El Poder de la Palabra, programa que conduce Fernando Vilar, entrevistó en su chacra* al expresidente José Mujica. El programa fue emitido por Tele R. - Uruguay.
Mujica habló, en profundidad, sobre
su vida, de su infancia en un hogar humilde, su relación con su madre, el
estudio, y de sus inicios en la vida política junto a Enrique Erro, dentro del
Partido Nacional. Su opción por el MLN y la lucha armada, en un momento
especialmente convulsionado en la región y el mundo, la cárcel, su vida
parlamentaria y los cinco años como presidente. Y la actualidad, en un retiro
activo, tras haber renunciado al Senado, como consecuencia de la pandemia. A
continuación, la entrevista completa.
¿Cómo es un día suyo?
Desde que estalló esta pandemia he
salido cuatro o cinco veces, una cuando falleció mi compañero Tabaré Vázquez,
otra fui a comer con un veterano allá por Maldonado, Enrique Iglesias, un
hombre que respeto mucho porque ayudó a todos los gobiernos, y dos veces que me
fui a vacunar.
¿Se levanta muy temprano?
Sí, entre las 5:00 y las 6:00 más o
menos.
¿Sigue trabajando la tierra?
Un poquito, hacemos lo que podemos.
¿Qué se cosecha en esta época del año?
Hasta hace poco hemos estado
juntando boniatos, un poco de semillas de girasol, alfalfa y renegando con unas
gallinas.
¿Cómo le gusta hacer los boniatos, en dulce, a las brasas?
Sacamos tantos que hemos exportado
cantidad.
¿Qué recuerda de su infancia?
Yo vivía cerca de acá, en Paso de
la Arena, pegado a la escuela, una escuela muy vieja.
Era un barrio en que morían las
chacras y venían los solares, la época de los trabajadores de gorra de vasco,
de fuertes madrugadas, los trabajadores del Frigorífico Nacional, de la carne,
en Tomkinson y Simón Martínez, que se llamaba en aquella época, después fue
Luis Batlle Berres.
Había ocho o diez jardineras todas
las madrugadas, cargadas de alfalfa porque todavía había en Montevideo caballos
para repartir y la alfalfa iba de acá, los alfalferos paraban ahí, tomaban un
café. Había un señor gordo, mostrador de estaño, todavía está ese café, se
mantuvo como reliquia. Me crié en ese barrio donde las vereditas eran de
tierra, donde los gurises jugábamos al parcito y a la bolita, había temporadas
de trompo y de balero y por supuesto mucho fútbol con pelota de trapo y cuando
conseguíamos una de goma…
¿Le gustaba ir a la escuela o iba a regañadientes?
Vivía pegado a la escuela, en 6
años tuve dos faltas o tres. Una cuando murió mi padre. No fallaba nunca en la
escuela.
¿Era buen alumno?
Más o menos. Era el tiempo que las
maestras nos ponían en vereda y nada de decirle a la vieja porque si no era el
doble. Curiosamente, había hasta gurises grandes, de 13,14 años, con un respeto
muy fuerte.
¿Y en el liceo?
Iba al viejo Bauzá, mi generación
puso la piedra fundamental de lo que fue el nuevo Bauzá.
¿Ya en el liceo se hablaba de política?
Sí. Yo militaba en una agrupación,
Reforma Universitaria, medio libertaria que tuvo mucho que ver con algunas
reformas estudiantiles que hubo, ya mucho más fuerte en preparatorio.
¿Por qué esa proximidad con el Partido Nacional?
Eso vino después, porque conocí a
Erro.
Que era blanco
Que era blanco y mi madre era
blanca, una señora de carácter, bastante imperativa.
Por eso no le contaba cuando hacía travesuras en la escuela.
No, era chapada a la antigua. Tuvo
que lidiar con una familia, mi padre se fue de la vida cuando yo tenía 8 años,
no fue sencillo para ella. Eran tiempos donde el boleto costaba un vintén, y
hubo un plebiscito para subirlo, un plebiscito porque se subió un medio.
