Reportaje a
Mónica Bruckmann, profesora de la Universidad Federal de Río de Janeiro
El nuevo
gobierno del país vecino impulsa un programa económico neoliberal que marca
retrocesos en los planes de desarrollo y afecta la integración regional,
advierte Bruckmann, ex asesora de la Unasur, en diálogo con Cash.
Una cosa
queda clara después del reciente encuentro entre los mandatarios Jair Bolsonaro
y Mauricio Macri: “Modernizar y abrir al mundo el Mercosur”. Atrás quedó el
desplante del ministro de Hacienda brasileño, Paulo Guedes, quien minimizó la
importancia del bloque comercial. Este aclamado aperturismo armoniza con el
realineamiento geopolítico del país vecino con Estados Unidos, con las derechas
europeas y con los sectores conservadores de América latina, auguró Mónica
Bruckmann, investigadora de la Universidad Federal de Río de Janeiro y ex
asesora de la Unasur. En diálogo con Cash, la experta peruana en economía
global y desarrollo sustentable delineó los ejes del nuevo gobierno brasileño
en materia de política exterior y alertó sobre los efectos de reprimarización
de la economía y de pérdida estratégica en el espacio global si se aplica el
programa Bolsonaro.
¿Cómo evalúa
las iniciativas en política exterior del gobierno de Bolsonaro?
–Asistimos al
abandono de la política exterior inaugurada por el primer gobierno de Fernando
Henrique Cardoso, donde Brasil dinamizó los procesos y proyectos de integración
regional. Este cambio se inició con el gobierno de Temer, cuyo canciller José
Serra declaró que la Unasur ya no tenía mayor importancia y que Brasil debía
recuperar sus relaciones estratégicas con Estados Unidos. Según el ministro de
Hacienda, Paulo Guedes, el Mercosur tampoco es “prioridad” para Brasil.
Bolsonaro asumirá los compromisos internacionales y promoverá un realineamiento
geopolítico con Estados Unidos, pero también con la derecha mundial: Israel,
Italia y Hungría, que estuvo presente en la toma de mando del 1° de enero. La
fundación Indigo, perteneciente al Partido Social Liberal (PSL), mantuvo una
reunión en Foz de Iguazú con el objetivo de articular a los sectores más
conservadores de América latina y formar un bloque de oposición al Foro de San
Pablo. Mientras que en Europa se está organizando una reunión coordinada por el
ex asesor de Donald Trump, Steve Bannon, donde el gobierno de Bolsonaro
pretende tener un papel importante.
¿Cómo cree
que seguirá la alianza de los BRICS después de este giro?
–A la
desaceleración de la participación de Brasil en los BRICS que vivimos en los
últimos tres años se suma ahora una abierta oposición. Lo cierto es que con la
salida de Brasil de los BRICS la región entera pierde mucho peso en este
espacio de coordinación global.
¿Por qué
incluye a la región?
–El dinamismo
de la economía mundial se está desplazando desde Europa y Estados Unidos hacia
Oriente. Desde 2014, el Fondo Monetario reconoce que China encabeza el ranking
de las diez mayores economías del mundo. Precisamente los BRICS están
conduciendo este proceso de grandes transformaciones, no solo de tipo económico
sino también de capacidades locales de producción científica y tecnológica y de
disputa por las tecnologías de punta en sectores estratégicos. En este momento,
China es el país que más invierte en energías renovables a nivel mundial y está
avanzando en la producción de nuevos materiales importantísimos para un cambio
de matriz energética.
¿Cuál es el
interés de Estados Unidos en la economía brasileña?
–El gobierno
de Luiz Inácio Lula da Silva descubrió reservas importantísimas en el zócalo
marino, conocidas como Pre-sal. Esas reservas han colocado a Brasil como la 15°
reserva a nivel mundial. Ahora, si las reservas estimadas se comprueban Brasil
podría convertirse en la 3° reserva mundial de petróleo, después de Venezuela y
Arabia Saudita. Cuando se descubrió el Pre-sal, se estableció la obligatoriedad
de que la Petrobras participara de cualquier tipo de actividad que incluyera al
Pre-sal y se estableció una participación mínima de 30 por ciento de sus
ganancias. A inicios del gobierno de Temer se aprobó una medida provisoria que
puso fin a estos dos aspectos. Una tercera cuestión apunta a la ley de
contenido tecnológico local, que permitía a Brasil producir gran parte de la
tecnología necesaria para la extracción del petróleo del Pre-sal. Durante la
gestión Temer se terminó con esta norma, de manera que en poco más de dos años
Brasil pasó de ser autosuficiente en derivados de petróleo a importarlos. Es
decir, exporta petróleo a Estados Unidos e importa de Estados Unidos los
derivados de petróleo, que representan más del 50 por ciento de su consumo. Si
el programa de Bolsonaro se pone en práctica asistiremos a la profundización de
una reprimarización de la economía brasileña.
