Por Fernando Ochoa Antich*
_A mis compañeros de armas_
La
intercepción, en aguas territoriales venezolanas, del barco Ramform Tethysm,
contratado por la Exxon Mobil para realizar labores de exploración petrolera,
con autorización de Guyana, en el bloque Stabroek, por el buque patrullero
PO-14 Kariña de nuestra Armada, comandado por el capitán de fragata José
Hernández, produjo tres delicadas y preocupantes acciones: la primera, un tweet
hecho público por uno de los portavoces del Departamento de Estado
norteamericano, Robert Paladino, quien expresó: “Estamos supervisando los
reportes sobre la intercepción por la Armada venezolana de un buque que opera
en nombre de la Exxon Mobil. Subrayamos que Guyana tiene el derecho soberano de
explorar y explotar recursos en sus aguas territoriales y zona económica
exclusiva. Llamamos a Venezuela a respetar el derecho internacional y la
soberanía de sus vecinos”.
La segunda
fue la protesta de Guyana. Su canciller, Carl Greenidge, anunció que presentará
una queja ante la ONU por este incidente, el cual calificó de “agresivo, ilegal
y hostil”. Sin embargo, ante la evidencia del histórico patrullaje venezolano,
que busca preservar y garantizar la soberanía nacional en nuestras aguas
territoriales y zona económica exclusiva, la Exxon Mobil, anunció la suspensión
de algunos de sus trabajos al oeste del bloque Stabroek.
La tercera
fue el sorprendente acto de exaltación y reconocimiento de Nicolás Maduro a la
permanente actitud de nuestra Armada de realizar un patrullaje en esas áreas
marinas en cumplimiento de su misión constitucional, durante el acto de
salutación navideña de las unidades de la guarnición de Caracas. Lo
sorprendente de esa conducta radica en que es incompatible con la tradicional
política exterior, contraria a los intereses de Venezuela, ejercida por los
gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la cual siempre buscó congraciarse
con la Comunidad de Países del Caribe, Caricom, para contar con su apoyo
permanente en el seno de la OEA y con Guyana, para satisfacer los intereses
cubanos. Además, esa conducta contrasta con la asumida en el año 2013 por
Nicolás Maduro, con ocasión de la detención del buque RV Teknik Perdana, por
el patrullero venezolano “Yekuana”, cuando se encontraba ejecutando un
levantamiento sísmico en el bloque Roraima.
La aplicación
de esta absurda y entreguista política exterior se ha reflejado en la
inaceptable permisividad mantenida por el régimen chavista-madurista en nuestra
controversia con el gobierno guyanés. Ha sido tal su parcialización en contra
de los más altos intereses de Venezuela que, en el año 2004, en una visita a
Guyana, Hugo Chávez, en una actitud rayana en traición a la patria, afirmó que
Venezuela no se oponía a ningún proyecto de desarrollo en el Esequibo,
autorizado unilateralmente por el gobierno guyanés, si era en beneficio de su
pueblo. Para colmo, en el año 2007, afirmó que la reclamación venezolana se
había iniciado por presiones de Estados Unidos para desestabilizar el gobierno
de Cheddy Jagan. De esa manera, Hugo Chávez, presidente de la Republica,
desconocía todas las reclamaciones que, desde 1841, había realizado Venezuela
en contra de la usurpación de nuestro territorio por la Gran Bretaña.
Igualmente, Nicolás Maduro, ya presidente de la República, aceptó una
invitación a Guyana, días después de que el ministro del ambiente de ese país
declarara en San Diego, Estados Unidos, que Guyana había entregado una
concesión petrolera a la empresa Anadarko en el bloque Roraima, la cual afecta
la fachada atlántica de la zona de reclamación y la del estado Delta Amacuro,
ante lo cual guardó absoluto silencio, lo cual pudo haber producido un Stoppel
de aquiescencia.
No satisfecho
con esta muestra de debilidad declaró, en la rueda de prensa realizada después
de la firma del comunicado conjunto entre Guyana y Venezuela, que
“recientemente han salido documentos desclasificados de la década del sesenta,
setenta y ochenta que demuestran quiénes eran los intrigantes que preparaban
una guerra con Guyana” sin valorar que ese planteamiento debilita de tal manera
nuestra autoridad moral que puede comprometer el resultado de las
negociaciones. Esas declaraciones solo pueden considerarse como un acto de
traición a la patria. El problema con Guyana se ha ido agravando como
consecuencia de la negligencia de los gobiernos “revolucionarios”. El Tribunal
Internacional del Derecho del Mar sentenció una controversia entre Guyana y
Surinam, para delimitar las áreas marinas y submarinas, utilizando puntos
ubicados en la costa del Esequibo, desconociendo que esa área forma parte de
una controversia limítrofe entre Venezuela y Guyana. Ante ese hecho, la
Cancillería venezolana, nuevamente, se abstuvo de presentar una formal
protesta.
Esa
reprochable muestra de debilidad también ha sido evidenciada con respecto a la
Comunidad de Países del Caribe. El Caricom, de manera arbitraria, ha querido
desconocer que la isla de Aves genera mar territorial y plataforma continental,
hecho aceptado por Estados Unidos y Francia en el momento de delimitar las
áreas marinas y submarinas con Venezuela. Esta posición inamistosa hacia
Venezuela de los países del Caribe debió conducir a la suspensión de las
facilidades petroleras establecidas con la creación de Petrocaribe. En términos
generales, la deplorable política nacional e internacional de los gobiernos de
Hugo Chávez y Nicolás Maduro ha debilitado significativamente los derechos de
Venezuela en su reclamación por el despojo sufrido en el territorio Esequibo.
Ante los antecedentes expuestos, no puede causar sino justificada suspicacia la
actitud asumida por Nicolás Maduro ante este último incidente. Las reacciones
de Nicolás Maduro ante los casos del patrullero “Yekuana” en 2013 y del
patrullero “Kariña” son harto diferentes. Aunque, en realidad, lo que ocurrió
en ambos casos fue un legítimo acto de soberanía en el cumplimiento del deber
de quienes ejercían el mando de ambos buques. En el primer caso fue tratado con
particular frialdad, demostrando de esa manera que la actitud del comandante
del patrullero había sido contraria a la política exterior, de ese momento,
mantenida por el régimen madurista. En el segundo, un justo reconocimiento,
pero buscando satisfacer intereses políticos.
El peligro de
un fracaso en nuestra pretendida reivindicación territorial se volverá
irreversible si Nicolás Maduro toma posesión inconstitucionalmente de un nuevo
período presidencial siendo desconocido en su legitimidad tanto nacional como
internacionalmente.
Un gobierno,
en esas condiciones, no podrá enfrentar con fuerza suficiente la ofensiva
guyanesa. De allí que considere que el acto de reconocimiento, a la eficiente
actuación del comandante del patrullero Kariña, lo que buscó fue presentar a su
gobierno como un firme defensor de nuestra soberanía para que los cuadros
militares lo respalden el próximo 10 de enero y los complicados días
subsiguientes. En verdad la situación venezolana es casi inmanejable. La única
solución posible para superar tan complicada circunstancia es que Nicolás
Maduro entienda que se requiere convocar a elecciones generales en un proceso
electoral transparente, justo y equitativo. De no hacerlo, continuaremos
transitando el camino hacia la destrucción de la República con sus dolorosas
consecuencias.
