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Konstantín Nikolski / Texto tomado de Sputnik
Rusia y
América Latina se encuentran en puntos distantes del planeta. A pesar de la
existencia de internet, los pueblos de ambas regiones siguen estando llenos de
estereotipos mutuos. El viajero ruso Konstantín Nikolski comparte con Sputnik
en primera persona su propia experiencia de cómo se rompen sus estereotipos
sobre los latinoamericanos.
En otoño del
año 2015 partí para América Latina con el fin de emprender un viaje en
solitario en una moto. Mi viaje duró 8 meses durante los cuales recorrí un
trayecto que va desde el norte de México hacia el sur de Argentina, y luego al
norte hasta Río de Janeiro.
Durante mucho
tiempo quise hacer un largo viaje en solitario. El destino era obvio. Si echas
un vistazo al mapa, América atrae tu mirada. Un continente lejano y
desconocido, con montañas, bosques y desiertos. Deslumbrante variedad cultural,
cocinas exóticas, carnavales.
¡Y casi en todas partes hablan el mismo idioma! Las piezas se pliegan en una
imagen atractiva. Para preparar mi viaje leí mucho sobre la historia de América
Latina, examiné fotos de los lugares más pintorescos del continente e hice una
lista de sitios y eventos 'que no te puedes perder'. Entonces al iniciar mi
viaje estaba lleno de estereotipos, prejuicios y opiniones ajenas sobre los
países que iba a conocer.
Es claro que
aprendí español antes de iniciar el viaje. ¡Lo mejor que hice durante la
preparación! No era fácil, pero la posibilidad de comunicarme con los locales
merecía la pena al 100%. Además, el español es un idioma tan hermoso. El
lenguaje me ayudó mucho, incluso en situaciones difíciles.
En el tercer
día de mi viaje me encontré en el Desierto de Sonora con una columna de 40
moteros. Todos me advirtieron que el norte de México es una región bastante
peligrosa debido al bandidaje generalizado, los secuestros y las peleas entre
narcotraficantes. Pero aquellos brutales moteros barbudos me mostraron lo que
es la hospitalidad latinoamericana. A lo largo de varios días comimos y bebimos
juntos, nos divertimos y recorrimos 700 km. Nos llevamos muy bien, los
muchachos eran abiertos, amables y muy alegres. Pronto entendí que esos rasgos
son característicos para todos los pueblos latinoamericanos.
En Colombia,
que 'goza de la fama' de ser un país incluso más peligroso que México, sufrí
uno de los más terribles incidentes de mi viaje. Tuve un accidente de tráfico.
El viejito Don Nicolás, sin mirar para los lados, saltó frente a mi moto. Se
cayó en el centro de la carretera, yo por mi parte casi choqué contra la pared.
La pierna del anciano estaba sangrando y pronto se reunió una muchedumbre.
Sería difícil imaginar una peor situación.
"Ahora
me veré obligado a conocer el otro lado de este pueblo amable", pensé.
Pero todo
salió completamente al revés de lo esperado.
Mientras
esperábamos a la ambulancia con Don Nicolás, me trajeron agua, me animaron y
explicaron cómo podía utilizar mi seguro. Nadie ni siquiera pensó en llamar a
la Policía. Mientras los médicos atendían a Don Nicolás, su familia me contó
sobre las atracciones turísticas de la localidad y me invitaron a cenar. Es
increíble, pero así son los latinoamericanos.
La naturaleza
de esta región es otro tema de admiración. Cuando aquí en Rusia hablamos sobre
América Latina, en nuestra imaginación aparecen las aguas azules del Caribe, la
selva de Brasil o el soleado Perú. En realidad, la diversidad climática de
América Latina es mucho más amplia de lo que yo había imaginado.
En un día de
viaje puedes pasar de los pantalones cortos a la chaqueta de invierno y ropa
interior térmica. Sí, se hace mucho frío en América del Sur. Conducir una
motocicleta bajo la nieve es muy difícil, me lo mostró Argentina, no Rusia.
Claro que
algunos estereotipos sobre América Latina tienen su fundamento. Así, por
ejemplo, para los latinoamericanos todos los acuerdos son muy opcionales. Te
prometen hacer todo 'mañana', que nunca llega. Nadie llega a tiempo. Es casi
imposible obtener la información necesaria por teléfono o a través del correo
electrónico. Así negocié durante dos meses la posibilidad de transportar mi
moto a través de Darién. Resolver todo resultó fácil, pero solo sobre el
terreno, cara a cara.
Durante mi
viaje se rompieron muchos estereotipos, impuestos por la cultura popular y
creados por la falta de información. Así entendí que mexicanos prefieren
vodka —lo beben mezclado— en vez de tequila, los argentinos consideran que
el tango es una danza para ancianos y bailan salsa, en Colombia no te
secuestrarán ni te matarán y la mayoría absoluta de los policías son educados y
no van a extorsionarte.
Los
estereotipos negativos están vinculados con los casos poco agradables que
suceden raramente. Pero no vale la pena generalizar una mala experiencia.
Durante mi viaje sobreviví bastantes momentos desagradables: me robaron tres
veces mis cosas, dos veces me extorsionaron, me atacaron y una vez dos policías
sacaron dinero de mi bolsillo. Sin embargo, decenas de personas se pararon en
el camino para preguntar si necesitaba alguna ayuda, me invitaron a cenar o
tomar vino, me regalaron 'souvenirs' e incluso me alojaron.
Por
desgracia, el mundo está lleno de estereotipos. A lo largo de todo mi viaje me
preguntaron sobre el vodka, los osos y los conductores locos —el
estereotipo más frecuente sobre Rusia—.
Las culturas
de Rusia y América Latina son distintas, pero cuando empiezas a conocer a la
gente de otro continente, entiendes que somos muy parecidos. Todas las personas
son similares, y los estereotipos y las fronteras que nos separan son
inventados por nosotros mismos.
