© AFP 2020
/ Juan Barreto
"¡Daremos
un golpe a quien queramos!", admitió Elon Musk, capitán de la industria
tecnológica estadounidense, en respuesta a comentarios de usuarios de Twitter
que opinaban sobre que la razón del golpe de Estado contra Evo Morales se
hallaba en las grandes reservas de litio que esa nación suramericana posee.
Así como el
siglo XX fue adicto al petróleo, a la sociedad de consumo global se le une una
nueva adicción, el acceso a tierras raras y minerales necesarios para el empuje
de la creciente y exponencial industria de la tecnología.
Esta
realidad, hace que las naciones que poseen ingentes recursos minerales deban
poner dentro del radar de sus amenazas, ahora no solo a las compañías
transnacionales petroleras, sino también a las tecnológicas.
Cuando veas
las barbas de tu vecino arder…
Venezuela es
un país que se formó a la sombra de un modelo económico planetario en el que se
le asignó un rol definido por la exportación de sus hidrocarburos. Como toda
nación del tercer mundo, se cotiza en función de los valores que
pueda proporcionar en el juego del mercado internacional y sus commodities.
Se convierte en una joya codiciada por su agua, biodiversidad, hidrocarburos, minerales
preciosos como el oro, pero además de sus minerales estratégicos como el
coltán, el oro azul, sobre el que se sostiene la industria de la tecnología
informática y telefónica actual.
Las reservas
de este mineral en Venezuela aún no se precisan, pero ya se han anunciado
como cuantiosas, y son para el investigador y activista ambiental,
Nelson Muñoz, una variable a observar para entender el comportamiento que
en el futuro tendrán las potencias extranjeras hacia Venezuela.
Las empresas
de hidrocarburos y tecnológicas, explica el experto, están en crecimiento y
estrechamente vinculadas entre sí y dependen fundamentalmente de la extracción
de materias primas. Sin embargo, "es la industria de tecnología
quizás el arma más potente de la geopolítica mundial, desde la extracción hasta
el consumo", apunta Muñoz.
Cuando se
habla de coltán, es indispensable hablar de países como el Congo,
que acumula el 80% del total planetario dicho mineral, lo cual ha generado cruentas
guerras civiles y la destrucción de su ecosistema. Bolivia y Venezuela, a
juicio del especialista representan "un rico manjar" en términos
energéticos para las potencias occidentales. El que hayan erigido proyectos
políticos soberanos, independientes de Washington complican la situación.
"El
ejemplo más cercano lo tenemos con el Gobierno del presidente Chávez, no es un
hecho oculto la participación de actores económicos transnacionales detrás de
la política de agresión contra Venezuela a partir del año 2002, solo por una
variación del modelo de negocio petrolero, al querer crear empresas mixtas con
mayoría accionaria por parte del Estado venezolano y pretender alejarse, luego
del segundo período de gobierno, de los convenios operativos al 100%, a como se
conoce en el negocio petrolero llave en mano. La presencia de coltán en
territorio venezolano representa lo mismo que ha representado la presencia de
petróleo, gas, carbón u oro para un país con una economía soportada en la
extracción de materias primas y que no ha variado fundamentalmente su modelo de
desarrollo, representa una amenaza, bien sea con bolígrafos o con armas, pero
representa una amenaza al derecho de autodeterminación de los pueblos",
señala.
Oportunidad o
amenaza
El expresidente
Hugo Chávez, en 2009, anunció que Venezuela poseería el equivalente a 100.000
millones de dólares en reservas de coltán.
No
obstante, esto no significa para Muñoz una garantía de riqueza automática para
el país. Para ello, sería necesario no solo levantar una infraestructura
industrial que permita transformar los recursos y el aparato productivo
consolidado para no "vivir de la extracción exclusivamente". Un
cambio de mentalidad en las esferas "político, ético, militar,
cultural", que lleve al Gobierno nacional a considerar que no sostenible
en el tiempo servir como "despensa energética y mineral de los intereses
de los grupos económicos de poder según la demanda de los mercados
capitalistas".
"La
riqueza de un país extractivo debe asumirse planificando el techo de la
extracción, eso obliga necesariamente a pensar cómo decrecer y ejecutar
alternativas sostenibles, lo quiera o no porque se trata de reservas finitas.
El gran drama de Venezuela es que esto solo puede hacerse desde la voluntad
política del proyecto de gobierno porque posee suficiente riquezas como para
vender y vender sin agotarse la existencia durante mucho tiempo, revolcándose
en lo que Franz Hinkelammert llamó la 'irracionalidad de lo racionalizado'",
puntualiza el investigador.
La batalla
por el control de las redes 5G
Emiliano Terán,
sociólogo y miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela, se une
al debate en Sputnik, apuntando que "la relación entre la tecnología y
los commodities es directa, una tecnología o un patrón
tecnológico está siempre en relación a un patrón energético". La
geopolítica de los recursos, responde a esta lógica.
