Estudió Economía en la Universidad
Central de Venezuela y ejerció como periodista por más de medio siglo. Fue,
probablemente, el venezolano que dio más entrevistas a medios extranjeros
durante toda su vida, en inglés y en francés. Teodoro Petkoff nació en
Maracaibo el 3 de enero de 1932. Al comentar su fallecimiento, más de un
periódico de habla inglesa lo calificó de “gigante”, como político y como
intelectual. Pero todavía no sabemos bien quién fue Teodoro Petkoff, el hombre
que enfrentó a los dos tiranos de quienes fue contemporáneo.
Milagros Socorro / La Gran
Aldea.
A su muerte, el 31 de octubre de
2018, el diario colombiano El Tiempo publicó un obituario de
Teodoro Petkoff, firmado por la periodista venezolana Valentina Lares Martiz,
disponible en Internet con un vínculo que pone: Quién era Teodoro Petkoff. Y
claro que esa pregunta aplica para la audiencia de ese periódico, muy
informada, pero finalmente no conciudadana del personaje: Los lectores de El
Tiempo pueden estar familiarizados con ese nombre, pero no saben exactamente
quién era el individuo. Ahora, resulta que esa interrogante puede formularse en
Venezuela, su país, donde tuvo posiciones destacadas por ¿50? ¿60? Años, y aún
no saberse con exactitud quién era Teodoro Petkoff Maleç.
Lo entrevisté varias veces, coincidí
con él en reuniones y muchas otras lo visité para consultarlo acerca de sus
múltiples áreas de conocimiento, que, por cierto, compartía con inmensa
generosidad. Y siempre tuve la impresión de estar ante un ensimismado. Incluso,
cuando explicaba alguna cuestión, me parecía que Teodoro Petkoff estaba
allí y en otra parte: En su mundo. Que si estaba hablando de algo, parte de su
imaginación estaba poniendo en duda lo que acababa de afirmar o que las cosas,
sí eran de esa manera, pero también podían ser de otra. Pocas veces se habrá
visto un candidato a un cargo político tan volcado hacia adentro como Teodoro
Petkoff. Era como si a cada rato regresara de largos viajes por sus
pensamientos y, al caer en cuenta de que estaba rodeado de gente que esperaba
algo de él, se planteara: Ya va, qué hago yo aquí. Alguien me contó que lo
había tenido de vecino de mesa en una cena en casa de un importante editor de
periódicos, y que el ex guerrillero no sólo no había elogiado los platos (era
austero en las comidas, jamás procuraba exquisiteces ni las distinguía mucho
que digamos) ni participado casi en la charla sino que no se había molestado en
disimular su aburrimiento.
Siempre tuve una tesis. Yo creo
que Teodoro Petkoff era un escritor. No sé en qué género, pero
sí que era básicamente alguien que ‘lee y escribe’. Alguien que está
escribiendo todo en su mente. En una de esas entrevistas, me confirmó que,
cuando estuvo preso en el Cuartel San Carlos, escribió una novela, que muy
rápidamente le pareció malísima. Con el agravante de que luego concluyó que
jamás sería un Gabriel García Márquez. Una tontería, no sólo porque
muy pocos alcanzan la estatura del genio de Aracataca, sino porque
cada escritor es como es y ya. Pero él no lo vio así, y no insistió con la
ficción. De la novela creo que no quedó una copia, pero alguien debe tener una
colección de relatos de Petkoff que todavía está inédita. Hay
que publicar eso.
“Político e intelectual, Teodoro
Petkoff fue el hombre que enfrentó a los dos tiranos de quienes fue
contemporáneo”
Entonces, Teodoro Petkoff era
catire, y mucho, cuando todo el mundo era negro, y mucho: Tras nacer en Maracaibo,
el 3 de enero de 1932, vivió sus primeros años en El Batey, uno de
los pocos enclaves negros de Venezuela. Era abstemio y desentendido de la
música popular donde todo el mundo… bueno, en Venezuela. Fue un
estudiante excepcional. ‘El más grande demócrata en la izquierda
latinoamericana’, como sentenció Enrique Krauze, Petkoff era un político que,
en realidad, no ambicionaba el poder para él.
Culto y gran lector en un medio de repetidores de
consignas y, en fin, de muy pocas lecturas. Pero en el mundo de los lectores
venezolanos era uno de los pocos que conocía el país palmo a palmo. Además, si
fuera poco, era valiente en lo intelectual (no le hurtaba el vuelco a un
volantazo cuando había que darlo) y demostró en reiteradas ocasiones su coraje
físico. Centro de la atención de las multitudes y blanco de muchas envidias,
reparaba poco en los demás; estoy segura de que Petkoff no
llegó a enterarse ni de la décima parte de las infamias que acerca de él
inventaban los muchos que lo observaban llenos de celos.
Sin una gota de sangre criolla, hijo
de búlgaro y judía polaca proveniente de un hogar hassidim
(ultraortodoxo), era un apasionado de Venezuela, de todo lo
venezolano (ya dijimos que, a excepción de la gastronomía demorada y laboriosa,
y del musicón nacional), de la variedad geográfica y humana de Venezuela, de su
tradición literaria y artística, así como del español de Venezuela, cuyos
modismos conocía y usaba, incluso en ámbitos formales. “Me da muchísimo gusto
sentirme tan entrañablemente venezolano”, me dijo en una entrevista.
“Culto y gran lector en un medio de
repetidores de consignas, en el mundo de los lectores venezolanos Teodoro
Petkoff era uno de los pocos que conocía el país palmo a palmo”
Petkoff no fue novelista porque
careciera de talento para ello, sino porque le hurtó horas y energía a la
escritura para dedicárselas a la vida: Tuvo una vida novelesca.
Incluso en los últimos años de su existencia, cuando ya estaba mayor y exhausto,
hubo de encarar, como escribió Alfredo Meza para CNN, “la amargura de
presentarse cada semana ante un tribunal, que le había impedido salir del país
debido a dos demandas (por difamación agravada y difamación agravada
continuada) interpuestas, entre 2014 y 2015, por el hoy presidente de la
Asamblea Nacional Constituyente, Diosdado Cabello, contra Tal Cual,
el diario que editaba”. Eso no le impidió recibir premios
internacionales, que aceptaba desde Caracas y por
Internet, ni lo llevó a doblegarse.
Estudió Economía en la Universidad
Central de Venezuela (UCV) y ejerció como periodista por más de
medio siglo. Fue, probablemente, el venezolano que dio más entrevistas a medios
extranjeros durante toda su vida, en inglés y en francés (el alemán sólo lo
leía y el ruso, que se hablaba en su casa de infancia, no lo dominaba hasta ese
punto).
Al comentar su fallecimiento, más de
un periódico de habla inglesa lo calificó de “gigante”, como político y
como intelectual. Probablemente, lo fue. Pero todavía no sabemos
bien quién fue Teodoro Petkoff, el hombre que enfrentó a los dos
tiranos de quienes fue contemporáneo.
