Por Manuel Casique Herrera
1. El problema central es que en Venezuela no hay Estado de derecho alguno. Denunciar el atropello como si fuera una especie de persecución orquestada al "chavismo crítico" o figurarlo como una arbitrariedad aislada es demostrar lo poco se entiende el momento por el que transita Venezuela, ni cuáles son las características del gobierno, ni cuáles son las necesidades mínimas por las que debe luchar la clase obrera. El PSUV y los militares son la única fuerza beligerante de la política venezolana y como tal negocian con quién les asegure continuar en esa posición. Obviamente eso implica negociar con las fuerzas importantes de la oposición y dejar a un lado a las minorías políticas que no traen nada a la mesa.
2. Samán no es un buen candidato. Es un histórico militante
del PSUV cuyo paso por diversas instituciones no dejó nada que valga la pena
emular. Además, su línea política reproduce discursos y narrativas
profundamente reaccionarios, discursos que en otras latitudes son reproducidos
por los partidos más de derechas. Como buen representante del chavismo, ve
conspiraciones en todas partes y defiende la producción local de pequeña escala
y el avance de las pseudociencias. Cualquier sujeto que pretenda identificarse
políticamente con un proyecto relativamente progresivo para la clase obrera
venezolana debería alejarse de esos factores políticos. Sin embargo, las
izquierdas mainstream del panorama venezolano parecieran alinearse detrás de
esas posturas porque según ellos son más progresivas que lo demás. En primer
lugar eso no es cierto; en segundo, ser más progresivo que el chavismo no es
una hazaña; en tercero, esta gente no es más progresiva que el chavismo, por el
contrario son sencillamente el chavismo más fantasioso y utópico.
3. La propuesta política de que Samán va a indexar los
salarios en Caracas es absolutamente demagógica. Se basa en los pobres
argumentos que los guerreros económicos vienen lanzando para justificar la
vuelta de las políticas de emisión monetaria y de sobrevaluación cambiaria.
Romantizan políticas públicas regresivas que correspondieron al mayor auge de
la renta petrolera en la historia del país y que fueron la forma concreta de
sostener el conjunto de capitales chatarras que se reproducen en Venezuela.
Incluso en el muy remoto caso, absolutamente improbable, de que ganaran y
pudieran de alguna manera promover la implementación local de tal cosa, no hay
forma de que se mantenga en el tiempo. La economía venezolana sigue en
contracción e hiperinflación (aunque estas se hayan ralentizado). Hay
estimaciones que dicen que las remesas hoy son 5 veces el ingreso por ventas
petroleras. ¿De dónde exactamente puede surgir la masa de valor necesaria para
indexar y sostener la indexación en el tiempo? ¿Una reforma impositiva? ¿Cuál?
¿A quiénes? ¿Los bodegones, el Sambil y las panaderías? En Venezuela los
sindicatos son perseguidos y los que hay están tomados por cuadros del
gobierno, tampoco hay federaciones reales y la persecución a los que luchan por
mejoras para la clase obrera es masiva y cruenta. Estos tipos creen que subir
salarios es una maniobra burocrática sumada a la buena voluntad política.
4. Samán debería poder participar en las elecciones como
candidato, es su derecho político y ese derecho político hay que defenderlo.
Pero de allí a figurarlo como una víctima y martirizarlo como si todo esto
fuera simplemente una afrenta personal contra él es una prueba más del enorme infantilismo
de las izquierdas "progresistas" venezolanas, que todavía juran que
el mito fundador que construyeron sobre la "revolución bolivariana"
es la génesis del mundo y están buscando en estas acciones contra sus cuadros
la evidencia del pecado original. Ellos son feligreses, el chavismo es su
religión y esa religión su aldea.