Dicen que valía lo mismo un boleto que un diario.
Sí, era común, el diario se
compraba de mañana y de noche, era el medio de comunicación por excelencia.
Tengo en el fondo de mi memoria la noche en que mi padre, yo tendría 6 años,
apareció con una radio, una Edison, de madera, cuadrada, de lámpara, en la que
escuché el campeonato del mundo del 50.
¿Cómo conoció a Erro?
Mi madre era simpatizante política
de una agrupación acaudillada por Arrillaga Safón, que era medio primo lejano
de mi padre. En esa agrupación, Erro había sido por primera vez electo
diputado, después se va a separar y mi vieja lo acompaña.
Mi vieja atendía un comité en el
barrio y yo lo conocí a Erro ahí. Me impresionó porque era políticamente
hablando, diría un nombre de mentalidad progresista, un luchador por los
derechos sociales de la gente, muy cercano a la gente, con una conducta de
fierro, intachable.
Vivía en La Paz, venía en ómnibus.
No cuajaba mucho con el estereotipo del político tradicional, a pesar de que en
el barrio habíamos tenido uno que yo conocí, Luis Batlle, lo recuerdo bien
manejando su auto solo, saliendo de su casa que hizo en Camino de las Tropas,
salía con el perro, iba a ver el lugar donde estaban haciendo el estadio de
Cerro.
Mi madre me contaba que siendo
diputado Luis Batlle vivía frente a la comisaría 23, venía en ómnibus. Son
reliquias de un tiempo que se fue. Siempre había un fuerte republicanismo,
recuerdo que don Tomás Berreta en su última campaña electoral, antes de ser
presidente, vino a una comida en el Paso de la Arena, en una fábrica que había
de hacer dulces y mi madre me llevó y lo saludó y eso que era colorado, y mi
madre era blanca; había un fuerte republicanismo en el Uruguay hasta Pacheco,
ahí entramos en otra etapa.
En esa etapa tranquila, ¿cómo le van ganando las ganas de
participar activamente de la vida política del país?
Yo no sabía, pero seguramente que
era una inclinación natural porque me gustaba mucho historia y tuve una
temporada larga, los libros costaban muy caros para la gente pobre y yo
sinceramente pertenecía a una familia muy humilde. En aquel tiempo todo era muy
difícil. Mi padre falleció y a los 15 años empezó a cobrar mi madre una
pensioncita, porque hacer un trámite era cosa muy seria. A veces para tomar el
ómnibus le tenía que pedir un medio al panadero y a la vuelta se lo devolvía.
Yo llevaba un paquete que lo entregaba y me daban 2 pesos.
Hay un antes y un después de cuando se vincula al MLN, ¿fue
difícil convencerlo?
No. Mi generación perteneció a un
país que le llamaban la Suiza de América, hoy sabemos, nuestro per cápita más o
menos peleaba con el de Bélgica, con el de Francia de aquella época, eso
aconteció hasta la guerra de Corea y después de súbito hicimos así (dirige la
mano en una pendiente hacia abajo) no lo podíamos saber, esto es con el diario
no del lunes, es con el del recontra lunes.
Los términos de intercambio
desmoronaron al país, políticamente repercutió en un cataclismo cómo este. El
Partido Colorado que había gobernado 90 años y al pisar el año 50 ganó el
gobierno nacional y todas las intendencias, las pintó de colorado, 4 años
después perdió todo, le quedó la Intendencia de Artigas y ganó el Partido
Nacional, ¿y fue tan malo el Partido Colorado en ese período? No, fueron
terribles los términos de intercambio, cada vez vendíamos más barato y
comprábamos más caro porque el mundo había cambiado.
Cuando Europa se entra a reponer se
cierra, pone una caterva de aranceles, etcétera, estoy hablando de la Europa de
la posguerra, de la Europa del plan Marshall y de todas las consecuencias.
