Por Laura
Valls*
Me siento
frente a la computadora para escribir como una forma de protesta de una ciudadana más de este país; por
lo que oigo, por lo que leo o por lo que veo en las redes sociales, radio o TV
aquí en mi encierro, en un lugar lejano del centro de la cuidad donde vivo, o
cuando salgo, una vez a la semana, a comprar los alimentos; la gente se queja,
opina y hasta llora por todas estas durísimas circunstancias que nos ha tocado
vivir. Además, para completar el cuadro, observo las colas gigantescas de
vehículos esperando varios días para surtirse de gasolina. En algunas
estaciones de servicio, veo vehículos con números en sus vidrios y me dicen que
sus dueños deben tener, además de una paciencia infinita, dólares en el
bolsillo para poder llenar el tanque de combustible del carro.
Otros municipios están peor que el mío: sin
electricidad, sin agua, sin gas, sin seguridad. Oh Dios, que hacer, a quien
acudir, donde reclamar, ¿en la radio, en los periódicos (a los poquitos que
quedan), en las redes, en los portales digitales? La realidad de nosotros, los
ciudadanos de este país más allá
covid-19, es que estamos indefensos, la estructura gubernamental está en manos del gobierno, pero ¿para
proteger a quién? Será a la policía, a la Guardia Nacional, a los militares...
Los venezolanos, día a día, somos abusados, de
una u otra forma, por algún cuerpo del “orden”. Aquí no hay Estado de Derecho,
pareciera que estamos pagando nuestra indiferencia como ciudadanos, por no
haber cumplido con nuestras obligaciones frente a la República, estamos pagando
haber permitido que la corrupción se hiciera parte de nuestras vidas dejándola
actuar a sus anchas o corrompiendo funcionarios, no importa la jerarquía, con la excusa de resolver,
acepamos al corrupto y lo sentamos en nuestra mesa; siempre permisivos ante el
dólar a ganar. ¿La excusa? Cualquiera, no importa.
Y hoy estamos frente a este desastre,
más allá del covid-19, lo repito. Con absoluta convicción afirmo, esto no solo
es culpa del gobierno, es también, en menor medida, claro está, culpa de todos nosotros,
y hoy pretendemos que vengan de afuera a resolver nuestros problemas.
Todos los ciudadanos debemos impulsar desde
cada uno de nuestros espacios un acuerdo nacional para salir de esta crisis sin
un final trágico, debemos participar de todo espacio político y de lucha social
donde seamos llamados, debemos y tenemos la obligación de socorrer a la patria,
de recuperar al país, de construir una República de ciudadanos decentes,
honestos, cumplidores de sus obligaciones y dejar de ser zombis que sobreviven
con una caja o un bono, no, los venezolanos somos mucho más que eso, nuestro
país es mucho más que un pedazo de tierra llena de canallas; somos patria de
libertadores, sabios, científicos, de
gente buena que no se resigna a la injusticia, al desatino, a la violencia. Es
hora de cambiar al país y la alternativa está en nuestras manos.
*Abogada, exdiputada a la Asamblea Nacional,
dirigente de Alternativa 1, la Venezuela que viene.
