A los 83 años murió la actriz ícono del cine erótico argentino.
Protagonizó decenas de películas entre los años ’50 y ’60 dirigidas por su
pareja, el cineasta Armando Bo. Participó de los éxitos "Carne",
"La leona" y "La diosa impura".
Siempre en el
mundo del cine argentino hubo rivalidades, algunas sin los rencores de las
figuras actuales. Como, por ejemplo, la que hubo hace muchos años entre la
rubia Libertad Leblanc y la morocha Isabel Sarli. La pregunta que sobrevolaba
era: ¿Quién es más diosa: la "diosa blanca" o la "diosa
trigueña"? Más allá de las competencias y aspiraciones personales, resulta
difícil imaginar si se hubiera desarrollado un cine erótico en la Argentina sin
la presencia de Isabel Sarli. Hoy, a los 83 años, “La Coca” --como todos la
conocían-- falleció en el Hospital Central de San Isidro, donde había estado
internada desde hace unas semanas, y tras una operación de fractura de cadera
meses atrás, de la que había quedado muy debilitada. Esta vez, la Coca Sarli no
pudo superar una situación delicada, como sí lo había logrado en 1992 cuando le
detectaron un tumor cerebral, obligando a una cirugía de urgencia, de la que
pudo recuperarse favorablemente. Sin embargo, ante su muerte, renace en el cine
argentino el mito de la mujer que provocó las fantasías de jóvenes y adultos
con esa delantera que dio mucho que hablar...y otras cosas.
Es imposible
mencionar a Isabel Sarli, sin pronunciar el nombre de Armando Bo, del que fue
su musa inspiradora. Sarli y Bo compartieron casi 26 años de relación, aunque
nunca fue “legal” ya que durante esas décadas el director estuvo casado
formalmente con otra mujer. Fue lo que, en aquellos tiempos, se denominaba
“amor prohibido”.
“Nosotros no tuvimos hijos porque a mí me hacía estremecer el
dolor de las mujeres en los partos que vi en el cine. Pero también porque él
decía que no podía haber una sexy embarazada y que nuestros hijos eran las
películas. Y tenía razón, ¿no? Porque yo tenía que trabajar, trabajar y
trabajar”, confesaba La Coca hace unas décadas. Eran, claro, épocas en que el
machismo no estaba tan mal visto en una sociedad tradicionalista y la
cosificación de la mujer era moneda corriente tanto en la pantalla grande como
en la vida social. De todos modos, Sarli pudo sacarle provecho a la época que
le tocó actuar dejando muletillas que quedarán grabadas para siempre en quienes
vieron algunas de sus películas: "¿Qué pretende usted de mí?" o el
vehemente "¡Canalla!". En tiempos de falsa moral burguesa, la Coca
Sarli filmó una de las primeras escenas de relación lésbica en el cine
argentino. “Eres una mezcla de ángel y demonio”, le decía la actriz Bárbara
Mujica en la película Fuego, de 1968, frente a la voluptuosidad del
cuerpo de la Coca.
Sarli nació
el día de la Independencia, 9 de julio de 1935, un regalo de la Patria que sólo
compartió con Mercedes Sosa (tanto el día, mes y el año de nacimiento). En el
caso de la Coca, no fue en Tucumán sino en Concordia, Entre Ríos. Su primera
profesión fue la de modelo. Y fue, tal vez, la que le enseñó a mostrar ese
porte de mujer pulposa que hacía estallar las fantasías de muchos hombres de
entonces. En su carrera publicitaria fue fotografiada para marcas de calefones,
jabones, arroz, agencias de turismo y cocinas, entre otras. Su larga cabellera
negra que se deslizaba con elegancia tapando sus pechos exuberantes fue su
marca registrada que supo desplegar después en el cine.
Armando Bo la
conoció en 1956 y desde entonces formaron una dupla que supo sellar el comienzo
del cine erótico argentino. Ella como protagonista de sus películas y él como
director, productor y, en algunos casos, coprotagonista. Bo la convenció para
ser la protagonista de El trueno entre las hojas, primera de las
casi treinta películas realizadas entre ambos, gracias a una relación que
culminó con la muerte de Armando Bo en 1981 y que marcó casi el fin de una era
de la Coca Sarli en el cine (aunque luego hizo algunas participaciones con
otros directores), plagada tanto de reconocimientos como de problemas.
