El filósofo alemán Peter Sloterdijk alerta sobre a qué
“normalidad” ansía regresar la mayoría de la gente pero señala también que, con
el tiempo, la crisis actual llevará a una transformación de la conciencia colectiva
dentro del individualismo.
Con un nuevo libro en ciernes que se publicará en los próximos
días con el título de Las epidemias políticas, el filósofo alemán Peter
Sloterdijk asegura que en las sociedades modernas “las aberraciones morales y
políticas empiezan casi siempre con descuidos lingüísticos”, y advierte sobre
“la casi perfecta sincronicidad de la pandemia microbiana con la informativa”.
El autor de obras como Esferas y Normas para el parque humano
plantea que la sociedad no está “en condiciones mirar más allá de la pandemia”
y vaticina que, aunque “muchos esperan con ansias la vuelta a la cotidiana
frivolidad del modo de vida consumista”, la crisis actual “llevará con el
tiempo a una transformación de la conciencia colectiva dentro del
individualismo”.
Cuando un fenómeno o cataclismo quiebra la certidumbre a
escala global, la onda expansiva no demora en llegar al lenguaje y se
transforma en dispositivo de lectura. El impulso es pensar que la pandemia ha
facilitado entonces la metáfora de la epidemia que Sloterdijk despliega en uno
de los artículos que da nombre a su nuevo texto, pero el filósofo hace tiempo
que suele apelar a la narrativa virológica para describir el funcionamiento de
la política y los medios de comunicación.
Entre epidemias, estrategias y vacunas
El pensador, uno de los más destacados de la actualidad acusa
recibo de una formación heterodoxa que incluye a Nietzsche, Lacan, Valéry y
hasta al gurú Osho y redunda en una obra tan innovadora como erudita, siempre
proclive a la ironía.
Se declara como apolítico pero su invocación a Friedrich
Nietzsche y Martin Heidegger –asociados con el nazismo– le han valido algunas
críticas.
En Las epidemias políticas, que se lanzará en los próximos
días, el autor de Crítica de la razón cínica define a los medios como
“portadores de infecciones” y sostiene que sólo de manera superficial la
democracia aloja el intercambio de argumentos: en el fondo se da un
enfrentamiento constante “entre epidemias, estrategias y vacunas” y lo que se
pretende presentar como información no es más que un entramado de “emoción,
envenenamiento y destrucción del juicio público”.
La extensión de la caza de animales a la caza de humanos
En un diálogo que comenzó por teléfono y migró al email
cuando el pensador detectó que el inglés obturaba su fluidez y prefirió
responder por escrito en alemán, Sloterdijk desplegó planteos e ideas.
Al mismo tiempo que esta pandemia puso de relieve algo que ya
estaba sucediendo –la visión del “otro” como una amenaza– también generó una
suerte de empatía, en tanto pudimos percibir a ese “otro” en angustia y
confinado, igual que nosotros.
Sobre si esta última perspectiva podría generar algún impacto
en los discursos de odio que han tenido lugar en las redes sociales y en la
política, Sloterdijk apuntó: “El hecho de que las personas a menudo tiendan a
ver al otro como una fuente de peligro no es consecuencia de la actual pandemia
de coronavirus ni es un invento del racismo pseudobiológico del siglo XIX.
Claude Lévy-Strauss señaló hace ya mucho tiempo que una dosis
de xenofobia forma parte de la antigua herencia de la especie homo sapiens. En
efecto, durante cientos de miles de años fuimos criaturas de grupos pequeños;
la convivencia con personas extrañas en conjuntos más grandes, en pueblos, en naciones,
en imperios, hubo que aprenderla más tarde y no sin esfuerzo.
Y en ninguna parte el aprendizaje ha sido del todo exitoso,
como puede verse a la luz de fenómenos como la criminalidad, la antisocialidad
o la erosión familiar.
Antes prosperaba una idea de familia expandida. Por supuesto
que expandir la metáfora familiar constituye una sugestiva maniobra semántica,
pero al hacerlo se olvida que la familia también es el lugar de los clásicos
crímenes pasionales y el origen de las guerras civiles.
