Las superpotencias internacionales,
aparte de sus herramientas hardware, vehiculan su peso y
penetración en zonas geográficas ajenas vía una batería de elementos
culturales, entre las que se destaca la lengua. Así, bloques regionales y zonas
económicas como el Commonwealth, se pivota sobre un idioma común, el inglés,
pese de la heterogeneidad étnica y religiosa de los países que la componen.
Asimismo, Francia, para mantener
sus intereses en África y otros lugares del mundo, otorga una especial atención
a la consolidación del francés como lengua capaz de mantener cierta atracción
de lo francófono. De ahí, entre otras medidas, el Ministerio de Exteriores
francés incluye una Secretaría de Estado encargada de velar por la francofonía.
A diferencia de lo aludido
previamente, el Gobierno de España, en vez de procurar mejorar su soft
power en África mediante lo cultural, usando el castellano en el
Sahara Occidental como vía de acceso, lo que hace es ignorarlo, permitiendo que
sea sustituido paulatinamente por el francés.
La falta de ambición de España en
velar por sus intereses hace que su política hacia el norte de África y el Sahel
sea guillada por Francia. Su negligencia y falta de estrategia, en este
sentido, se plasma en el hecho de impedir la apertura de establecimientos del
Instituto Cervantes para los refugiados saharauis, que hubieran consolidado el
castellano y la cercanía cultural del pueblo saharaui con España.
La dejadez del Gobierno español
ante la defensa de sus intereses estratégicos, en lo que al castellano en el
Sahara Occidental se refiere, hubiera tenido resultados nefastos sino fuera por
la labor del Gobierno de Cuba que ha posibilitado la formación de generaciones
de estudiantes saharauis, que en la actualidad mantienen el funcionamiento del
tejido institucional y cultural de la RASD.
Aparte de Cuba, el castellano
sobrevive en el Sahara Occidental gracias a las iniciativas del pueblo español
y parte de las comunidades autónomas, al posibilitar el transcurso de programas
como Vacaciones en Paz, o las visitas de familias españolas a los campamentos
de refugiados saharauis.
De esta manera, el vacío desocupado
por España ha sido aprovechado por Marruecos y Francia, como se refleja en la
apertura de una sede
de la Red Africana de Casa de la Francofonía en la ciudad ocupada de Dajla.
Marruecos, partiendo de la
importancia de abortar la influencia española en el territorio para cambiar su
naturaleza jurídica, desde su ocupación ilegal del Sahara Occidental se ha
empeñado en borrar todo aquellos elementos vinculados al legado español: la
lengua, la arquitectura y las denominaciones: Villa Cisneros (Dajla) se
convirtió en Dakhla, El Aaiun en Laayoune, etcétera.
Frente a la acelerada maquinaria
franco-marroquí, cuyo fin es cambiar la esencia del territorio, su cultura y
sus lenguas, el Gobierno de España, sin estrategia ni política propia hacia
África, optó por desdeñar a un bien estratégico que podría ser una de las
claves de entrada, no solo al espacio limítrofe con Canarias, sino también al
mundo árabe y El Magreb.
Defender y promover el castellano
en el Sahara Occidental debe ser una de las prioridades de España, por su
propio interés estratégico y por la ampliación de su radio de influencia, pero
también por la propia coherencia con la justicia que requiere la cuestión del
Sahara Occidental.
