Perú Libre se pasó a la oposición
Sus dirigentes dicen sentirse desplazados luego del reciente
cambio de ministros y acusan al presidente de “derechizarse”. Sin embargo los
nombramientos no condicen necesariamente con esa definición. La nueva primera
ministra tiene una larga trayectoria en la izquierda y en la defensa de
los derechos humanos y de las mujeres.
Ruptura en el gobierno de Pedro Castillo. Menos
de tres meses después que el profesor rural y dirigente sindical de izquierda
asumiera la presidencia, el partido que lo llevó al poder, Perú Libre (PL), le
ha quitado su respaldo. Sus principales dirigentes dicen sentirse desplazados
del gobierno luego del reciente cambio de ministros y acusan al presidente de
“derechizarse”, afirmación que no refleja la composición progresista del nuevo
gabinete ministerial. Esto ocurre cuando Castillo es acosado por una derecha
golpista que desde el Congreso opositor busca destituirlo. Esta ruptura
ha sido promovida por el secretario general de PL, partido que se define como
marxista-leninista, Vladimir Cerrón, que con los cambios ministeriales ha
perdido la importante influencia que tenía en el Ejecutivo. La derecha celebra
la división en el oficialismo.
En Cerrón
El quiebre entre Castillo y PL se ha dado luego que el
presidente decidió cambiar el gabinete ministerial que encabezaba el
congresista y dirigente de PL Guido Bellido, muy cercano a Cerrón.
Bellido intentó imponer una línea partidaria definida por Cerrón que en no
pocas ocasiones colisionó públicamente con el presidente, quitándole autoridad,
y con otros ministros, y desarrolló una permanente confrontación, con la oposición
que controla el Congreso pero también con otros miembros del gobierno. La
extrema derecha encabezada por el fujimorismo supo explotar eso para atacar la
presidencia de Castillo y armar una coalición golpista. En ese escenario,
Castillo decidió reemplazar a Bellido por una exlegisladora de izquierda que no
milita en PL, Mirtha Vásquez, quien ha sido presidenta del Congreso
y tiene un estilo dialogante que la diferencia notoriamente de Bellido.
El cambio ha sido aplaudido por sectores de la izquierda y la derecha, pero
gatilló la furia de Cerrón y su dirigencia partidaria.
El nuevo gabinete deberá pedir el voto de confianza al
Congreso, donde el gobierno es minoría y ahora se debilita más con esta
ruptura. Sin embargo, no toda la bancada oficialista -37 legisladores sobre un
total de 130 en el Parlamento unicameral- apoya la decisión de la dirigencia
partidaria de romper con el gobierno y negarle el voto de confianza al
gabinete. Todavía no se tiene claro la magnitud de la ruptura encabezada por
Cerrón. La extrema derecha -que suma 43 votos- sigue
en sus posturas golpistas, pero la derecha más moderada ha abierto la
puerta para darle el voto de confianza al nuevo gabinete, aunque todavía no
anuncia una decisión.
Un giro ¿al centroderechismo?
En un comunicado, PL ha anunciado que no le dará el voto de
confianza al nuevo gabinete por representar “un giro político hacia el
centroderechismo”. Sin embargo, la primera ministra Mirtha Vásquez está lejos
de expresar esa supuesta derechización. Vásquez tiene una larga
trayectoria en la izquierda, activista en la defensa de los derechos humanos y
de las mujeres, feminista y ambientalista, ha sido abogada de campesinos
enfrentados al abuso de poderosas transnacionales mineras. La dirigencia de
PL ha amenazado con expulsar del partido a la vicepresidenta Dina
Boluarte, ministra de Desarrollo e Inclusión Social, y a la legisladora Betsy
Chávez, titular de Trabajo, las dos militantes de PL en el gabinete,
por integrar el equipo ministerial al que Cerrón ha decidido declararle la
guerra. Boluarte y Chávez expresan una línea partidaria crítica con Cerrón.
El nuevo gabinete que Cerrón llama de derecha ha reanudado
las relaciones diplomáticas con Venezuela, rotas desde el gobierno de la
derecha empresarial de Pedro Pablo Kuczynski (2016 – 2018),
activo promotor del fracasado Grupo de Lima. Esta decisión ha molestado a la
derecha y a los grandes medios, que promueven un estado de guerra permanente
contra el régimen de Nicolás Maduro y presionan al gobierno en esa dirección.
El nuevo gabinete ha marcado posición en el tema, lejos de la derecha
Los resultados de la ruptura
“La ruptura de Cerrón con el gobierno es un error, exagera
cuando habla de derechización del gobierno. Esta decisión no se explica
solamente por la ambición de Cerrón por tener poder, como dice la derecha. Hay
una serie de factores. Cerrón es una persona con un pensamiento radical, un
marxista-leninista ortodoxo y dogmático, detrás de esta ruptura hay una
ideología radical que tiende al sectarismo. La postura de Cerrón y PL también
expresa la bronca de las provincias contra Lima. Una posibilidad es que con
esta ruptura Cerrón quede aislado, pero la otra es que se fortalezca en
provincias”, le señaló a Página/12 el sociólogo Alberto
Adrianzén.
Sobre las consecuencias de esta ruptura en el gobierno,
Adrianzén señala: “De un lado Castillo se debilita perdiendo votos de PL en el
Congreso, pero al mismo tiempo el cambio de gabinete es positivo para
el gobierno y abre un espacio para la posibilidad de bajar tensiones y aminorar
la polarización, y para modificar la relación con un sector de la
oposición, el de la derecha más moderada y buscar nuevos aires. Es difícil
decir ahora si con esto Castillo gana o pierde más”.
Tomado de Página 12 / Argentina