Además, históricamente la xenofobia no ha sido un mero
prejuicio sino que expresa una experiencia atávica de personas con otras
personas. Todas las altas civilizaciones tienen como antecedente la extensión
de la caza de animales a la caza de humanos.
Pero así como no toda cacería animal termina en degüello, no
toda cacería humana proyectaba matar a los prisioneros. La fobia a los extraños
ha devenido no pocas veces en un sistema vicioso de hostilidad hacia los
débiles y los fugitivos, al tiempo que dispositivos afectivos más antiguos
(pánicos existenciales, tabúes alimentarios, masculinismos, códigos de honor)
se han vuelto disfuncionales en el mundo moderno”.
La sincronicidad de la pandemia microbiana con la información
En el libro Las epidemias políticas, se dice que los medios
de comunicación modernos son portadores de infecciones y que la democracia es
la aparición de la epidemiología.
Acerca de cómo actúan en el campo social estos conceptos
extrapolados del universo científico, el filósofo explica: “La experiencia de
la libertad es contagiosa.
En esa observación se basa la posibilidad de la democracia.
Es la forma de vida en la que personas no libres se dejan contagiar
voluntariamente por la libertad para deponer las costumbres de sumisión.
Desde esta perspectiva existe un viejo vínculo íntimo entre
lo político y lo epidémico. Esto trae al mundo la contradicción fundamental de
la civilización política moderna, esa contradicción existente entre la retórica
de los valores universales y la persistencia del abismo que separa brutalmente
las formas de vida sobreprivilegiadas de las subprivilegiadas.
Ahora bien, casi nada es tan contagioso como el entusiasmo
por las ideas universalistas. Cuando el universalismo fracasa, surge la
crítica; cuando la crítica fracasa, surge furioso el resentimiento masivo;
cuando la decepción no conduce a la resignación sino que se expresa de manera
ofensiva, surgen epidemias de ira.
Esas epidemias transmitidas por los medios de comunicación
son realidades psicosociales. Pero el uso de términos como «infección y
epidemia» no es puramente metafórico. El descubrimiento de la transmisión de
enfermedades y afectos es mucho más antiguo que el de los microbios”.
Y sobre cómo opera eso en el contexto de la pandemia,
Sloterdijk señala que “en la actualidad se agrega algo que nunca antes se había
visto de esta manera: la casi perfecta sincronicidad de la pandemia microbiana
con la informativa.
Es toda una novedad con la que deberemos lidiar de aquí en
adelante. Pone de manifiesto que la globalización realmente existe y que los
bienes, las personas, los microbios y la información viajan casi a la misma
velocidad”.
Entender que la inmunidad no es un asunto privado
En este escenario se descubre que la preservación individual
no es la solución. Sobre si esto generará un nuevo contrato social o la vuelta
a la normalidad repondrá los pactos existentes, el filósofo alemán alega:
“Todavía no estamos en condiciones de mirar más allá de la pandemia actual.
La esperanza puesta en las vacunas es plausible pero no nos
da una respuesta a la pregunta de cómo será la vida «después». Muchos esperan
con ansias la vuelta a la «normalidad», es decir, a sus preocupaciones
primarias, a la cotidiana frivolidad del modo de vida consumista.
Pero creo que esta crisis llevará con el tiempo a una
transformación de la conciencia colectiva dentro del individualismo. Cada vez
más entenderemos que la inmunidad no es un asunto privado. Lo mismo que la
seguridad.
En Europa, la Ilustración comenzó con la afirmación de que el
buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo. Sobran razones para dudar de
la veracidad de esta tesis.
Las inmunidades y seguridades definitivamente tampoco están
entre las cosas mejor repartidas del mundo. Con más razón hay que velar por su
mejor distribución; y por una nueva conciencia de discreción humana y
distanciamiento no aristocrático.
Esta preocupación de largo aliento constituye la verdadera
definición de democracia”.
Tomado de
elciudadanoweb.com / Argentina.
