Por José Rafael Zanoni
Para valorar la decisión tomada por la OPEP-PLUS para el
recorte de producción se deben considerar los cambios que ha tenido el mercado
petrolero y el impacto de la pandemia del COVID 19 sobre el sector.
En este sentido presentamos las siguientes ideas
Por el lado de la oferta: El número de productores ha
aumentado con la inclusión de USA que ahora son también exportadores, Rusia ha
consolidado su nivel de producción y la mayoría de la producción que generan
los nuevos incorporados está destinada al consumo interno reduciendo así las
importaciones. Esto ha creado cierta dispersión que hizo que Arabia Saudita
convocara a una reunión de todos los productores para llegar a consensos sobre
el manejo de los niveles de producción; este grupo se conoce con el nombre de
OPEP-PLUS; se lograron en esas reuniones celebradas los acuerdos para recortar
la producción.
Sin embargo, hace pocos meses los sauditas aumentaron
su producción, lo hicieron en razón de frenar la penetración rusa en los
mercados del sureste asiático y para compensar algunos descensos de su ingreso
petrolero que le podrían generar un déficit fiscal; esto produjo una caída
estrepitosa de los precios que llegaron a los niveles más bajos de los últimos
tiempos y provocaron una reacción por parte de sus productores porque los
acuerdos no se cumplían, los americanos también se afectaron porque a eso bajos
precios la producción de petróleo a partir de Esquistos Bituminosos no
era competitiva y debilitaba la capacidad de exportación de los Estados Unidos.
La interpretación de estos eventos nos indica que el control
del mercado por lado de la oferta se ha debilitado y la conducta “monopólica”
de los países de la OPEP tiende a disminuir su influencia en la baja de los
precios.
La historia ha demostrado que estos niveles de recorte o
aumentos de la producción tienen efectos a corto plazo pero se diluyen en el
largo plazo y nunca se logra los niveles de precios que se desea.
También se evidencia que estas medidas ya no producen crisis
como en casos anteriores y muestran algunos cambios en la geopolítica del
petróleo.
Hay que también considerar que estos cambios en el mercado
petrolero facilitan el incremento del consumo de las fuentes energéticas
renovables.
Por el lado de la demanda: La demanda petrolera ha venido
disminuyendo paulatinamente en buena parte motivada por las presiones que
ejercen los que luchan por el cambio climático que han logrado legislaciones,
normas y hasta prohibiciones que limitan el consumo de los combustibles. Las
expectativas levantadas por las inversiones realizadas por la industria
automotriz para la construcción de vehículos que usarían combustibles distintos
s la gasolina y el diésel, también presionan a esta baja de la demanda, que
aunque la aparición de los vehículos eléctricos no ha sido hasta ahora muy
grande, ya se ha gestado un mercado que tiene una tendencia creciente y a
programas para la trasformación de las estaciones de servicio que suministraran
el servicio de electricidad, bombonas, pilas fotovoltaicas, sensores. Esto ha
sido celebrado por los consumidores.
Todo indica que todo evoluciona hacia un mercado impulsado
por la demanda que irá fijando los niveles de oferta aprovechando la
diversificación de las fuentes y abriendo así paso a lo que hemos llamado la
Transición Energética.
En la actualidad (Abril 2020) la pandemia del virus COVID 19
ha tenido repercusiones importantes que han sido originadas por la cuarentena
que ha paralizado la economía, restringido la movilidad y afectado al turismo,
la aviación y la producción, que son centros importantes de consumo petrolero;
el efecto ha sido que la demanda ha disminuido. Las restricciones impuestas
también han permito evidenciar que los hidrocarburos son causantes en
buena parte de la contaminación ambiental, durante este período de
cuarenta la contaminación has disminuido y es probable que al menos al corto
plazo esto siga sucediendo con lo que la demanda puede generar una tendencia a
una baja relativamente alta.
En este contexto la sustitución energética adquiere gran
importancia y aunque se venía desarrollándose lentamente puede avanzar
rápidamente una vez contenida la pandemia. Esto significa cambios muy
importantes en el mercado energético que permitirá un uso mayor de las fuentes
energéticas renovables; en especial porque la nueva configuración del mercado
energético está basada en bienes libres que no se monopolizan y que en algunos
casos pueden ser usados directamente por los consumidores. En un escenario donde
aumenten las inversiones en las economías emergentes poco desarrolladas que
originen un incremento en la capacidad de compra, den relativa estabilidad a
los empleos, en fin, que estimulen el crecimiento económico, la oferta
energética de las fuentes renovable se irá poco a poco convirtiendo en la base
energética de la sociedad.
Es evidente que la pandemia ha creado mucha incertidumbre y
ha agudizado todas las desigualdades existentes, la pobreza, la miseria, la
concentración del ingreso, la distribución de la riqueza, todo lo cual hace que
el capitalismo sea menos sostenible. No es posible saber cuánto tiempo durará
este proceso que permita por una parte detener la propagación del virus y por
la otra relanzar la economía.
Tomando en consideración los planteamientos formulados
podemos evidenciar que al menos en el corto plazo habrá suficiente oferta y la
demanda disminuirá por lo que no parece factible que los precios pueden subir,
a los más y tal vez podrían estabilizarse con una tendencia al baja.
También se evidencia una pérdida del control del mercado por
el lado de la oferta y que sea la demanda el motor que ayude al relanzamiento
después de la tormenta ocasionada por la pandemia. Debe constatarse que una vez
la economía asimile estos impactos, el producto interno bruto crezca y la
economía global se relance. Las nuevas energías que gozan del consenso de la
población porque su uso ayudaría a disminuir las posibilidades de una
catástrofe ambiental, aumenten su participación en el balance energético y
progresivamente se vayan constituyendo en la base energética de la economía.
La pandemia ha golpeado nuestras condiciones de vida pero nos
ha mostrado que la racionalidad debe regir el comportamiento humano respaldado
por la solidaridad y valores éticos y morales que den a la vida esperanzas e
ilusiones.
