”, precisan las mismas fuentes consultadas por este diario.
En abril de 2019 el director del Cervantes de Argel y
personal de la embajada española en el país visitaron los campamentos y se
reunieron con “los principales actores de la enseñanza de español y visitaron
los centros donde se imparten las clases”. Ese encuentro se plasmó en un
compromiso que dos años después no se ha concretado aún. Fuentes del Polisario
indican que otras opciones manejadas por Madrid serían establecerse en el
Sáhara ocupado o en la ciudad argelina de Tinduf. “Ninguna de esas opciones es
aceptable”, agregan.
La suspensión del programa de acogida ha resultado fatal para
el nivel de español
La permanencia del castellano es un desafío para una
comunidad cada vez más desconectada de la península ibérica. Durante décadas
“Vacaciones en paz”, el programa de acogida estival de niños saharauis por
familias españolas, sirvió como un mecanismo de inmersión en el español. Allí
aprendió la lengua de Cervantes Mohamed Salem, un joven de 14 años que pasó
cuatro veranos en Madrid. “De Madrid echo de menos la piscina y otras muchas
cosas que aquí no hay”, explica Mohamed en el aula de un instituto de la wilaya de
Esmara.
Deterioro del aprendizaje del español
La pandemia y la suspensión aún vigente de la iniciativa de
acogida ha resultado fatal para el nivel de español de los estudiantes
saharauis. “Los que han viajado a España tienen un nivel muy bueno. Nuestro
temor es que esa suspensión se note”, comenta Jadiga Mohamed, una joven
profesora de español que quedó fascinada por el idioma durante sus estudios en
Castellón. Sus alumnos reciben tres horas de español a la semana.
“Estoy intentando
impartir todas las clases únicamente en español para que cojan las palabras y
mejoren su vocabulario”, explica la docente. Jadiga se queja del mismo abandono
español que alcanza a otros campos, desde la política a la educación.
“Necesitamos nuevos materiales en español y la visita de profesores nativos que
nos den cursos y vengan a las aulas”, detalla. Sin apoyos externos, su
preservación es un milagro en un entorno dominado por el francés.
Aunque precariamente, el español sigue escuchándose en unos
asentamientos establecidos hace 46 años en los que las casas han ido
sustituyendo a las jaimas primigenias, símbolo de la mudanza de una existencia
cada vez menos temporal. Las nuevas generaciones mantienen el idioma
aunque en algunos campamentos el inglés se ha abierto paso con fuerza. El
castellano es el idioma cooficial de la RASD, reconocida por 84 estados, según
cifras del Polisario. Es una lengua que, aunque no está amparada en la
constitución, sí se halla reconocida de facto en la rutina administrativa. Es
empleada también en los medios de comunicación locales y en el ámbito de la
salud.
El origen de su uso, en el siglo XV
Según el Cervantes, la presencia del español en los
territorios saharauis se remonta a los acuerdos firmados en el siglo XV por los
Reyes Católicos y las tribus de la zona. La colonización definitiva a finales
del siglo XIX consolidó su avance. En 1970 el censo redactado por las
autoridades españolas reconocía como hablantes de española a 16.648 sobre una
población de 76.425. El castellano se había propagado en las grandes ciudades y
resultaba más residual entre los grupos nómadas y el entorno rural.
Su presencia sigue gozando de cierta salud pese a los
avatares políticos
Su presencia sigue gozando de cierta salud a pesar de los
avatares políticos y bélicos del último medio siglo. Según el anuario del
español en el mundo elaborado por el Cervantes, unas 175.000 personas tienen en
territorio argelino una competencia nativa del español. Una realidad que el
informe atribuye, en su mayoría, a los refugiados saharauis que residen en
Tinduf. Los altos cargos de la RASD suelen hablarlo con fluidez y el español
está presente también en el terreno de la cooperación.
El español asoma en los rótulos de los negocios desperdigados
por la árida geografía de los campos y en la red de clínicas y dispensarios
médicos. “Los campamentos son un ejemplo de ‘bilingüismo social’: se utiliza el
árabe y el español en ámbitos y para funciones sociales diferentes”, señala
Pilar Cancela, profesora de didáctica de la lengua en la universidad de Murcia
en un estudio publicado por el Cervantes. Bendecido por el mismo voluntarismo
que hace posible la vida en los campamentos, el español sobrevive. “Es nuestra
segunda lengua y parte de nuestra historia. A la mayoría de los niños les gusta
y la aprenden rápido”, murmura la profesora Jadiga.
El Independiente / España