Celebramos el año nuevo el 1 de enero a instancias de Julio
César, dictador y pontifex maximus, quien lo cambió del 1 de marzo
a enero en el año 47 antes de Cristo.
El calendario anterior se había instaurado en honor a Marte
(Ares), padre de los fundadores míticos de Roma, Rómulo y Remo, protector del
hombre romano, agricultor y soldado: las dos actividades tenían su comienzo en
esta época del año.
César era muy pragmático y como en enero los cónsules romanos
tomaban las riendas del Gobierno, hizo el cambio para crear el calendario
juliano, coincidiendo el principio de año con la consagración del mes de
enero a Janus, el dios bifronte, el de las dos caras. Una mira atrás, la otra
hacia adelante; es decir, al pasado y al futuro. Solía representarse con una
cara de viejo y otra de joven, como evocación al tiempo transcurrido y al
porvenir.
Hay que destacar que Jano no tenía contrapartida en el
panteón griego. Algunos lo relacionan con el dios celeste etrusco Ani, deidad
de las puertas.
En la celebración del nuevo año romano, se convidaba a los
amigos, se tomaba un vaso con miel, dátiles e higos, simbolizando la dulzura
esperada en el nuevo año. Sin embargo, el 1 de enero se trabajaba como en un
día cualquiera. Cada cual desempeñaba rigurosamente su oficio luego del ritual
a Jano, en la expectativa de que el recién nacido año no resultara ocioso.
Previo a la celebración del nuevo año nuevo, se celebraban la
Saturnalias, fiestas consagradas a Saturno. Duraban una semana (entre el 17 y
el 23 de Diciembre), en la que se escogía un rey ficticio entre los presos
condenados a muerte. Durante su reinado todo era ocio y caos. Los esclavos
podían burlarse de sus amos y hacerlos servir la mesa, los soldados usurpaban
los puestos de comando y realizaban toda clase de pillerías.
Las Saturnalias finalizaban con la muerte del falso rey y la
llegada del orden. Durante esos días, la estatua de Saturno, que estaba
atada con una cinta de lana en su templo durante todo el año, se desataba
como símbolo del regreso a la Edad de Oro.
El papa Gregorio XIII (1502- 1585) hizo la última
modificación respecto al calendario juliano para dejar el calendario de actual
vigencia.
Tomado de Prodavinci