- Científicos del Instituto de Biología Evolutiva han
generado la secuencia genómica completa de la extinta cotorra de Carolina
a partir de un espécimen femenino parte de una colección privada de
Espinelves (Girona).
Los investigadores exploraron el
genoma en busca de signos presentes en especies en peligro de extinción pero no
los encontraron, lo que sugiere que la extinción de la cotorra de Carolina fue
un proceso abrupto y, por lo tanto, únicamente atribuible a causas humanas.
La cotorra de Carolina (Conuropsis
carolinensis) es un ave icónica de América del Norte declarada extinta a
principios del siglo XX, después de la muerte del último espécimen en el
zoológico de Cincinnati en 1918.
Era el miembro de la familia de los
loros que vivía en la latitud norte más alta del planeta, y se
distribuyó desde el sur de Nueva Inglaterra hasta el Golfo de México, y hasta
el este de Colorado. Tenía un patrón de color llamativo: verde en el cuerpo,
amarillo en la cabeza y naranja en la cara.
A pesar de volar en bandadas ruidosas
de cientos de individuos, su caza intensiva fue habitual durante las últimas
décadas del siglo XIX, en parte para obtener sus plumas y utilizarlas como
decoración de sombreros.
Aún así, la causa de su extinción
sigue siendo polémica: aunque su mortalidad excesiva bien podría estar asociada
a su reciente destrucción del hábitat y a su caza activa, su supervivencia
también podría haberse visto afectada negativamente por su distribución cada
vez más irregular o por la exposición a patógenos avícolas.
Ahora, un equipo internacional de
investigación, dirigido por el profesor de investigación del IBE Carles
Lalueza-Fox y el profesor del Globe Institute M. Thomas P. Gilbert, ha
reconstruido el primer genoma completo de la extinta cotorra
de Carolina, revelando la historia evolutiva y la posible causa de la extinción
de esta ave paradigmática.
Los investigadores muestrearon el
hueso de la tibia y las almohadillas de los dedos de un espécimen naturalizado
preservado en una colección privada en Espinelves (Girona, España) que fue
recolectada por el naturalista catalán Marià Masferrer (1856-1923). Para mapear
el genoma completo del ave extinta, tuvieron que secuenciar primero el genoma
de un pariente vivo cercano, la Aratinga solstitialis o
cotorrita del sol de América del Sur.
El análisis genómico de ambos genomas
junto con cientos de otros genomas aviares determinó que la cotorra de Carolina
y la cotorrita del sol divergieron hace unos 3 millones de años, coincidiendo
con el cierre del Istmo de Panamá.
La cotorra de Carolina sentía
especial predilección por comer las semillas de Xanthium,
una planta que contiene una poderosa sustancia tóxica que no parecía
afectar al ave, pero que la hacía notablemente tóxica para sus depredadores. El
análisis genómico reveló una posible adaptación a esta dieta a base de Xanthium en
dos proteínas extremadamente conservadas que se sabe que interactúan con esta
sustancia.
Reconstruir la historia de una
extinción
Los investigadores también exploraron
el genoma en busca de signos de endogamia y disminución de la población que a
veces se encuentran en especies en peligro de extinción, pero no los
encontraron, lo que sugiere que su rápida extinción fue
principalmente un proceso mediado por el ser humano. Ahora, los expertos se
preguntan si sería posible la desextinción de la cotorra de
Carolina.
"A pesar de que la cotorra de
Carolina aparece en todas las listas de posibles desextinciones,
encontramos cientos de cambios genéticos que se predice serían perjudiciales
para su pariente vivo más cercano, la cotorrita del sol, lo que indica las
enormes dificultades de emprender este proceso", comenta Lalueza-Fox.
La metodología desarrollada para
reconstruir la historia de la extinción de este ave en el genoma podría
emplearse en el futuro para prever otras posibles extinciones
relacionadas con el ser humano y para proteger otras especies en
peligro de extinción mediante la aplicación de planes de conservación a tiempo.
"Podemos usar la genómica para
estudiar la dinámica de otros procesos de extinción e inferir si son totalmente
causados por humanos, porque los descensos demográficos a largo plazo dejan
señales específicas en los genomas de las especies", concluye Lalueza-Fox.
Fuente: SINC