Es que
debieron enfrentar la censura casi siempre. Justamente, para evitarla, muchas
veces Bo debía cambiar el título o modificar escenas. “Muchas escenas las
teníamos que filmar dos veces. En Fiebre, por ejemplo, yo me tenía
que tirar desnuda y revolcar en la alfalfa. Armando me decía: 'Coca, vos ahora
te sentís yegua. ¡Sos una yegua! ¡Tenés que comer alfalfa!, vamos, comé
alfalfa! ¡Las yeguas comen alfalfa!'. Esa era una versión. Después filmamos
otra, para la Argentina, en la que yo me retorcía entre gasas blancas. Para la
versión nacional yo era una señora desesperada entre tules. Para la versión
exterior era una yegua que comía alfalfa”, solía contar Sarli. La llegada de la
dictadura cívico-militar acentuó la censura: fue prohibida La
insaciable. Bo y La Coca tomaron una decisión radical: realizar una huelga
de hambre apoyados en un banco de la Plaza de Mayo hasta que el edecán
presidencial les “sugirió” irse de allí. Generalmente, las películas de Bo y
Sarli en aquella oscura época tenían alguna prohibición del Ente de
Calificación Cinematográfica, recibían cédulas judiciales o bien Armando Bo
solía pasar preso algunos fines de semana.
Esa primera
película de Sarli, El trueno entre hojas, estaba basada en un
cuento del reconocido escritor paraguayo Augusto Roa Bastos. “Armando era un
poco diablo para poner a la gente en aprietos. Una vez me llevó a una radio en
Buenos Aires y dijo: 'Acá el señor Roa Bastos vino para hablar de los progresos
que ha hecho últimamente Isabel Sarli como actriz”, recordaba el escritor
en El trueno entre las páginas, un libro de diálogos con Alejandro
Maciel. “Yo me defendí diciendo que mi cultura cinematográfica era muy
precaria. Pero observé --y ahí vino mi pequeño desquite-- que Isabel Sarli
antes se bañaba desnuda y ahora se enjabonaba. Porque en la última película
usaba un pan de jabón Federal del tamaño de un ladrillo”, decía socarronamente.
Luego,
llegarían numerosas películas juntos como Sabaleros (una historia
entre un hombre y una mujer que eran hijos de pescadores rivales); India (un
hombre escapaba de la policía y en plena selva se topaba con una indígena
bella); Y el demonio creó a los hombres (Sarli era acosada por
hombres en una isla); La mujer del zapatero (con el gran Pepe
Arias); La tentación desnuda (Sarli se caía al río desde un
yate en la selva del Paraná y despertaba la calentura de los que vivían
allí); La mujer de mi padre (el personaje de Sarli era
disputado por los de Armando Bo y su hijo Víctor Bo); Carne (allí
componía a una obrera de frigorífico acosada por un hombre al que le decían “El
macho”); Fuego (en la que Isabel interpretaba a una
ninfómana), Fiebre (una mujer apasionada por los caballos y
por...los hombres); Intimidades de una cualquiera (con guión
de Dalmiro Sáenz), y Una viuda descocada (un canillita se
engancha con una mata-hombres que fue viuda en ocho ocasiones), entre muchas
otras.
Quince años
después de retirarse, La Coca retornó a la pantalla grande en La dama
regresa, de Jorge Polaco, donde encarnaba a una millonaria llamada Aurora,
quien decidía volver a su pueblo de origen sólo para tomar revancha: vengarse
humillando a quienes la habían humillado en su momento ¡Y en 1998 hizo teatro
de revistas con la obra Tetanic!
“Me alegra
mucho que la nueva generación sean chicos que me dicen Coca Sarli: ya nadie me
dice Isabel. Muchos me conocen por la televisión, mis películas se dieron en
Space, I.Sat, Retro, algunas muy cortadas, otras bien, y están los que me
conocen a través de sus padres. Yo abarqué las generaciones del '60, '70 y '80.
La última con Armando la hice en el '80: Una viuda descocada”,
contaba Sarli en una nota del suplemento Radar. “Hice 28 películas con Armando
y las quiero a todas, me encantan, yo no reniego de nada de lo que hice.
Algunas fueron tremendas, yo regresaba a casa y mamá me decía: 'Pero, Coca,
parece que volvés de la guerra', porque había estado filmando en la selva. Pero
pasamos por todos lados, tuvieron gran aceptación, fui a estrenos con mucha
suerte. A Japón fui tres veces, a estrenar Fuego e Intimidades
de una cualquiera, que era un libro que hizo Armando con Dalmiro Sáenz, y
que se llamaba Intimidades de una prostituta, pero a la que el
censor obligó a cambiarle el título”, recordaba La Coca.
Como síntesis
de su manera de entender su tiempo, decía: “Yo pertenezco a esa época en la que
estábamos Gina Lollobrigida, un poco antes de Brigitte Bardot y Sofía Loren;
México tenía a Sara Montiel, y Argentina tenía a Isabel Sarli, estábamos todas
estas mujeres, un grupo que hoy no existe. Pero el mayor elogio que he tenido
en todo ese tiempo, fue, además de los muy buenos recuerdos de mi época de
cine, el haber viajado por todo el mundo con las películas, aunque siempre odié
el avión”. A pesar de eso, ahora se echó a volar por el cielo de los artistas
populares.
