Andrew Rosati
/ Bloomberg – Tomado de yahoo.es
(Bloomberg)
-- Nota del editor: Hay pocos lugares tan caóticos o peligrosos como Venezuela.
"La vida en Caracas" es una serie de historias cortas que buscan
mostrar la calidad de vida surrealista en un país en completo desorden.
Solíamos
verlos rara vez en público. Quizás un camarero dispuesto a arriesgarse los
aceptaba si el precio era el correcto. Turistas aficionados los mostraban en el
aeropuerto. Vendedores ambulantes hacían ofertas por ellos en voz baja.
Actualmente,
los dólares estadounidenses están en todas partes. Llenan los cajones de los
cajeros en supermercados y bodegas e incluso se pueden ver en manos de
mendigos. Los adinerados pagan a los valet con billetes de US$1 y sacan fajos
de US$20 para comprar cerveza. Operadores de divisas se instalan despreocupados
en calles concurridas de los barrios marginales y gritan: "Compro dólares,
compro dólares".
Como el
bolívar casi no tiene valor tras ser condenado a la irrelevancia por el régimen
de Nicolás Maduro, el dinero impreso por los gringos a los que tanto critica se
ha convertido en rey. Va más allá de lo irónico que los billetes con el retrato
de George Washington y Benjamin Franklin y no los nacionales que llevan el
nombre del héroe de la independencia sudamericana mantengan la economía de
consumo a flote.
Hasta hace
poco, el uso de dinero extranjero era un delito. Luego de que los socialistas
gobernantes establecieran controles monetarios en 2003, comenzaron a fiscalizar
las transacciones para garantizar que no infringieran sus reglas kafkianas
sobre el dinero. Inspectores llevaban a cabo operaciones encubiertas y
allanaban negocios.
Si bien muy
pocas personas terminaron tras las rejas, el gobierno definitivamente logró
asustar a todos. Guardábamos los billetes por temor a enviar señales a
secuestradores y policías. Hablábamos en código y los llamábamos
"lechugas" y "verdes".
Realicé
algunas transacciones en dólares en aquellos tiempos, cambiando efectivo en la
cocina de un restaurante o en una oficina vacía. Los destinatarios de mis
billetes cerraban nerviosos ventanas y puertas mientras me alejaban de miradas
indiscretas.
Recién cuando
la inflación alcanzó los seis dígitos y el hambre se generalizó el régimen
finalmente comenzó a desmantelar la complicada maraña de controles. Ahora las
autoridades no parpadean cuando ven dólares. El gobierno ya no está en
condiciones de dictar los términos comerciales. Su socialismo del siglo XXI dio
paso al capitalismo salvaje.
La
flexibilización de los controles que comenzó en agosto pasado fue bien recibida
por todos aquellos cansados de la enorme cantidad de ceros en las transacciones
hechas con el bolívar, para las cuales transportaban fajos de billetes sin
valor y rezaban a ver si el lector de tarjetas de crédito funcionaba. Ahora se
puede usar dinero real. No es tan difícil para nadie, sea rico o pobre,
conseguir dólares. Las personas los ingresan al país luego de visitar
localidades fronterizas en Colombia y Brasil o tras viajar al extranjero.
Fue el gran
apagón, cuando la mayor parte de Venezuela careció de electricidad y un sistema
bancario en funcionamiento, el que aceleró la dolarización de facto de la
economía del país. En la oscuridad, andar con moneda dura era la única forma de
hacer cualquier tipo de compra con éxito.
Una vez que
las luces finalmente volvieron a encenderse, algunas tiendas y restaurantes
siguieron mostrando precios en dólares. Ahora en las tiendas especializadas que
han ido apareciendo en el este de Caracas, que ofrecen desde Fruit Loops hasta
galletas caseras y botellas de Budweiser, los empleados le informan que aceptan
con gusto una transferencia electrónica a través de Zelle o PayPal si no tiene
efectivo.
De acuerdo
con los cálculos de un alto ejecutivo bancario, en la actualidad cerca del 30%
de las transacciones totales se realizan en dólares. Me sorprendería si ese
porcentaje no sigue creciendo. Todo esto comienza a quitar relevancia a uno de
los grandes debates teóricos en los círculos opositores: la decisión de adoptar
o no el dólar como moneda venezolana si finalmente logran derrocar a los
socialistas. La gente ya eligió.
Nota Original:Once-Forbidden U.S. Dollar Is Suddenly
Everywhere in Venezuela
--Con la
colaboración de Fabiola Zerpa y Daniel Cancel.
Editores
responsables de la nota original: David Papadopoulos,
papadopoulos@bloomberg.net, Anne Reifenberg