Para Terán,
lo que vimos desde el siglo pasado es un esfuerzo por el control "de la
energía que se necesita para ese desarrollo tecnológico, por eso el petróleo ha
sido tan importante en las disputas internacionales. Eso por un lado, luego
tienes minerales estratégicos para nuevas tecnologías que serían las
tecnologías de punta y que quienes la manejan tendrán mayor control del mercado
internacional. Puedes pensar por ejemplo, la tecnología
5G y el desarrollo que ha tenido
China en relación a esa tecnología y la forma
como a los Estados Unidos no le conviene que
esa tecnología crezca porque es una tecnología fundamentalmente china, entonces
hay un nuevo desarrollo en términos de los productos electrodomésticos y
productos electrónicos que con el nuevo patrón de almacenamiento de energía que
tienen, por dar un ejemplo, o los nuevos desarrollos que tienen necesitan otros
minerales como el caso del coltán, que se consiguió en zonas, en el caso
africano, en zonas particulares, en el caso de Venezuela también se ha
conseguido, y cosa similar está pasando con el litio, entonces sí hay una
relación directa entre geopolítica, disputas y tecnologías pero eso siempre en
su relación con los commodities", explica.
La gran
amenaza que vive el país, a juicio del sociólogo venezolano, es que en la
nación suramericana se concentra una cantidad alta de recursos importantes, tal
y como ya lo señalaba con anterioridad, Nelson Muñoz.
"La
misma zona donde hay coltán, es una zona diamantífera, la región de Guaniamo
que está cerca de Parguaza, y por supuesto que tiene incidencia porque además
en el oriente están las concentraciones de oro", detalla Terán.
Sin embargo,
existen particularidades geopolíticas a las cuales se debe
atender a la hora de los análisis, y que además servirían para bosquejar el
mapa general del conflicto provocado por la explotación de los minerales en el
país.
"América
Latina no es África, no tiene las características de desarrollo de los Estados
nación, de las economías, que son extractivismo, ciertamente, pero son
diferentes. Los Estados en África, son Estados mucho más, digamos, fallidos,
que en el caso de América Latina que son repúblicas desde el siglo XIX y no hay
tantas disputas tribales como el caso africano, que son Estados conformados a
lo interno con varias naciones o varios pueblos y esos pueblos estaban en
disputa, era una relación mucho más cruenta y eso hace que los conflictos sean
mucho más intensos y por la propia colonialidad, es un racismo mucho más fuerte
porque es un racismo negro", argumenta.
Terán
considera que Venezuela debe afrontar la relación con la extracción del coltán
desde varias perspectivas. En un primer término, desde cuál será "el
comportamiento del commodity en el mercado internacional ante
la pandemia, porque la pandemia pareciera estar implicando una modificación del
patrón energético que aunque no sabemos hasta cuanto sea, parece ser
determinante". El segundo ámbito es mucho más complejo porque implica una mirada
ecológica de la política.
En este
sentido, aborda de manera muy crítica el proyecto del Arco Minero
del Orinoco pues "sería coronar una
serie de fracasos" que intensificarían lo peor de las características que
la cultura extractivista ha impuesto a la sociedad venezolana en su conjunto,
señala.
Las sanciones que
promueve Estados Unidos y sus aliados de la
Unión Europea no hacen sino complejizar el panorama para el país.
Además de las
iniciativas de bloqueo
financiero para imposibilitar la venta de
petróleo venezolano e incluso el intercambio de hidrocarburos por bienes
esenciales como alimentos o medicinas, la sobrevivencia del Estado venezolano
implica que eche a mano todas las herramientas que le permitan resistir a la
agresión.
🇮🇷🇻🇪 Las
implicancias de la llegada de los barcos petroleros iraníes a Venezuela
Sin embargo,
Emiliano Terán ante este dilema, donde la opción del extractivismo minero
buscaría compensar la falta de entrada de recursos debido a la debilidad que
muestra hoy Venezuela en el ámbito petrolero, plantea otras opciones.
"El
rentismo minero que es mucho menos rentable, mucho más devastador con los
territorios de la naturaleza y que nos va a terminar de meter en una
dependencia horrible, absolutamente terrible, en relación al mercado
internacional, habiendo en Venezuela 30 millones de hectáreas productivas que
no se están aprovechando de la mejor manera, la posibilidad agrícola, pero
además los potenciales turísticos que tiene el país y de otros aspectos de la
economía. Aquí lo que tenemos que dar es un giro radical a un modelo diferente
porque estamos caminando como humanidad, como planeta, como sistema global,
estamos caminando hacia un precipicio. Esto hay que decirlo una y otra vez
porque la situación de Venezuela está dentro del marco de una situación global
muy grave y delicada", puntualiza.
LA OPINIÓN
DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK
