Hugo Alconada Mon
Texto tomado de La Nación – Argentina
La pandemia es un problema global que está siendo atendido de
manera local", se lamenta Moisés Naim, con su inusual visión panorámica.
Nació en Libia, es venezolano, se doctoró en Boston, volvió a Caracas y después
se asentó en Washington. Fue funcionario público, dirigió un organismo
multilateral, luego la prestigiosa revista Foreign Policy y desde hace dos
décadas es un reputado analista internacional, experto de consulta a nivel
global y autor de libros elegidos entre los mejores de sus años.
Ahora, Naim cree que el impacto del coronavirus puede ser
mucho peor que todo lo que hemos enfrentado durante décadas. Mucho peor que la
crisis de 2008, por ejemplo. Porque a la crisis humanitaria se sumará, luego,
la debacle económica alimentada por la ausencia de líderes mundiales que
coordinen estrategias y busquen soluciones o, al menos, palien sus efectos más
nocivos. Por eso, dice, "no basta con enfrentar al virus y vencerlo,
también hay que vencer la catástrofe económica que se avecina".
Por eso, si Naim mira el vaso medio lleno, remarca que
"el altruismo no desapareció", lo que puede comprobarse a diario en
los portales de los principales medios del mundo. Pero si mira al vaso medio
vacío, observa que "el multilateralismo es la manera más ineficiente de
operar, pero no hay otra", aunque el G-20 arrastra serios problemas. Se
suman algunos líderes de potencias mundiales que considera nocivos, como el presidente
Donald Trump. "Esta es una época de oro -dice- para los charlatanes".
-¿Qué enseñanzas le ha dejado hasta ahora la pandemia?
-Varias. Una, el hecho de que los gobiernos son
indispensables. En un mundo donde durante tanto tiempo se ha deleznado al
gobierno ahora estamos viendo que los héroes son los funcionarios públicos del
sector salud. Esto es algo nuevo. Pienso en especial en Estados Unidos y otros
países capitalistas donde está el deseo de un gobierno pequeño y la idea de que
lo importante es el sector privado como dínamo de la sociedad. La otra
enseñanza es que estamos viendo actos de solidaridad importantes. El altruismo
no desapareció, no solo pertenece a los libros de poesía. El altruismo en estos
tiempos está en las primeras páginas de los periódicos.
-En sus últimas columnas -destaco una titulada "Todos
somos vecinos"-, usted menciona varios riesgos y posibilidades: xenofobia,
aislacionismo, proteccionismo, populismo y hasta charlatanes, pero también un
aumento positivo del multilateralismo...
-Todos esos riesgos son ciertos y quisiera recoger otro que
creo que es importante y no lo suficientemente discutido. La pandemia es un
problema global que está siendo atendido de manera local. Los que creen que la
globalización no existe solo tienen que ver la trayectoria de la epidemia, cómo
está contaminando a países ricos, pobres, medianos, del norte, del sur. El
virus no respeta fronteras de ningún tipo. Es un virus altamente globalizado.
Por eso, está bien que el virus esté siendo atacado de manera local, en cada
ciudad y cada país. Pero hay una parte económica que necesita coordinación
global. Cuando fue el crash financiero de 2008, se resucitó el G-20, que
incluía a países pobres, como Sudáfrica, junto los países más ricos del mundo.
En aquel momento, el G-20 tomó un rol importantísimo como coordinador de las
reacciones de estos veinte países que permitieron que la crisis de 2008 no
fuera tan demoledora. Fue devastadora, sí, pero fue menos de lo que hubiera
sido sin aquella coordinación internacional. Hoy, esa coordinación no existe.
El presidente del G-20 es Mohammed ben Salman, el príncipe heredero de Arabia
Saudita acusado por el asesinato de un periodista y con quien no hay fáciles
relaciones. También hay una pelea abierta entre Estados Unidos y China, una
guerra comercial que está escalando. Y está la sospecha de Rusia interviniendo
de manera nefasta en los sistemas políticos de otros países. O sea que no están
dadas las realidades del liderazgo internacional necesarias para coordinar una
respuesta a la situación económica catastrófica que está ocurriendo.
-La sensación es que esa coordinación multilateral no
ocurrirá, al menos en el corto plazo. Al contrario, se vislumbra un interés de
Estados Unidos de mirar hacia adentro. En ese contexto podríamos tener un vacío
internacional que agrave los problemas económicos más allá de la pandemia por,
digamos, ¿años?
-[Asiente con la cabeza] Así es, aunque hay otro escenario.
Todos los líderes del mundo están empezando a hablar de manera preocupada
acerca de la crisis económica y de la necesidad de reanimar las economías, de
inyectarles liquidez, de impedir que haya grandes bancarrotas y quiebras de
empresas, que el desempleo no llegue a niveles estratosféricos... todos los
presidentes del mundo están muy preocupados por la situación económica. Por eso
cabe la esperanza de que esa preocupación, ese miedo, los impulse a tomar
decisiones, a trabajar coordinadamente. El multilateralismo es la manera más
ineficiente de operar, pero no hay otra. Tener amigos en este momento es muy
valioso.
-¿Esta doble crisis puede terminar costándoles la presidencia
a Donald Trump, a Andrés López Obrador en México o a Jair Bolsonaro en Brasil,
dados sus abordajes ante la pandemia?
-Sí, yo creo que sí. La salvedad, por supuesto, es que López
Obrador no tiene un segundo período posible, pero sí podría hablarse de su
legitimidad y de su popularidad. A él lo va a afectar mucho la situación
económica de su país, con su política bastante agresiva contra el sector
privado y la manera en que ha enfrentado la pandemia. Eso lo pagará políticamente
en términos de popularidad. En el caso de Trump, creo que sus probabilidades de
ser reelegido son menores de lo que eran antes de la pandemia. Antes era casi
seguro que iba a ser reelegido. Ahora, no tanto.
-Ahora vamos a lo sistémico y de largo plazo. En sus dos
últimos libros de no ficción, Ilícito y El fin del poder , aborda las
dificultades que afrontan los Estados y marca "la necesidad de hallar
nuevos modos de concebir la soberanía". ¿La pandemia refuerza su visión,
la corrige, la consolida?
-[Arquea las cejas] Es muy temprano todavía. Mi miedo es que
este tipo de eventos aumente la propensión al autoritarismo. A raíz de esto
pueden darse respuestas autocráticas, dictatoriales y conculcarse los derechos
civiles de la gente. Hay que proteger a la democracia en circunstancias en que
la gente desesperada, ansiosa, preocupada y asustada está dispuesta a hacer
concesiones a sus derechos, a las libertades políticas propias de una
democracia. Y puede haber gobiernos que caigan en las grandes tentaciones de
aprovecharse de esos miedos en momentos en que el proteccionismo puede matar.
-Falta de liderazgo y, en ciertos países, un notable
desprecio a las recomendaciones científicas...
-Debemos traer a los científicos al centro de la conversación
y respetar sus ideas más que las de los políticos. ¡No quiero que esta epidemia
sea manejada por los políticos; quiero que sea manejada por los mejores
epidemiólogos del mundo!
-El problema, parafraseando una de sus últimas columnas, no
es que abunden las teorías conspirativas o los "charlatanes de
feria", ¡sino que hay muchos que les creen!
-Sí, he estado fascinado durante mucho tiempo con los
seguidores de los charlatanes. He escrito varias columnas preguntándome cómo es
posible que les crean a estos charlatanes totales. The Washington Post tiene un
departamento de periodistas dedicado a verificar las afirmaciones de Trump y
registra que diariamente el presidente miente. Sin embargo, eso es rechazado
por sus seguidores porque no tiene que ver con evidencias con la verdad, sino
con sentimientos muy fuertes de afiliación con esos charlatanes. Lo que me
sorprende es que muchos seguidores son gente sofisticada, informada, viajada,
leída. Esta es una época de oro para los charlatanes.
-Creo que acaba de darme un gran título: "Esta es una
época de oro para los charlatanes".
-[Sonríe y asiente con la cabeza] Así es. Y lamentamos a sus
seguidores.
Desempolvar el Amor en los tiempos del cólera
-Dado que los argentinos están forzados a permanecer en sus casas
desde hace semanas, ¿qué libros, series o películas les recomienda leer o mirar
para "aprovechar" la cuarentena? ¿Qué está leyendo o viendo usted
ahora?
-Estoy releyendo un libro obligatorio en estos tiempos que se
llama El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, un libro de
ficción que ocurre en medio de una peste. Hay párrafos que verdaderamente me
sacuden. Se lo recomiendo a quienes no lo hayan leído y creo que para quienes
ya lo han leído es hora ya de desempolvarlo y volverlo a leer. Y luego estoy
leyendo un libro que me ha interesado mucho, El triunfo de la duda. Dinero
oscuro y la ciencia del engaño, de David Michaels. Esto responde a una
inquietud que he tenido en los últimos tiempos, que es el desprecio de los
hechos, de la ciencia, de los expertos que ha demostrado el populismo, con su
supuesta lucha en defensa del pueblo en teoría maltratado por expertos. En
cuanto a televisión, recomiendo estas dos series: Homeland y Succession.
Moisés Naim. Nacido en Venezuela, en 1952, se
doctoró en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en
inglés), y entre 1989 y 1990 fue ministro de Industria y Comercio de su país.
Exdirector ejecutivo del Banco Mundial, es miembro del Carnegie Endowment for
Internacional Peace, el InterAmerican Dialogue, el World Economic Forum y el
Council of Foreign Relations. Ganador de múltiples premios internacionales, es
autor de quince libros; entre ellos, Ilícito, elegido por The Washington Post
uno de los mejores libros de 2005, y El fin del poder, también elegido por el
Post y The Financial Times como uno de los mejores de 2013. Director de la
revista Foreign Policy durante 14 años, sus columnas se publican en El País, de
España, y La Repubblica, de Italia, entre otros diarios y revistas del mundo.
