Según la
Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA por sus
siglas en inglés), en torno a 48 millones de norteamericanos se intoxican
anualmente por ingerir comida contaminada con gérmenes. "Aunque muchas personas
saben que los productos animales deben manipularse cuidadosamente para evitar
que se echen a perder, muchos desconocen que las frutas y las verduras también
pueden ocasionar brotes de enfermedades transmitidas por alimentos",
advierte.
En concreto, esta
administración norteamericana indica que estos productos frescos pueden
contaminarse de muchas maneras: "Durante la etapa de crecimiento, las
frutas y verduras pueden contaminarse con la tierra, con el agua o con los
fertilizantes. Después de la cosecha pasan por muchos manos y se incrementa el
riesgo de contaminación. La contaminación también puede ocurrir cuando el
producto ya ha sido comprado, durante la preparación de los alimentos, e
incluso debido a un mal almacenamiento. Con tantas fuentes de contaminación es
muy importante preparar de manera segura los productos frescos antes de
consumirlos".
En este
sentido, en una entrevista con Infosalus, Alba Santaliestra, presidenta del
Colegio de Dietistas-Nutricionistas de Aragón ( España ) y miembro del Consejo General de
Colegios Oficiales de Dietistas-Nutricionistas, recuerda que fundamentalmente
las dos enfermedades que tienen lugar por contaminación de gérmenes en los
alimentos son:
La
toxoplasmosis: Una enfermedad parasitaria con la que deben tener especial
cuidado las personas de riesgo, como son niños, ancianos y embarazadas, ya que
por sus características fisiológicas son más débiles. "De hecho, sobre
todo en el embarazo, se trata de una de las principales enfermedades que se
intentan prevenir porque una infección por este parásito puede dar hidrocefalia
en el feto, retraso mental, problemas de retraso de aprendizaje y del
desarrollo, por ejemplo", indica. Enfermedades derivadas de la bacteria E.
coli, siempre relacionada con el contenido fecal, que provocan generalmente
síntomas gastrointestinales, o fiebre, y que afecta por igual a casi toda la
población.
Con todo
ello, la dietista-nutricionista recomienda en primer lugar guardar
una buena higiene de manos antes de manipular cualquier alimento, lavando las
manos con agua caliente y jabón y de forma correcta. A su vez, Santaliestra
aconseja quitar aquellas partes del alimento que estén tocadas, sobre todo en
las verduras de hoja, para después lavarlas bien debajo del chorro de agua
fría, y a ser posible frotarlas con las manos. En el caso de que se trate de un
alimento con la piel más dura, como el melón, los membrillos o los pepinos,
dice que se puede usar un cepillo para limpiar esa parte.
Esta
administración norteamericana indica que estos productos frescos pueden
contaminarse de muchas maneras: "Durante la etapa de crecimiento, las
frutas y verduras pueden contaminarse con la tierra, con el agua o con los
fertilizantes.
Conviene
lavarlas con lejía
En cuanto al
uso de lejía alimentaria la recomienda de forma generalizada, y no sólo para
las embarazadas, como así se cree. "Es verdad que para el caso de
embarazadas o de personas de riesgo también estaría totalmente indicado.
Introducir 4 gotas de lejía de uso alimentario por cada litro de agua a
cualquier tipo de fruta o de verdura para limpiarlo supone para todos un extra
que te asegura una desinfección", reconoce la presidenta del Colegio de
Dietistas-Nutricionistas de Aragón, a la vez que precisa que se aconsejan dos
aclarados después del uso de la lejía.
Igualmente
considera súper importante, una vez después de lavarlas las piezas de fruta o
de verdura, secar bien el alimento, de forma que se retira la película de agua
y evita que la posible flora microbiana que quede prolifere. Aunque no está
totalmente relacionado con el lavado de las frutas y verduras, Santaliestra
dice que hay que tener cuidado con el manipulado que se haga de estos alimentos
tras lavarlos, especialmente con la tabla de cortar (aconseja las de plástico
que no son porosas y no pueden acumular tanto germen) y con la higiene de los
cuchillos que se empleen para cortarlas.
Desaconseja
emplearlos si se ha cortado primero un alimento de origen crudo que va a ser
después cocinado, como la carne, para cortar la fruta o la verdura. No servirá
de nada entonces todo el proceso de limpieza.
Pautas a la
hora de lavar frutas y verduras
En resumen, y
con todo ello, la FDA aporta una serie de pautas para evitar la contaminación
de alimentos:
- Se deben escoger productos que
no estén golpeados o dañados y asegurarse que los productos precortados,
tales como bolsas de lechuga o tajadas de sandía, estén refrigerados o
almacenados con hielo en la tienda y en el hogar.
- Lávese las manos durante 20
segundos con agua tibia y jabón antes y después de preparar alimentos
frescos.
- Deseche toda parte dañada o golpeada
antes de preparar y comer.
- Frote suavemente los alimentos
mientras los enjuaga bajo un chorro de agua.
- Lave los productos frescos antes
de pelarlos de manera que la suciedad y la bacteria no se transfieran del
cuchillo a la fruta o el vegetal.
- Use una escobilla para limpiar
las verduras y frutas duras tales como melones y pepinos.
- Seque las frutas y verduras con
una toalla de tela o de papel para reducir la bacteria que aún esté
presente.
- Deseche las hojas externas y que
estén dañadas de las verduras de hoja.
- Almacenar los productos frescos
dentro del refrigerador a 4 grados o menos.
- Ya que la cocción de alimentos
elimina las bacterias dañinas, las frutas y verduras crudas son los que
acarrean el mayor riesgo de contaminación. Desde la FDA se sugiere evitar
los brotes crudos que normalmente se sirven en ensaladas, enrollados,
sándwiches y comida oriental.
Fuente: ECOticias.com
