Tomado de la
agencia EFE
Praga, 1 abr
(EFE). - El enigmático escritor Milan Kundera cumple este lunes 90 años. Pese a
ser el novelista checo más popular desde Franz Kafka ha tenido una difícil
relación con su país natal, hasta el punto de escribir en francés y negarse a
revisar las traducciones al checo de sus obras.
Kundera
(Brno, 1929) se ha convertido en los últimos 25 años en un autor casi
invisible, un asceta silencioso recluido en su céntrico piso de París, alguien
que rehuye a los periodistas y las declaraciones públicas.
El
aniversario de este eterno candidato al Nobel de Literatura ha pasado casi
desapercibido en República Checa, donde sólo algunos medios le dedican un
reportaje y recuerdan que desde hace décadas no da entrevistas ni visita su
país natal.
Nació en Brno
en una familia de tradición cultural -su padre Ludvík Kundera era un célebre
pianista- y la música ha tenido una gran influencia en su prosa.
Prosista,
poeta, dramaturgo y ensayista francés -el régimen comunista le retiró la
nacionalidad en 1979 y obtuvo la francesa en 1981- empezó a ser conocido en la
década de los años 60 como autor teatral, pero acabó consagrándose como
novelista ("La broma" y "El libro de los amores
ridículos").
Desde sus
primeras novelas, el humor, la ironía y la reflexión sobre la memoria, el paso
del tiempo, el exilio y la frágil condición humana han sido sus señas de
identidad.
En su ensayo
"El arte de la novela" se declara admirador de Miguel de Cervantes, a
quien considera no sólo el creador de la novela con su Quijote sino de la
propia Edad Moderna.
"Para mí
el creador de la Edad Moderna no es solamente Descartes, sino también
Cervantes", escribió sobre quien influyó con su humor y su arte narrativo
de forma decisiva en su obra.
"¿A
quién o a qué me siento ligado?: ¿a Dios? ¿a la patria? ¿al pueblo? ¿al
individuo? Mi respuesta es tan ridícula como sincera: no me siento ligado a
nada salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes", aseguró en ese
ensayo.
Durante el
proceso aperturista de la "Primavera de Praga" fue uno de los
representantes de la oposición al régimen prosoviético, lo que pagó más tarde
con su expulsión del Partido Comunista y la prohibición de publicar.
La sátira del
comunismo estalinista que retrató en "La broma" le valió el
reconocimiento en su país, pero con el fin del aperturismo y la reinstauración
de un Gobierno fiel a la URSS se le vetó como escritor.
Kundera se
exilió en Francia en 1975, y publicó en checo -en una editorial de Toronto- sus
obras más conocidas ("El libro de la risa y el olvido", "La
insoportable levedad del ser" y "La inmortalidad"), si bien la
versión definitiva fue fijada en francés.
"La
insoportable levedad del ser", una novela sobre un triángulo amoroso que
ha marcado a varias generaciones con sus reflexiones sobre el eterno retorno,
ha sido su mayor éxito comercial, pero solo se publicó en 2006 en República
Checa.
Esa obra
surge tras la experiencia de Occidente en la década de los años 70, cuando
Kundera consideró que "nunca fue el tiempo mejor y al mismo tiempo se hizo
tan insoportable", según dijo en una ocasión el crítico literario checo
Jiri Penas.
Tras la
transición democrática checoslovaca, Kundera publicó en 1993 en su país natal
"La inmortalidad", lo que supuso un efímero reencuentro literario con
su país.
"A
partir de la publicación de 'La inmortalidad' dejó de existir para la
literatura checa", dice también Penas, en referencia a que a partir de
"La lentitud", publicada en 1994, el francés se convirtió en su
lengua literaria.
Pese a su
voluntad de alejarse de su país -al que no regresa desde hace 22 años-, su
pasado checo le ha perseguido, como si él mismo fuera el personaje de alguna de
sus novelas.
En 2008 el
Instituto checo para el Estudio de los Regímenes Totalitarios (USTRCR) le acusó
de delatar en 1950, cuando tenía poco más de 20 años, a un espía que acabó 14
años en prisión.
El escritor rompió
entonces su silenció -por medio de un comunicado- para calificar esas
acusaciones de "puras mentiras". El acta que probaría su trabajo como
delator no contaba con su firma.
Kundera
declinó varias invitaciones a República Checa, incluida la entrega del Premio
Nacional de Literatura en 2007, lo que algunos consideraron un desplante.
A finales del
año pasado, el primer ministro checo, Andrej Babis, ofreció devolverle la
ciudadanía como un acto de reparación por la decisión del régimen comunista de
retirarle la nacionalidad.
Kundera nunca
respondió al ofrecimiento.
Fernando
Arrabal, escritor español afincando en Francia desde el franquismo, relató a
Efe una conversación con el checo, que pone de manifiesto su carácter
reservado.
Refiriéndose
al premio Nobel, Kundera le dijo a Arrabal: "Pero, realmente, ¿alguien
puede imaginar que vaya a ir a ese salón para recibir ese premio y pronunciar
un discurso de agradecimiento ante la televisión y los fotógrafos?
Gustavo Monge