Bolsonaro
puede llevar a Brasil a exportar materias primas sin valor agregado.
¿Qué medidas
concretas confirmarían la tendencia a la reprimarización de la economía?
–Se están
destruyendo las capacidades de producción tecnológica local, los laboratorios,
la inversión en investigación y desarrollo. Temer aprobó una ley que congela
por veinte años el gasto público en educación y en salud. El proyecto Bolsonaro
puede llevar a Brasil a la época en que era exportador de materias primas sin
valor agregado. Para ser exportador de bananas no se necesita tener
universidades ni invertir en ciencia y tecnología.
¿Qué
diferencias encuentra entre la estrategia regional que trazó Brasil en su
alianza con los BRICS y un posible realineamiento con Estados Unidos?
–Con los
BRICS Brasil participaba de igual a igual con las otras potencias emergentes en
la definición de la nueva dinámica de la economía mundial y en una redefinición
financiera. Un instrumento importante era el Banco de los BRICS, apoyado en el
Banco de Desarrollo Asiático, que inicia operaciones con 100 mil millones de
dólares de capital directo y un monto similar para inversiones en proyectos
específicos. Mientras que el Banco Asiático de Desarrollo inicia con 200 mil
millones de dólares de capital permanente. La participación de Brasil en este
foro era fundamental dado que China propuso la nueva ruta de la seda. Ese puente
terrestre redefine geopolíticamente el continente euroasiático, ya que une los
puertos del Pacífico, en el Lejano Oriente ruso y chino, y los puertos
marítimos en Europa, y ahora se incluye la ruta marítima hacia Africa.
Comprende seis ejes estratégicos de producción que elevarán el consumo del 60
por ciento de la población del mundo. La participación de Brasil es muy
importante porque cuando esta estrategia se encuentre en pleno desarrollo habrá
demanda de recursos naturales estratégicos.
¿Qué significaría
esa iniciativa para América latina?
–Sería una
oportunidad histórica de cambiar el paradigma actual y condicionar sus
exportaciones a la agregación de cadenas de valor local, eso era lo que se
discutió en la Unasur a partir de 2012.
¿En qué
consistía la estrategia de la Unasur en ese escenario?
–En mayo de
2012 tuvimos la primera reunión de recursos naturales y desarrollo integral de
la Unasur en Caracas. A partir de esa reunión se realizaron encuentros
sectoriales y se impulsaron diferentes instrumentos, por ejemplo, la creación
de un servicio geológico sudamericano. Era fundamental disponer de data
geo-científica de recursos naturales como instrumento de soberanía regional
para la producción de conocimiento y la planificación de políticas públicas a nivel
nacional y regional. Esto inmediatamente fue visto como una gran amenaza para
el interés de las grandes transnacionales del sector minero, que son las
instituciones que detentan esa información. Otra iniciativa era la Asociación
de Países Exportadores de Minerales cuyo objetivo era mejorar los términos de
intercambio y ser formadores del precio internacional de minerales y recursos
naturales en los cuales la región tuviese una reserva importante.
¿Por qué no
llegaron a concretarse estos proyectos?
–Esto se
impulsó en un momento en que la visión integracionista no era única entre los
doce países de la Unasur aunque sí era hegemónica. Aun con integrantes como
Colombia, Chile y Perú, miembros de la Alianza del Pacífico con la cual Estados
Unidos buscaba contrarrestar el peso de la Unasur, la visión integracionista
era hegemónica y se avanzó mucho pero lamentablemente no hubo tiempo para
concretar los proyectos que se elaboraron a lo largo de estos tres años. Y
luego vino esta inflexión política que se inicia con la elección del presidente
Mauricio Macri en Argentina, un péndulo que va nuevamente hacia la derecha y
está destruyendo estos espacios de integración regional muy rápidamente.
Mientras las regiones del mundo están fortaleciendo sus procesos de integración,
América del Sur se está desintegrando en un sentido opuesto a los cambios que
el sistema mundial exige.
¿Cree que
será posible revertir el escenario internacional que usted describe?
–Sí, creo que
hay piedras en el zapato de este proyecto ultraconservador a nivel global. En
primer lugar, Estados Unidos es una economía en decadencia con una de las
mayores deudas públicas del mundo, equivalente al 110 por ciento de su Producto
Interno Bruto. En este momento, Estados Unidos no puede abrir un frente de
guerra más en el mundo sin sus aliados y socios, que también están en crisis.
Mi visión es que los sectores de derecha en América latina que se están
realineando con Estados Unidos lo hacen desde una perspectiva más ideológica
que atendiendo a las condiciones reales que ofrece Estados Unidos para
sustentar una alianza a largo plazo. En segundo lugar, los gobiernos de derecha
que tercamente intentan implantar una política ortodoxamente neoliberal están
generando una respuesta popular muy grande. El caso de Argentina es importante.
Brasil no creo que sea diferente pese a lo inédito del fenómeno Bolsonaro. Creo
que habrá un desgaste político y una reacción social importantes.
