Por Jaime
Iturri Salmón - Imagen: AFP
La presidenta
de facto no puede dormir tranquila. La semana pasada fue de espanto para ella.
Fue expulsada de El Alto por una multitud, ciudad donde se perpetró una de las
dos masacres que acontecieron poco después de que asumiera el poder. El jueves
5 de marzo tuvo que salir con chaleco antibalas y a la carrera mientras la
muchedumbre incluso destrozó los vidrios del vehículo del ministro de Educación
Víctor Hugo Cárdenas con la explosión de un cachorro de dinamita.
La periodista
boliviano-argentina Verónica Zapata escribió: “Como todo delincuente
que vuelve a la escena del crimen, se presentó custodiada de cientos de
policías y militares para participar de una sesión de honor en el Consejo
Municipal por el 35° aniversario de la fundación de El Alto que se cumple el
día 6 de marzo.” Y doña Jeanine acaba de descubrir que el crimen no
paga, que la gente recuerda, que los alteños piensan que sus muertos no se
negocian. En resumen: que Senkata no se olvida.
Por supuesto,
el viernes ya no asistió a nuevos desfiles. Hubiera sido una provocación. Los
alteños no la quieren y se lo hicieron saber. Lo propio al excandidato por su
partido Óscar Ortiz que en Senkata durante la sesión de la cámara de senadores
también salió a las corridas y resguardado por la policía. “Asesina, asesina,
asesina” gritaban miles de alteños a la presidenta y “motines, motines,
motines” a los policías.
Pero además
el viernes tenía que asistir a un tercer llamado del congreso a dar su informe
el ministro de Defensa Fernando López, quien fuera el operador de Luis Fernando
Camacho con los militares para que estos dieran el golpe de estado, según las
propias declaraciones del ex líder cívico. López nuevamente no asistió y a los
senadores y diputados se les acabó la paciencia. Lo censuraron por más de dos
tercios y según la Constitución Política del Estado eso significa su
destitución inmediata.
Y el próximo
en la lista es el nada menos que Arturo Murillo, el hombre de la represión y
muy íntimo allegado a Añez que debe elegir entre presentarse y que le hagan
preguntas incómodas o dejar de ir y que lo censuren. Si se presenta también
puede recibir la sanción del congreso y si son dos tercios deberá dejar el
puesto.
Añez debe
escoger entre hacer caso a la Constitución y deshacerse de uno (quizá dos) de
sus hombres fuertes en el manejo del miedo o ella misma poder ir a juicio de
responsabilidades. Mientras, en el Movimiento al Socialismo se han soldado las
fisuras. Y aún los más concertadores de los diputados y senadores que algún
momento pactaron con el poder golpista, saben que su futuro político depende de
con que fuerza condenen al régimen. Y cada vez que leen las encuestas la idea
se afirma.
No, no son
buenos momentos para la presidenta golpista más si sumamos que los campesinos
le han dado 72 horas para que deposite el dinero para que continúen funcionando
400 proyectos que han quedado detenidos en su gestión y los maestros preparan
sendos paros (el viernes hubo uno masivo en Sacaba, donde se cometió otra
masacre) exigiendo mayores ítems para compensar el crecimiento vegetativo de
los alumnos, algo que el ministro de hacienda, José Luis Parada, ha rechazado.
El nieto de
Mahadma Gandhi, Aroun, decía que: “Hemos encontrado que la forma más fácil de
controlar a la gente es a través del miedo y entre más miedo puedas infundir en
la gente, más control puedes tener.” Pero eso ya no funciona en la Bolivia
preelectoral que le ha perdido el miedo a la represión y con la llegada de 100
observadores de la Unión Europea y la arremetida de organizaciones defensoras
de los Derechos Humanos en contra de las matanzas ordenadas por Añez, esta no
puede darse el lujo de un muerto más por la represión.
En resumen,
lo que la llevó al poder ahora no sirve de receta. Sin ser médicos ya sabemos
que pronto Jeanine deberá tomar pastillas para dormir si no lo está haciendo
ya.
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Argentina.