Pasaba eso porque de un lado estaba la Unión soviética, el «peligro rojo», y
por el otro lado estaba el desafío americano, es la época en que en Europa
florece el estado de bienestar donde la política fiscal es fuertísima y la
inversión social es muy fuerte y hay un brutal proteccionismo hacia afuera.
Yo creo que el imperio inglés, que
era el que cortaba el bacalao, no es que nos trabajara gratis, no, pero nos
trató con más estabilidad de lo que vino después, lo que vino después cambió
abruptamente y aprendí una cosa, cuando uno en la sociedad está relativamente bien
y cae sufre más que una sociedad que está mal. Esa crisis que se llevó al
Partido Colorado del gobierno acá, es la misma que se llevó a Perón de
Argentina, una crisis de precios que afectó y pegó a toda la región.
Naturalmente que las crisis
económicas desatan crisis sociales y crisis políticas como consecuencia y en
aquella época, dos bloques, tácitamente la política de Estados Unidos para la
región se resolvía, cuando a un país no le gustaba, con golpe de Estado,
pululaban los golpes de Estado.
Recordemos que Uruguay no tiene un
Guantánamo gracias a la lucha del doctor Herrera y su gente, porque si no
hubiéramos tenido en Punta del Este, en Rocha, una base militar que la
quisieron poner para controlar a la Argentina. Recordemos que el canciller
uruguayo Rodríguez Larreta, en la década del 40, canciller de Amézaga, pidió la
intervención de la Argentina, la intervención militar a la salida de la guerra
y que solamente lo apoyó Guatemala y Estados Unidos, el resto de América le
dijeron de todo.
Hay que conocer la historia
nacional para entender ciertas cosas. De ese crisol y de esa crisis van a
surgir varias cosas y el modelo era el golpe de Estado y en muchos lados se
empezó a pensar que el golpe de Estado, como consecuencia de la crisis, era una
cosa que iba a venir. Acá se llevaron a los oficiales y los educaban en las
escuelas de las Américas, etcétera, y eso pasaba por toda América, lo
contemplábamos, tanto es así que cuando recién se construye la central de
trabajadores, la CNT, se educaba a los trabajadores que al golpe de Estado se
le contestaba con la huelga general, eso que va a pasar muchos años después es
una vieja prédica.
Dentro de las organizaciones
políticas, diríamos más o menos progresistas, también pululaba la idea «sí pero
con una huelga general no se para una maquinaria militar» «hay que tratar de
transformar una huelga general en una huelga insurreccional». Para eso había
que construir un aparato armado. Muy lindo teóricamente, pero cuando usted se
pone a construir un aparato armado clandestinamente es bravo y empieza el
camino hasta de «los accidentes»; esa es la historia.
¿Sabe quién fue el adversario más
grande que tenía para la fundación de eso? El Bebe Sendic, él quería que fuera
una cosa de todas las fuerzas progresistas y decía, si fundamos una cosa
enseguida fundamos el anti, pero nuestra historia arranca con un fracaso, somos
hijos de un fracaso. Hay una huelga general, una marcha de los cañeros, están
un tiempo, quedan pelados, no tienen un mango, van a hacer un asalto, caen a un
banco y los van a remitir para Artigas y un grupo de gente de los que estaban
preparando eso, que van a dar origen al MLN, deciden rescatarlos en el viaje.
Para hacer eso había que preparar
una cosa complicadísima, porque los llevaban en el tren, pero la operación no
se pudo hacer porque el que tenía que pasar el dato cuando los llevaron, no lo
hizo. Hasta esa época, se tenían dos disciplinas, se era militante de alguna de
las fuerzas progresistas o sociales y clandestinamente se estaba preparando un
aparato para lo otro, y ahí se llega a la conclusión, no se puede tener dos
disciplinas, porque la falla de la información fue por eso.
En medio de todo eso, en la cabeza, en el pensamiento de los
jóvenes de la época, ¿dónde quedaba el republicanismo?
