Dictadura, guerra e independencia
La actual Somalilandia fue parte de diversos sultanatos hasta
que el Imperio británico lo convirtió en protectorado a
finales del siglo XIX. Lo mismo ocurrió con el resto de Somalia, que cayó bajo
control de Italia en la misma época. Somalilandia obtuvo la
independencia el 26 de junio de 1960 y se
estableció como Estado independiente, y cinco días más tarde se
unificó con la recién emancipada Somalia italiana bajo el nombre de República
Somalí. Pero la convivencia pacífica no duró mucho: en 1969 Mohamed Siad Barre, un
militar, estableció un régimen autoritario que no respetaba la diversidad de
clanes característica de la etnia somalí. En respuesta, una alianza rebelde le
derrocó en 1991, y al vacío de poder le siguió una lucha
entre señores de la guerra hasta 2012.
Entretanto, los clanes reclamaron su autoridad sobre los
territorios, así que a la inestabilidad política se sumaron las aspiraciones de
autonomía de algunas regiones. Puntlandia, integrada por mayoría
darod, reclamaba mayor libertad dentro de Somalia, mientras que la vecina
Somalilandia, dominada
por el clan Isaaq, perseguía la independencia completa. Para ese fin, el
Movimiento Nacional Somalí (SNM) proclamó en
1991 la República de Somalilandia, que significa “tierra de los somalíes”, y el
97% de sus habitantes refrendó la decisión en una votación en 2001. Desde
entonces, los dos Estados mantienen un conflicto
armado por el control de los territorios fronterizos de Sool y Sanaag.
Un país que funciona pero al que nadie reconoce
Somalilandia no es un Estado pleno, pues carece de reconocimiento
internacional. Pese a que sus fronteras coloniales eran diferentes a las de
la Somalia italiana, lo que justificaría la independencia, la Unión
Africana no
admite su separación para no alentar otros movimientos secesionistas,
como el de Biafra,
en Nigeria. Por ello, ni la ONU ni los Gobiernos extranjeros aceptan a
Somalilandia como Estado, aunque países como Etiopía o
el Reino
Unido admiten su pasaporte, y Kenia, Estados
Unidos o Turquía tienen
relaciones consulares con ella. Somalia, por su parte, mantiene una tensa
enemistad con Somalilandia y no
duda en romper lazos diplomáticos con quienes establecen conexiones
con ella, como Kenia o Guinea.
Pese a la falta de reconocimiento, Somalilandia funciona como
un país: tiene su propia constitución, ciudad
capital —Hargeisa—, moneda
—el chelín
somalilandés—, fuerzas armadas y
organización política. Su sistema
político es democrático porque combina la intervención de los clanes
dominantes con el multipartidismo y la alternancia pacífica en
el poder. Desde 2003 celebra elecciones libres bajo un proceso alabado
por organizaciones
como la Unión Europea. Esta relativa paz y seguridad evita la
piratería y la entrada de grupos yihadistas como Al
Shabab, dos males muy extendidos en el resto de Somalia. No obstante, el
Gobierno somalilandés limita la libertad
de expresión de opositores y periodistas, y sus leyes se guían por
la sharía,
la ley islámica.
La experiencia democrática y el sistema político de
Somalilandia son más robustos que los del resto de Somalia, considerada
un Estado
fallido. Las instituciones somalíes son incapaces de proveer servicios
mínimos o seguridad a su población, reprimen a periodistas y opositores y cometen violaciones
de derechos humanos. Además, el Gobierno apenas tiene control efectivo más
allá de la capital, Mogadiscio, y se disputa el territorio con clanes y grupos
armados como Al Shabab, filial local de Al Qaeda.
Fuente: El Orden Mundial
