Humberto
Seijas Pittaluga
Recientemente,
alguien a quien no tengo el honor de conocer me arguye: “Las FAN no sirven para
apoyar ningún movimiento por su carencia de disciplina, preparación y equipos”.
Y luego me pregunta: “¿Son las mismas FAN que, hasta ahora, han contribuido a
la imbatibilidad de los rojos usurpadores?”. Lo he pensado mucho para contestar. Porque
puede traerme consecuencias y porque no será fácil resumir la respuesta en solo
novecientas palabras.
Cuando yo era niño,
mi mamá me explicó que la persona inteligente es aquella que puede encontrar semejanzas
donde los demás no encuentran sino diferencias, y viceversa. Por eso es que creo que, a nuestro nivel, lo
peor que podemos hacer es estereotipar; no encontrar disimilitudes. Sin embargo, resulta que para algunos
autonombrados salvadores de la patria, todos los integrantes de las Fuerzas Armadas
—me niego a ponerle el remoquete de “bolivarianas” porque no es así como las
designa la Constitución— están podridos, vendidos por treinta monedas; que son
individuos que se solazan torturando y matando escuálidos. Y eso no es verdad. Porque siempre se dijo que en ellas están
representados todos los venezolanos.
Para ponerlo en el lenguaje de las estadísticas muestrales; que equis
barra grande es igual a equis barra pequeña; que el universo y la muestra son
prácticamente iguales. O sea, que dentro
del estamento militar, la gran mayoría de sus integrantes piensa igual que
nosotros, los que adversamos al régimen y al usurpador. Y tiene que ser así porque ellos y sus
familias sufren idénticas carencias que las del resto de la población. No importa cuánto traten de lavarle el
cerebro los comisarios políticos dentro de los cuarteles, cuando llegan a sus
casas se encuentran con que no hay leche para el tetero del hijo, que la dieta
es en extremo magra, que no se consigue el medicamento que requiere el padre
diabético.
Los come-candela
que desean verlos alzados en armas —especialmente los guerreros del teclado que
escriben desde Madrid, Miami y otras ciudades del mundo civilizado— no toman en
cuenta ciertas variables que son de capital importancia.
Primero, hay que recordar
que están aprisionados por un sistema perverso impuesto por Boves II (pero diseñado
y sugerido por Fidel) que es una chaqueta de fuerza. ¿Recuerdan que alguna vez aquel dijo en cadena
que “meritocracia” e “institucionalidad” eran malas palabras? ¿Y que procedió a retirar, exilar, aprisionar
y hasta mandar a matar a cualquiera que sobresaliera del montón? Ni su compadre
Baduel, su salvador, se salvó. Todavía
está preso. ¿Se acuerdan de que empezó a
cundir la cúpula organizacional con mediocres —los últimos de los cuadros de
mérito— a quienes corrompió fácilmente y chantajeó inmediatamente después: o
sigues obedeciendo y recibiendo el dinero que te doy, o yo muestro la factura
chimba, la foto inconveniente, y te destruyo? Muchos de esos son los que conforman la cúpula
actual, venal, vendida, que no deja ni respirar a los subalternos.
Después, no hay
que olvidar al aparato de inteligencia cubano, reforzado por criollos fanáticos,
que controla todo lo que sucede en las reparticiones militares. Son gente que
no tiene escrúpulo alguno en recurrir a medios no tan legales para mantener la
“normalidad” dentro de los cuarteles. En
eso, se apoyan en una justicia militar (minúsculas ex profeso) que no ha
entendido que “la mejor Constitución del mundo” hizo inexequibles varios de los
artículos del Código Orgánico de Justicia Militar,
empezando por la forma en que deben ser designados jueces y fiscales, y que
establece muy taxativamente cuáles son los delitos que pueden ser juzgados por
ellos. Hay cientos de personas,
militares y civiles, encarcelados sin siquiera haber una evidencia seria de la
comisión de contravención alguna.
También es cierto,
eso no puede ser negado, que las FFAA han perdido profesionalización. Adrede,
diseñado por el barbudo cubano para sus fines aviesos. El tiempo en que la tropa y los oficiales
debieran estar practicando sus destrezas, se pierde en charlas de adoctrinamiento
en socialismo y de alabanza al bojotudo cucuteño. A eso, añádasele la creación de una “milicia”,
que no es sino el brazo armado del PSUV, para amenazar a las verdaderas
unidades militares. A tropas ascendidas
a oficiales sin proveerles formación académica, que no tienen nada en la cabeza,
pero a las que se les exige lealtad perruna. A una lenidad diseñada a propósito en la
aplicación de la disciplina correctiva. A los intentos de lavado de cerebro
mediante cursos de posgrado en países “amigos”. Antes se mandaba a la
oficialidad a USA, España, Italia, Francia, Inglaterra, Alemania. Países que podían enseñarnos algo. Ahora los mandan, ¡válgame Dios!, para
Nicaragua y Cuba…
Aún con todos esos
antecedentes, sigo creyendo en que dentro del estamento militar no se ha
perdido todo. Que todavía hay
institucionalidad y rectitud en la mayoría de los oficiales. Pero, por la carga estereotípica de la que
hablaba al comienzo y que les han montado a sus espaldas, no creo que se
sientan muy dados a correr los riesgos que enumeré más arriba y apoyar los
esfuerzos que hace la mayoría de sus paisanos para recuperar la rectitud en el
manejo de la cosa pública. No perdamos
de vista que hay casi doscientos oficiales presos sin que se les siga causa. Y
que si se les sigue, con los jueces y fiscales actuales, tengan posibilidades
de lograr su libertad.
En vez de
antagonizar con criterios estereotípicos, lo que debiéramos hacer es tratar de diferenciar
y ganarnos a los que demuestren rectitud no contaminada por los malos ejemplos
de sus superiores. Si no, jamás estarán del lado correcto de la historia.
