Por
Douglas Zabala
El
18 de agosto del 2018 con motivo de las torturas qué recibió el Diputado Juan
Requessen. Le envié una carta pública, a quien fuese un luchador por la
libertad de los presos y perseguidos políticos, en los tiempos de los gobiernos
adecos y copeyanos; pero que en estos tiempos políticos, hizo silencio
cómplice, ante los delitos de lesa humanidad cometidos por Nicola Maduro.
La
realicé porque al igual que la mayoría de quienes venimos de militar en los
últimos 50 años en el campo de la izquierda, de algún modo mantuvimos una
relación de amistad o política con el hoy desaparecido José Vicente Rangel.
*Volvió
la tortura José Vicente*
Veo a Juan Requesens y recuerdo a Gloria Martin a todo pulmón tarareando el himno de los presos políticos: «Presos están irreductibles son, levantan bandera de redención». Recuerdo al camarada y amigo ya desaparecido Napoleón Barreto. De dónde los recuerdo?
De
nuestra condición de prisioneros políticos, recluidos en una quinta clandestina
que, mantenía el SIFA, allá en Carabobo a las orillas de la Laguna de
Guataparo. Como no recordar al Napo, si después de haberme tenido bajo tortura
con corriente y demás menesteres típicos de los militares, me llevaron ante él
para que dijera que me conocía.
Napoleón
estaba guindado desde una viga que atravesaba el techo, todo su cuerpo sajado y
quemado por los corrientazos.
Eran
los días del “asesina primero y averigua después”. Napoleón Barreto salió de
esa tenebrosa quinta rumbo al San Carlos y quien escribe al Campamento
Antiguerrillero de Yumare (Teatro de Operaciones N°5 -TO5). A mí se me preguntó
hasta al cansancio y al ritmo de la tortura si conocía a Kleber Ramírez y al
comandante Fausto, a quienes por cierto al salir en libertad, por esos
correajes propios que teníamos en el PRV-FALN lo primero que hice fue ir a
verme con ellos allá en Mérida.
Volvió
la Tortura a la política venezolana. Siempre ha estado presente. Desde Juan
Vicente Gómez con sus famosos grilletes, pasando por la oprobiosa dictadura
perejimenista hasta llegar a los terribles días de los regímenes de AD y Copei,
donde se instauró la modalidad de los asesinatos bajo los estragos de la tortura
y su posterior desaparición del cadáver.
Siempre
nuestros gobiernos han impuesto el régimen de la tortura. Con el gobierno de
Hugo Chávez, esa mancha oscura había desaparecido. A decir verdad, Chávez fue
cuidadoso en eso de las violaciones a los derechos humanos a sus presos
políticos, sino pregúntenselo a Capriles, quien fue su prisionero y nunca salió
a denunciar haber sido víctima de torturas o tratos crueles, pero a raíz de la
llegada de Nicolás Maduro al gobierno reaparecieron las denuncias de prisioneros
políticos, sometidos a tratos crueles para sacarles información y obligarlos a
delatar a sus compañeros de faenas políticas legales o ilegales.
La
famosa y tenebrosa tumba está allí como emblema de un régimen con prácticas
terribles de vejámenes a la dignidad humana, que se llevará el torturador
Nicolás a su tumba. Cachipo, T03, TO5, Jorge Rodríguez, Cuartel San Carlos,
Noel Rodríguez, los hermanos Pasquier y Soto Rojas recuerdan la era ignominiosa
de violación de los derechos humanos en la cuarta república.
El
último desaparecido político de los regímenes de la cuarta república, fue
«Tabanuco» Rogelio Gamarra, lo recuerdo cuando salió de mi casa rumbo a Falcón
y no volvió más. En el momento de su aprehensión por una Comisión de los
cuerpos represivos del gobierno de turno en una Alcabala vía la serranía de
Cabure. Nos declaramos en emergencia y salimos en comisión Ali Rodríguez, José
Guerra y mi persona a casa de José Vicente Rangel, quien de inmediato se puso a
la orden para denunciar su detención.
El
gobierno copeyano lo presentó a los medios de comunicación, moribundo por los
efectos de la tortura y lo desapareció.
Te
acuerdas José Vicente, eran días duro de aquella militancia intensa y riesgosa
por la liberación nacional y el socialismo, donde por cierto el tal Maduro ni
aparecía de repartidor de volantes clandestinos.
Volvió
la tortura de manos de Nicolás Maduro, quien lo diría, para vergüenza, si
todavía la tienen, de Ali Rodríguez, Julio Escalona, Julio Chirino, Saúl
Ortega, Roy Daza, Fernando Soto Rojas y el resto de quienes aún acompañan a
este defraudante gobierno del terror, instaurado y dirigido, no solo por
Nicolás, sino por los hijos de quien muriera torturado bajo las órdenes del
Ministerio de Relaciones Interiores de un gobierno adeco.
Cuando
veo Juan Requesens, y no tengo porque poner dudas su irreductibilidad, me es
inevitable recordar a Napoleón Barreto, quien a los días de mantenernos presos,
el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA) no quiso sacar unas
fotos incriminatorias, adornada con uniformes guerrilleros y pertrechos
militares, y aún bajo los rastros de la tortura, les dijo a uno de nuestros
esbirros: Okey sácanos la foto digepolesca a Zabala y a mí, pero no al lado de
ese delator, que nos trajo hasta aquí.
Cuando
veo a ese muchacho, José Vicente, lleno de mierda por efecto de la tortura,
maldigo la hora, porque sea precisamente a nombre del socialismo y la patria, y
no de su fascismo, el que Nicolás Maduro y sus secuaces, quieran esconder sus crímenes
y el regreso de la tortura como mecanismo de dominación política.
Haz
algo José Vicente, como en los viejos tiempos, ellos son también prisioneros
políticos, sea cual sea la causa de su detención, y muchos son irreductibles
como nosotros y ese joven Juan Requesens.
