Brujo es
aquella persona que tiene la capacidad espiritual y cognitiva de ver una
realidad que otros (por más que la miren) no la ven. El brujo mira, ve,
interactúa e intenta comunicar dicha realidad. En ese sentido, incluso anuncia
y puede prevenir sucesos futurísticos.
En Los Andes
del Perú, a finales del siglo XIX, durante la Guerra entre Perú y Chile, las
tropas chilenas hablaban de un brujo: «Andrés Avelino Cáceres, el brujo de
Los Andes». Este militar peruano, según historias coloquiales, poseía una
capacidad cognitiva de prever las estrategias y tácticas militares chilenas
antes que ocurriesen, y así venció al enemigo, en el campo de batalla, en
varias ocasiones. Incluso sus enemigos le atribuían la capacidad de bilocación
(estar en varios lugares al mismo tiempo)
Vladimir Cerrón, ¿el brujo de Los Andes?
A dos siglos
de la República peruana, en Los Andes del Centro del Perú, aparece un sujeto
sociopolítico, que inicialmente fue asumido como «filántropo de Los Andes», por
la prensa corporativa peruana. Se trata del médico cirujano Vladimir
Cerrón, fundador y Secretario General del partido político Perú Libre, de
tendencia de izquierda nacionalista, actualmente partido en función de
gobierno.
En la medida
que la admiración y simpatía social se aglomeraba alrededor de la fuerza
organizativa y narrativa política post neoliberal de Cerrón y Perú Libre, la
prensa corporativa peruana fue convirtiendo a Cerrón de ser el «filántropo» en
el mismísimo demonio comunista de Los Andes.
La
multimillonaria guerra mediática contra Cerrón y contra el Perú Libre, lejos de
convertirlos en los «enemigos internos» del Perú, los convirtió en la histórica
e inédita primera fuerza política del país, hasta convertirlo en el partido
político ganador (sin dinero, pero sí con ideas) en las recientes elecciones
generales del bicentenario del Perú. Así, Pedro Castillo llegó a ser el primer
Presidente Campesino del Perú de muchas sangres.
Ante esta
inexplicable capacidad política comunicacional de Cerrón y de su comando
político, la humillada y adolorida oligarquía peruana inventó el mito de «Vladimir
Cerrón el brujo de Los Andes» quien irremediablemente condenaría al Perú,
con sus maléficas intenciones, al comunismo. En consecuencia, la consigna
oligárquica fue y es: «matar políticamente a Cerron». Le aplicaron muerte
política con las estrategias judiciales, pero Cerrón no murió.
Así fue cómo,
en el Perú bicentenario, incluso en núcleos de clases medias letradas, anidó y
anida la superstición de: «Cerrón es un brujo. Debemos alejarlo del actual
Gobierno peruano. Nos va a llevar al pandemonio del comunismo». Y Vladimir
Cerrón, con su silencio largo, y casi estoico, abonó a que la atmósfera
supersticiosa casi sobrenatural se infundiese e irradiase.
Pero, el
domingo último, por la noche, en una televisora peruana de señal abierta
Vladimir «rompió el hechizo» y habló… Y efectivamente es un Brujo, no
únicamente de Los Andes del Perú, sino de toda Abya Yala. No sólo porque
humilló y derrotó intelectualmente a su «entrevistador, apologeta del
neoliberalismo», sino porque tiene la capacidad de ver y prever las dolorosas
desgracias que el sistema neoliberal están ocasionando en el Perú y en Abya
Yala.
Después de
escuchar los planteamientos y argumentos de Vladimir Cerrón, más allá que
estemos o no de acuerdo con esas ideas, lo que queda claro es que la oligarquía
lo demoniza porque el Brujo tiene las ideas claras y distintas, y las sabe
comunicar con una tranquilidad casi estoica.
Texto tomado
de CatalunyaPress / España