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31 agosto, 2020

La República de las Floridas


Por Orlando Arciniegas*

Algunos independentistas, durante las luchas contra el Imperio español, mostraron interés por las llamadas Floridas. Y hasta pensaron en su invasión. La idea de ocupar la Florida española partía de la apreciación, por un lado, de que era un foco de realismo y, por el otro, porque se sabía al cabal que Estados Unidos quería comprarla o conquistarla. Gregor MacGregor, un aventurero escocés, incorporado al ejército de Venezuela desde 1812, toma el asunto en sus manos y sale de Venezuela rumbo a Estados unidos a principios de 1817. Se dirige a Baltimore y Filadelfia donde hay grupos de exiliados hispanoamericanos. En Filadelfia, el 31 de marzo de 1817 entra en contacto con Lino de Clemente, quien era un agente de Bolívar; con Pedro Gual, el futuro canciller de Colombia, y con el argentino Martín Jacobo Thompson, que representaba a las Provincias Unidas del Río de la Plata, quienes en nombre de la “América Libre” autorizaron a MacGregor para apoderarse de “las Floridas”, la Oriental y la Occidental. Esta era, igualmente, la justificación que el escocés buscaba y necesitaba.

Este se dedicó a reclutar gente en Estados Unidos un puñado de hispanos y los demás, europeos y angloamericanos—, a obtener préstamos y a comprar armas de guerra. Gran parte de los recursos que consiguió se basaba en la promesa de distribución de tierras que se haría tras la victoria. El 29 de junio de 1817, MacGregor, tras someter con sus tropas el contingente español, ocupa de las Floridas solo la pequeña isla Amelia. Allí, en Fernandina, la capital, funda la llamada República de las Floridas. MacGregor haría la declaración formal con el lujoso título de “Brigadier general de las Provincias Unidas de Nueva Granada y Venezuela y General en jefe de los ejércitos de las dos Floridas”. Durante su breve gobierno emitió decretos de honores a sus seguidores, patentes de corso principalmente a angloamericanos, a quienes les abría la oportunidad de enriquecerse a costa de bienes de españoles. Pronto el remate de las presas capturadas (a veces de países neutrales), pasó a ser la principal actividad económica de la flamante República, inaugurada por el inquieto MacGregor.  
MacGregor, en un gesto muy suyo, hizo acuñar monedas conmemorativas que repartió entre sus soldados —los de su República. Las monedas llevaban las siguientes leyendas, en la cara o anverso: Amalia, vene, vidi, vici (Amelia, vine, vi, vencí). Al estilo de la reconocida frase latina atribuida a Julio César tras una de sus rápidas victorias. Y por el reverso: Libertas Floridarium Duce MacGregorio (Libertad de las Floridas bajo la conducción de MacGregor). Tal vez un poco inmodesto, ¿verdad? MacGregor permaneció en la isla Amelia por un par de meses, hasta el 4 septiembre de 1817, cuando, por dificultades con soldados y vecinos, hubo de abandonar la isla. De inmediato llegaría el corsario francés Louis-Michel Aury —por supuesto amigo de Macgregor—, reforzado con otros buques, e izaría la bandera mexicana. Ahora surgirían conflictos entre los vecinos y la marinería que el corsario intenta paliar con medidas de fuerza. Don Pedro Gual, el ilustre boliviano Pazos Kanki (1779-1853) y otros se esfuerzan por darle un tratamiento cívico al problema. Gual, por cierto, se había afanado en concebir algunas instituciones y en redactar una Constitución para esta efímera República de raíces neogranadinas. Si es que no fue un mero capricho del escocés MacGregor.
Al bucanero Aury no le iría mejor en Amelia. Dedicado al rentable negocio del corso con soldados haitianos —negros, por supuesto, y de rudos modales—, que algunos asociaban a los “horrores de Santo Domingo”, las matanzas de blancos en 1804, hacía que la convivencia no fuese normal. Otros consideraban la isla como un reducto de piratería. Esto que era bien conocido pudo haber aguzado aún más el interés de EE.UU. por  la Florida, pues el 23 diciembre de 1817 el presidente James Monroe mandó una expedición de tropas estadounidenses y algunas españolas que, sin resistencia, se tomaron la isla. En 1819 se firmó el tratado por el que España cedía la Florida a Estados Unidos. Y en 1821 se produjo su ratificación. Por lo que de esta efímera República no quedó sino lo que los historiadores puedan contarnos como una curiosa aventura política.

*Profesor titular (J) de la Universidad de Carabobo, PHD en historia.