Estábamos muy influidos en el campo
de las ideas, por la idea de que, desgraciadamente, la democracia liberal es
hermosa desde el punto de vista de derecho y es superior, pero desde el punto
de vista práctico estaba dominado por los sectores más pudientes de la economía
de la sociedad. Nuestra contradicción es el viejo grito jacobino, no alcanza
con la igualdad de derecho que es teórica, queremos la igualdad, decían los
jacobinos, bajo el techo de la casa donde vivimos, esa contradicción existe
hasta hoy.
Cuando hablamos de igualdad, no se
trata de igualdad de que ganemos lo mismo, no, se trata de igualdad en el
derecho de partida en el inicio de vida que es otra historia, el derecho de
oportunidad. Esa discusión nos llevó a la concesión de que si se daba esa
circunstancia de vida había que aprovecharla para transformarla en una huelga
insurreccional y tratar de ayudar a la creación de un estado popular. Los
hombres van tras las ideas como la carreta detrás de los bueyes.
¿Qué decía su mamá?
Mi mamá me dijo; el socialismo es
imposible porque el hombre es malo, el hombre es egoísta, el hombre es ruin,
ustedes sueñan. Esa era la concepción de la vieja.
¿Algún día lo quiso convencer de que dejara eso?
Sí, pero yo tenía el mismo carácter
que ella, se lo agradezco a ella, si no, no hubiese aguantado lo que banqué.
¿Se arrepiente de alguna de esas cosas?
Sí. Nosotros queríamos crear un
aparato para servir y cuando quisimos acordar el aparato era más grande que
nosotros y era indisimulable y cometimos desde el punto de vista militar el
error que se llama de saturación, no se puede tener una organización de 500
contactos clandestinos por día. Teníamos que haber cambiado de estrategia y
habernos transformado en un movimiento de masas legal, tal vez.
¿Qué falló ahí, la base o la cabeza?
Falló la cabeza porque tal vez
fuimos prisioneros del éxito, al principio había bruto éxito, aquello crecía y
crecía.
Ahí ni siquiera pensaba que algún día podía ser presidente de
un país.
No, no se me pasaba por la cabeza.
De todas esas vicisitudes, incluso de la cárcel posterior,
¿se rescatan cosas buenas, cosas que a uno le hagan crecer?
Yo aprendí mucho más del dolor que
de la bonanza. Conocí a la humanidad con sus claros y sus sombras. Conocí a
algunos soldados, pocos, humildes, simples, del pueblo, que eran capaces de
compartir una manzana o traer en una noche de Navidad una grapa para tomar,
sabiendo que se estaban jugando el pescuezo, y conocí a algunos oficiales que
no servían ni para perro, por eso los claroscuros que están mezclados.
Conocí cosas, el Uruguay de todas
maneras hay una cultura subliminal que nos ató a nosotros y también a ellos. El
Uruguay no fue la Argentina, no fue Centroamérica porque por nuestras
tradiciones, la vida humana vale mucho, eso también los ataba a ellos.
Aprendí una cosa, el odio no
construye, el odio es ciego, es como el amor que es ciego, pero la diferencia
que tiene el amor es que es creador y el odio destruye, destruye para afuera y
destruye para adentro. Estuve siete años sin leer un libro, no me dejaban,
aislado totalmente y me tuve que defender reculando en mis años jóvenes que
había leído mucho, estaba peleando para no volverme loco.
¿Es difícil?
Sí, pero ahí rumié muchas cosas en
mi modo de ser.
¿Lloró alguna vez?
Sí, seguramente que sí, de tristeza
y de alegría.
¿De alegría?
Me tenían atado con alambre, con
las manos atrás, meses en el cuartel de Minas. Cuando estaba cayendo Saigón y
lo estaban pasando por televisión o algo de eso, y era tan fuerte que los
milicos conversaban, ahí me enteré de que estaba cayendo Saigón, me emocioné
enormemente, había perdido la pista de lo que era la guerra de Vietnam.
