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Milenios antes de la pandemia de COVID-19 y del papel
higiénico como efigie del apocalipsis, la limpieza personal en la Antigüedad
era bastante más dolorosa de lo que imaginamos. Sin papel doble hoja, aloe ni
perfumes florales. Sin papel simplemente, ir al baño era cuestión de coraje y
valentía.
Entre la urgencia y la especulación, productos como el gel desinfectante o los tapabocas comenzaron a
escasear al comienzo de la pandemia de coronavirus. Pero el papel higiénico también fue protagonista de las
crónicas de desabastecimiento de supermercados.
Ante la incredulidad y las quejas, cabe preguntarse cómo
nuestros antepasados sobrevivieron a la falta de este implemento de higiene.
Palos, esponjas y pedazos de cerámica
Tersorium o xylospongium
Durante la Antigüedad clásica grecorromana (siglo V a. C. al
II d. C.), las personas utilizaban el tersorium o xylospongium para limpiarse la zona circundante al ano. Consistía en una
varita con una esponja vegetal en uno de sus extremos. Luego de la limpieza
personal, era depositado en un recipiente que contenía agua con sal o vinagre.
Baste para informar que en las letrinas o baños públicos, el tersorium era
—inevitablemente— compartido por todos los usuarios.
En las antiguas ciudades romanas eran comunes los baños
públicos.
Las personas se sentarían una junto a la otra sin privacidad alguna; si el papel higiénico aún no existía. ¿Qué usaban entonces? Un “tersorium”: una esponja mojada atada a un palo que a su vez era compartida.
Algo similar ocurría en China, donde hace unos 2.000
utilizaban palos de madera o bambú envueltos en tela para higienizarse.
