Por
Beatrice DEBUT / AFP – Tomado de yahoo.es
Durante el
apartheid "hubiéramos debido esconder nuestra relación, vivir separadas o
tal vez dejar el país", dice Mpho Mojapelo, un hombre negro casado con una
mujer blanca en Sudáfrica.
"Somos
afortunados de vivir en estos tiempos", agrega el hombre de 35 años sobre
su relación con Cheryl, su esposa.
La pareja se
casó en 2015 y celebró dos ceremonias, la "blanca" y la
"africana", después del pago de la "lebola" (dote) y la
muerte ritual de una oveja.
Sin embargo,
son la excepción a la norma 25 años después del fin del régimen del apartheid,
cuando Nelson Mandela fue electo primer presidente negro y prometió una
"nación de arco iris".
"Aún no
hay mucha mezcla en términos de relaciones", dijo Mpho, quien viste
modernas botas de Dr. Martens y exhibe varios tatuajes.
"Sobresalimos
demasiado", dijo con una sonrisa.
Con el
tiempo, la pareja se acostumbró a concentrar las miradas, fundamentalmente por
la "fascinación", dijo Cheryl, de 31 años, a las carcajadas junto a
su marido.
No obstante,
a veces "aún hay problemas con personas que actúan como si vivieran en su
propia burbuja", dijo Mojapelo.
En una
ocasión, una pareja de ancianos blancos, en un restaurante en la norteña
provincia de Limpopo, les dijo en afrikaans -el idioma de los descendientes de
holandeses- que eran "asquerosos".
"Tomará
más de 25 años para que las cosas cambien. Pasamos por un torbellino por tantos
años. No es tanto, 25 años", dice Mojapelo, quien señaló que el incidente
en el restaurante "no es algo que ocurre a menudo".
Desde 1948,
el gobierno controlado por blancos formalizó siglos de segregación racial.
Una de las
primeras leyes, adoptada en 1949, prohibió "casamientos mixtos" entre
europeos y no europeos.
- División
social, no racial -
Para poder
casarse con una persona de color diferente, los interesados debían primero
cambiar su denominación racial, un surrealismo burocrático permitido por la
ley.
Esa política
fue eliminada en 1985, nueve años antes del fin formal del apartheid.
En esos años,
la familia de Mojapelo dejó atrás la región de Soweto, una de las cunas del
activismo contra el apartheid, en dirección de Roodepoort, un suburbio blanco a
unos 20 kilómetros.
Según
Mojapelo, su nueva escuela fue como sumergirse en "un nuevo mundo".
"En mi
escuela primaria, había apenas tres niños negros. Fue cuando percibí que yo era
diferente", dijo.
En tanto,
Cheryl creció en Ciudad del Cabo y posteriormente en Roodepoort, y recuerda que
tuvo una infancia "protegida".
"Un día
un vecino, cuando yo tendría siete y ocho años, me dijo: 'viene un hombre
negro, tenemos que escondernos, nos robará'. Yo no lograba entenderlo",
narró.
Los dos
cursaron estudios en la misma escuela, aunque en años diferentes, y se
conocieron en una fiesta que un amigo común organizó a inicios de los años
2000.
"Tuvimos
la misma educación, podemos conectarnos mutuamente porque crecimos en ambientes
similares", dijo ella.
Si Mojapelo
"hubiese crecido en Soweto toda su vida y no hablase inglés, ¿aún estaría
interesado en él?", se preguntó, con los ojos fijos en él. "No hay
una división racial, es una división social", añadió.
Según Cheryl,
se sintieron unidos en su pasión por la poesía, antes de admitir una relación
romántica.
- Obra en construcción -
"¿Qué
dirá la gente?", se preguntó Cheryl incontables veces antes de anunciar
públicamente su relación.
Según
recuerda "estaba un poco nerviosa de contárselo a mis padres". Sin
embargo, sus padres -británicos emigrados a Sudáfrica- aceptaron rápidamente a
su novio.
"Me
dijeron: 'no nos importa el color de su piel, si él te trata bien y ustedes
tienen una buena relación'", recordó.
Aunque nadie
en el grupo social de Mojapelo menciona la etnicidad de su esposa, Cheryl dijo
que ella fue tratada de forma "diferente" a causa del color de su
piel.
Por ejemplo,
los padres de Mojapelo se negaron a permitir que ella lave los platos luego de
las primeras visitas.
Para aún más
confusión, Cheryl abandonó su apellido de soltera, Forrest, para adoptar el
apellido de su marido, Mojapelo.
"Cuando
marco una cita, la gente espera que yo sea negra. Pero cuando me ven llegar, se
sorprenden de verme. Al teléfono, cuando digo mi nombre, empiezan a hablarme en
una lengua africana", relató.
Además de
inglés y afrikaans, en Sudáfrica se hablan oficialmente otras nueve lenguas
locales, y más de 25 de manera informal.
El hijo de la
pareja, Camden, de seis meses de edad, tiene el pelo liso, como el de su madre,
pero representa un problema para sus padres cuando deben indicar la etnicidad
del bebé, ya que no es ni blanco ni negro.
La burocracia
"definitivamente precisa de una opción de mezcla racial", dijeron los
dos al unísono.
"Tenemos
que ser realistas de que los cambios, raciales y políticos, van a llevar
tiempo. Es una obra en
construcción", dijo Cheryl.