¿Es verdad que después de todo el proceso hubo una especie de
acuerdo entre militares e integrantes del MLN?
No, nunca hubo eso. Lo que hay es
que, nosotros por una década y pico viviendo adentro de un cartel entendimos y
conocimos la psicología militar, la razón de la sinrazón.
La educación en la formación
militar está hecha en la hipótesis del encuentro bélico y para que los hombres
funcionen como un cuerpo tienen que estar sometidos a una disciplina
automática, el orden cerrado, desde el punto de vista de la naturaleza y de las
relaciones humanas es un disparate, sí, pero la humanidad tiene experiencia de
guerra milenaria para que cada cual no ande para un lado y eso responda como un
cuerpo, hay una formación que desde el punto de vista civil parece disparatado,
pero es una exigencia técnica de lo que es la guerra, eso le pasa todos los
ejércitos del mundo.
Nosotros entendimos lo que era la
psicología militar, cosa que es imposible de entender para la gente que no haya
vivido eso, porque parece de locos. Además los propios dichos, las cosas se
pueden hacer bien, mal y a lo milico. El término milico no lo uso
peyorativamente, estoy usando el lenguaje de ellos mismos.
¿Cuál fue el peor momento de su vida?
La muerte de mi madre.
¿Y el mejor?
Es probable que el encuentro con
Lucía después de tantos años.
¿Qué es Lucía para usted?
Es la cara femenina de esta
historia. Los hombres somos dependientes, siempre andamos buscando una madre,
nos demos cuenta o no, eso funciona. Nosotros somos una pareja que tiene 30 y
pico de años y somos dos ancianos, yo particularmente, ella todavía es una
piba.
¿Qué dejó en la cabeza de José Mujica el gobierno de 5 años?
Con lo que implica ser Presidente de un país, un montón que lo adora, un montón
que lo odia, problemas todos los días para resolver.
En primer término, nadie es más que
nadie y un presidente es alguien a quien elegimos con tiempo y habría que
conservar el sentido republicano de la vida, de que nadie es más que nadie. No
estoy de acuerdo con todas las ínfulas que significa la presidencia, crea una
distancia inútil con la gente, resabios feudales. No será lo más importante.
Pero es en el mundo así.
Desgraciadamente sí. Después un
convencimiento de que el país tiene que luchar por entrar al círculo de los
países desarrollados con el desafío que tiene, pero será imposible y no será si
no priorizamos el desarrollo del interior porque lo que viene es un cambio
fenomenal, no es más de lo mismo, es una cosa distinta.
¿Fenomenal para bien o fenomenal para mal?
Para las dos cosas. Si en los
próximos 30 años más de la mitad de la gente joven no tiene calificación
terciaria, la quedamos. Hay que hacer un esfuerzo de colocar en la cabeza de
los muchachos una fortuna. Saber, conocimiento, educación y formación
tecnológica y cultural.
¿Se acuerda cuando en el Parlamento usted repitió educación,
educación, educación?
Sí y pude fundar la UTEC, pero no
era mi sueño.
¿Es verdad que un presidente no hace todo lo que quiere?
No, la UTEC me salió como premio
consuelo y no le echo la culpa a la oposición, fueron contradicciones nuestras.
Yo quería que la UTU, los centros regionales fueran el esqueleto de respectivas
universidades locales, pegadas a los departamentos a donde estaban y con
bastante autonomía.
¿No pudo?
No pude.
La silla del rey de España
Estuvo sentado acá afuera en uno de los sillones el rey de
España. ¿Está de acuerdo que haya reyes en los países?
No, pero los pueblos tienen el
derecho mínimo de autodeterminarse, una cosa es opinar, otra cosa es meterse.
Me doy cuenta que el pueblo inglés se representa con un monarca y ni le cuento
el pueblo japonés, es como un reencuentro con su historia, eso tiene cuestión
de pacto subjetivo.
