Combatió a
los soviéticos y los venció, estuvo en el gobierno de los 90, y ahora vuelve al
poder
«Hemos alcanzado una victoria inesperada.
Debemos mostrar humildad frente a Alá». El mulá Abdul Ghani Baradar (Weetmak,
1968) se mostró aparentemente sorprendido por la toma de Kabul este domingo.
Con esa conquista, y salvo un bastión en Panjshir, los talibanes volvían al
poder después de 20 años de guerra. El mulá Baradar es quien ha dado la cara
por ellos en las negociaciones más importantes de los últimos meses. Es el
auténtico ganador de una guerra que ha durado 20 años. El combatiente
reconvertido en diplomático: un estratega político-militar.
Tuvo el poder y al poder vuelve. Quien fuera mano derecha del mulá Omar, fundador de los talibanes, se sentó a la mesa con Mike Pompeo, secretario de Estado con Donald Trump, en febrero de 2020 y también departió más recientemente con el ministro chino de Exteriores, Wang Yi. Esos dos encuentros sembraron el camino para que la ofensiva de los talibanes discurriera por buen cauce.
Han sorprendido a las cancillerías de medio
mundo, que del susto han organizado la evacuación
de sus ciudadanos,
del personal diplomático y de los colaboradores de sus tropas. Es lo que está
haciendo EEUU, Reino Unido, Alemania, Canadá, y también España, entre otros.
Sin embargo, China y Rusia permanecen. Creen que los talibanes gobernarán.
El que fuera jefe de la diplomacia con Trump
dice ahora que le advirtió al mulá Baradar que sabían dónde vivía. Para
justificar el acuerdo al que llegó la Administración de Trump con los talibanes
Pompeo asegura que plantó cara al mulá, algo que ni el mulá se va a parar a
desmentir. En Doha los talibanes lograron una amnistía para 5.000 presos y la
bendición americana a cambio de que sujetaran fuerte a los otros grupos
yihadistas. Un hecho que antes de la toma del gobierno no tenían capacidad de
hacer.
Ahí estaba el mulá Baradar. Empezaba la cuenta
atrás para volver a dominar Afganistán, como en 1996. Pero también estaba en
Tianjin el 28
de julio ante el ministro chino de Exteriores, Wang Yi. A cambio de no ayudar a
los uigures, los musulmanes de Xinjiang que China ve como una amenaza, la potencia
asiática se ofrecía como socio comercial. Es decir, les daba luz verde.
Para Julian Borger, el corresponsal para
Oriente Medio de The Guardian, el mulá Baradar es el amo. En sus
palabras, «el
incontestable ganador de la guerra de los 20 años». Este martes el mulá Baradar
ha vuelto a Afganistán, procedente de Doha. Ha llegado a Kandahar, cuna de los
talibanes, donde creció.
No pisaba Afganistán desde hace 20 años. Cuando
cayó el gobierno talibán, en 2001, salió hacia Pakistán y no ha regresado hasta
ahora. Los medios talibanes han dado bombo y platillo a su aterrizaje en el
nuevo Afganistán. Miles han salido a recibirlo en Kandahar. Desempeñará un
papel fundamental en el emirato.
Hay quienes apuntan a que será presidente,
aunque hay otro hombre fuerte en el liderazgo de los talibanes. Es el líder
supremo, Baibatullah Akhunzada, el príncipe de los creyentes. Será
probablemente la máxima autoridad del emirato, si bien el mulá Baradar
desempeñará un papel ejecutivo.
Ganarse los corazones
Nacido en Weetmak hace 53 años, el mulá (líder
religioso) Baradar creció en Kandahar, la provincia donde surgió el movimiento
talibán (de talib, estudiante del islam). Combatió en la guerra contra los soviéticos,
que se libró entre 1979 y 1989, como muyahidin. En ese conflicto el mulá Omar
perdió un ojo. Murió en extrañas circunstancias en 2013, aunque no se supo
hasta dos años más tarde.
Juntos fundaron los talibanes a principios de
los años 90 en las madrasas del sur de Afganistán y se extendió también por los
campos de refugiados afganos en Pakistán. Según algunas fuentes como la BBC, el
mulá Baradar se casó con una hermana del mulá Omar, así que serían cuñados.
Estuvo en el gobierno de los talibanes, entre
1996 y 2001, en el que participó como viceministro de Defensa. Desde entonces
estaba en el punto de mira de EEUU, que le atribuye varios ataques hasta que
fue capturado en una operación conjunta de la CIA y de los servicios secretos
paquistaníes en 2010.
Con su arresto Pakistán, donde se han formado
miles de talibanes, lograba un doble objetivo: por un lado, trasladaba a
Estados Unidos su claro interés en colaborar con ellos en la lucha contra el
terror; a su vez, tenía bajo su control a una figura prominente en el país
vecino, de quien podría obtener mucha información. También los paquistaníes
sabían que sería una pieza clave en unas negociaciones con los talibanes.
El único más poderoso que Baradar es Omar. No
se ven mucho por razones de seguridad, pero tienen muy buena relación»
Cuando le arrestaron en 2010 la prensa
estadounidense ya decía que era el más importante de los talibanes a excepción
del mulá Omar. «El único más poderoso que Baradar es Omar. No se ven mucho por
razones de seguridad, pero tienen muy buena relación», decía una fuente cercana
a los talibanes a The New York Times. Los funcionarios afganos y
occidentales consideraban ya hace diez años al mulá Baradar como el más cercano
de los talibanes a abrir una vía de negociación con el gobierno afgano.
Antes de su arresto, en 2009, el mulá Baradar
se había distinguido por su moderación dentro del movimiento. Según publicó The New York Times,
creó un código de conducta para que los combatientes supieran cómo ganarse los
corazones de los afganos de las zonas rurales. Los insurgentes llevaban este
mini manual en sus misiones.
Aconsejaba evitar las víctimas civiles y no era
partidario de los atentados suicidas. La experiencia del gobierno talibán de
los 90 le sirvió para aprender que tenían que ganarse el favor popular y no
podían gestionar el país con tal nivel de crueldad.
El arresto de 2010 tuvo que ver con la
desconfianza en ese talante negociador del mulá Omar. Temían su capacidad
estratégica sobre el terreno, que demostró en la guerra contra los soviéticos.
En sus años en prisión parecía haber perdido poder, pero no ha sido así.
De combatiente a negociador
Sigue siendo una figura respetada entre el
liderazgo político. Los combatientes son más jóvenes y más radicales, nos
comentaba Ahmed Rashid, autor de Los
Talibán. Hay
cierta tensión entre ese liderazgo que viene de los años 90 y los que libran la
batalla.
Al mulá Omar lo liberaron para que encabezara
la negociación con el enviado especial para Afganistán, Zalmay Khalizad, en
2018. Así hizo y logró un gran éxito en las negociaciones de Doha. Los
estadounidenses se inhibirían, no lucharían contra los talibanes, y serían los
talibanes y el gobierno afgano los que se sentarían a negociar.
Logró poner fuera de juego a Estados Unidos, ya
harto de un despliegue interminable y costosísimo, en especial a juicio de
Donald Trump. No ha sido él quien ha gestionado
finalmente la salida sino
Biden. Un regalo envenenado.
El mulá Baradar ha sabido esperar y ha manejado
bien los tiempos. Después de una larga travesía por terrenos inhóspitos, porque
la cárcel lo es, ha vuelto a degustar el sabor de la victoria. Esta vez sobre
los estadounidenses y la OTAN.
Tomado de El Independiente