Por
Erick Daniel Camargo*
En
Venezuela, contrario a lo que se cree, cada día hay menos Estado, vivimos en
una clara situación de indefensión y desgobierno total. Sin embargo este
debilitamiento progresivo del Estado, no implica una des-estatización total,
sino una progresiva reconfiguración del poder, no únicamente en Venezuela sino
en toda Latinoamérica.
Las
tensiones actuales entre los grupos de poder fáctico y la globalización vienen
configurando nuevas formas de estadidad en detrimento del tradicional Estado
liberal-burgués.
Podemos
observar como cada vez es más común el control territorial de grupos
delictivos, bandas armadas, o crimen organizado en general; que van
estableciendo gobiernos paralelos en las áreas de su control. Por lo general
estos grupos logran semejante poder con la ayuda o la mirada complaciente de
los altos funcionarios del Estado, aquellos que deberían evitar dicho control.
Los
grupos económicos de igual forma van obteniendo cada vez mayor capacidad de
influir en las débiles instituciones políticas (siempre lo han tenido realmente,
pero ahora con mayor fuerza), y además poseen mayor poder territorial,
configurando nuevos dominios que tienen capacidad de incluso vulnerar las leyes
con total impunidad. Para algunos esto no representaría ningún cambio real,
sino una realidad que se vive desde tiempos coloniales, en la que los grupos de
poder económico influían y presionaban a las autoridades peninsulares para
conservar sus prerrogativas socio-económicas.
Vemos
en las distintas sociedades movimientos organizados procurando mejoras en esta
situación, buscando más estadidad, como también tranquilidad en las regiones
bajo control de gobiernos paralelos, por lo general delincuenciales, los cuales
logran imponer un cierto orden en medio del caos que los antecede a la toma del
control.
Algunas
personas incluso llegan a preferir el orden impuesto por las fuerzas criminales
que logran hacerse de una fuerte soberanía territorial, pues traen “tranquilidad
y orden”, a diferencia de los períodos de “anarquía” y conflictos entre las
bandas. Esto sucede sin importar que se vulneren los derechos humanos, o
incluso que hasta aspectos de la vida privada sean controlados por estos grupos
criminales.
Lo
curioso del caso es que la forma de adquisición de la soberanía es la misma
prefijada para el Estado liberal-burgués, el monopolio de la violencia, en la
cual se funda la propiedad y la preminencia de las leyes, consideradas legítimamente
constituidas. Lo que nos haría pensar sobre la futura legitimidad de estas
nuevas soberanías que se van configurando, y cómo un nuevo modelo de Estado se
va conformando en nuestras latitudes.
Ahora,
entendemos que este panorama no es en lo absoluto agradable, al menos para la
mayoría de los lectores. Entonces la gran cuestión es, cómo afrontar esta
situación que pudiésemos definir como “tenebrosa”.
Es
claro que la modernidad occidental nunca cuajo completamente en nuestro continente,
en el caso específico el venezolano. Es por eso que se podría decir que el
Estado moderno y sus instituciones a lo largo de la historia se mostraron
débiles ante el influjo personalista de los caudillos, como también de los
grupos de poder económico que controlaban en la realidad las estructuras del Estado,
en detrimento de la evolución democrática y republicana.
Es
por eso que creemos que es imperante una nueva visión para afrontar una
realidad que nos abruma. La construcción de un nuevo Estado democrático, que
pueda contrastarse contra este Estado delincuencial o de clanes. Esta visión
que compartimos como alternativa es la de construir el nuevo Estado desde la
sociedad misma, desde la organización comunitaria, no cooptada por grupos de
interés, por instituciones ya prefiguradas (Fundacomunal), o por los clanes;
sino precisamente esa organización que pueda superar a estos clanes que
detentan el poder con el fin de constituir una verdadera y real democracia. La
construcción de la democracia desde abajo, desde las bases sociales.
Este
tema me parece pertinente desarrollarlo en varias entregas en los próximos
días. Sobre la necesidad de una revolución democrática, impulsada desde la
ciudadanía, hacía la auto-organización, la tolerancia y al construcción
creativas de soluciones a las problemáticas comunes.
*Dirigente
de Alternativa 1/Juntos