Desaparecidos
¿Le duele, le molesta cuando las organizaciones de madres y
familiares de detenidos desaparecidos dicen que el gobierno del Frente Amplio
no hizo nada por ellos?
Cada cual ve la realidad de donde
está.
¿Es cierto aquello que dijo un día de que esta grieta que hay
entre militares, exintegrantes del MLN, desaparecidos, torturas, va a
desaparecer cuando mueran todos?
No, me equivoqué. Después de lo que
vi en España vi que no desapareció, se murieron todos y sigue.
¿Cuál es la solución para eso?
El tiempo, pero mucho tiempo.
Pienso que quienes quisimos ayudar a esa grieta, no fuimos ni entendidos ni por
un lado ni por el otro. Hemos quedado en una especie de fuego cruzado. Yo fui
Presidente de la República, no hay ningún soldado que pueda decir que lo anduve
persiguiendo, ningún soldado de este país va a poder decir que yo anduve
persiguiéndolo para acordar cuentas. No sirvió de nada.
¿Hay desconfianza ahí, de ellos?
No lo hice por ellos, lo hice por
los descendientes de ellos, porque no se le puede trasladar los pleitos de una
generación a los que vienen, porque si no la vida no tiene esperanza y yo no le
puedo cobrar a los hijos de los torturadores la conducta de sus padres porque
si no es imposible, pero sé que en el fondo ni de un lado y del otro, porque
también, mis viejos compañeros pueden pensar que uno abdica. Yo no creo en la
justicia así en abstracto, tiene que haber algo porque si no nos arrancamos los
ojos los unos a los otros, es la ley del Talión, pero desgraciadamente no
podemos ser justos por esto o por lo otro, hacemos lo que podemos.
La relación con Zabalza
¿Cómo es su relación con Zabalza?
Distante.
¿Se desmarcó él de sus excompañeros?
Él agarró su rumbo.
¿Alguna vez lo amenazaron?
Cuando vino la democracia y
gobernaba Sanguinetti, seguían con la misma persecuta de antes. Recuerdo que
una vez vino el Hugo Batalla, yo estaba sentado acá y pasó una camioneta
sacando fotos enfrente, como para que lo viera, a mí me daba risa cuando decían
si controlaban, después fue pasando.
«No falló la ciencia, falló la alta política»
¿Cómo ve al Uruguay de hoy?
Veo que no tenemos desesperación
del mundo que se nos viene encima, corremos riesgo de quedar en el pelotón de
los irrelevantes, porque la distancia que tiene el mundo desarrollado no
disminuye, va creciendo y cada vez acumulan más conocimiento y son propietarios
del conocimiento y nosotros estamos cada vez más distantes y estamos
discutiendo un montón de pavadas entre nosotros, pero no vemos el peligro en la
noche para nuestros nietos y para nuestros hijos y nos vemos lo otro, el cambio
climático.
Estamos en un país agroexportador,
tendríamos que estar discutiendo a muerte en lugar de estar discutiendo la
pavada que estamos discutiendo de forestación y los cambios y la genética de
los animales, tenemos que ir a la raza sintética porque va a venir más calor y
esto hay que preverlo. Cuando estuve en Nueva Zelanda, yo era ministro, ya
estaban trabajando y nosotros no hemos hecho nada y dicen, amo el campo.
Esto que está pasando en el mundo
no es casualidad, hace 30 años que nos dijeron los hombres de ciencia en Kioto,
los fenómenos adversos van a ser cada vez más intensos y más comunes, está
pasando, y nos dijeron lo que había que hacer y no lo pudo hacer la humanidad,
no falló la ciencia, falló la alta política y tenemos que prepararnos para
intentar mitigar los costos.
¿Cómo hacemos?, porque la política es lo mejor que tenemos a
mano para gobernar, ¿o no?
El hombre es un animal político
porque es un animal social.
¿Por qué la política no nos da herramientas?
Siempre el fracaso es de la
política. En el mundo hace rato que sabemos, pero la política no puede
enfrentar los intereses que hay que enfrentar. Uruguay es un borroncito. ¿Usted
cree que lo que pasa en la Amazonia no va a repercutir acá? Cuando fui a Nueva
Zelanda, me llevaron a un laboratorio subterráneo, me dijeron que había tres en
el mundo, en cada uno había como un macetón grande con una capa plástica y una
luz y un control de temperatura, estaban probando las especies que resistían
mejores condiciones para lo que ellos calculan va a ser el clima dentro de 40
años.
Dejaron entrar a Vázquez, que era
el presidente, y a mí, que era el ministro, nos dijeron, estamos gastando un
platal en esto pero tenemos que hacerlo. Yo no pido tanto, pero preparar
animales que resistan más el calor, no mil árboles de forestación, no más de
200 por hectárea, porque en un país que es ganadero tiene que saber que el
stress calórico es peor que el frío para las vacas, porque son rumiantes y el
metabolismo genera calor y los animales comen menos cuando están agobiados por
el calor, son cosas elementales para los que conocemos, pero hay que preparar
el país. El país tiene 13 o 14 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería y
no hacemos un carajo.
Cuando estuvo en el ministerio, ¿pudo hacer lo que quería?
Algo hice.
¿Qué es lo que nos tranca?
Nosotros somos un paisito
formidable. ¿Para qué la vas a hacer simple si la podemos complicar?
¿Jugamos a menos?
¿Nos vacunamos, no? Le dieron un
papel con el dedo, no, ahora va a haber que hacer una cosa, el pase verde,
bueno, ese es el Uruguay.
¿Y cómo cambiar?
Qué sé yo.
Resarcimiento: «Hay que estudiarlo»
¿Le parece bien una idea que tiene el actual ministro de
Defensa, de resarcir a las víctimas de la sedición?
Puede ser, hay que estudiarlo.
Dios y su última morada
¿Cómo se ve Mujica dentro de unos años?
La pandemia me echó. Yo amo mucho a
la política, pero mucho más amo a la vida. Dentro de unos años mi futuro está
ahí, debajo de un secuoya, donde está enterrada Manuela, cuando yo me muera,
tienen que enterrarme ahí.
¿Ya lo decidió?
Sí.
¿Quiere que lo entierren ahí?
Sí.
¿En qué cementerio está su mamá?
En el Buceo.
¿Va de vez en cuando o ya no?
Muy poco.
¿Hay vida después de la vida?
No creo, no creo en Dios tampoco,
ojo, respeto enormemente la religión porque ayuda al bien morir, eso lo aprendí
en una sala en el hospital viendo a la gente, por eso le tengo un gran respeto
y muy particularmente respeto, a pesar de todos sus pesares, a la Iglesia
Católica, porque me siento parte de América Latina y nosotros tenemos dos cosas
en común, la lengua y la tradición de la iglesia católica.
He visto multitudes de gentes por
América que son católicas, por eso, políticamente lo respeto mucho. Ahora, no
puedo creer, porque si Dios existiera sería algo tan grande que no se puede
ocupar de esta miseria, ¿por qué va a tener más valor una hormiga que la vida
del hombre?
Hay quienes dicen que quienes creen en Dios son más débiles,
porque dejan en manos de Dios muchas cosas, quienes no creen son valientes
porque resuelven todo por sí mismos. ¿Se afilia a esa teoría?
Viejas preguntas del hombre, el
sentido de la vida. Para mí la vida es maravillosa, admiro la vida. Cuando digo
la vida, no me refiero sólo a la vida humana, tengo como un sobrecogimiento
casi panteísta por la vida, las plantas, los insectos, me maravilla.
¿Qué está haciendo ahora?
Hacemos una conserva de tomate
medio rara, siempre hacemos algo.
¿Cuándo dice ‘hacemos’, es José Mujica y Lucía Topolansky?
La verdadera cocinera es Lucía,
pero siempre la ayudo.
*Granja.
Texto tomado de La República /
Uruguay - Foto: Tele R
