Les confirmo que fuimos postulados para la alcaldía de Baruta
y lo aceptamos. Nos metimos en esta degollina, en el escenario más complejo y
difícil que ha tenido la oposición en estos 18 años, para restablecer la
cordura, para hablar de política e intentar meterle freno a la locura que se ha
apoderado de la oposición desde ya hace mucho rato. Estamos repitiendo otra vez
el error del 2005 solo que con Maduro, dentro de una enorme crisis y a las
puertas de la elecciones presidenciales del 2018. Es casi seguro que, por el
caos interno dentro de la MUD, las adelantarán para el primer trimestre del año
que viene. Confiados en un resultado favorable en las municipales, el
oficialismo aprovechará para gobernar otros 6 años más y quien sabe hasta cuándo.
No es tiempo de hablar de gestión en las alcaldías o de las enormes virtudes de
los candidatos. Eso importa y habrá que ser puntual sobre lo que se puede hacer
sin ingresos y con el permanente saboteo del oficialismo para mejorar la
calidad de vida de los vecinos. Pero, la necesidad de centrar el discurso en
las mayorías, en el hambre, en la inseguridad y en la inflación es la clave.
Nos hemos casi exclusivamente dedicado al tema Maduro y hemos dejado a un lado
la realidad de la gente. La urgencia por sobrevivir en un país donde nada
funciona y la comida cambia de precio en horas. Un alto porcentaje venezolanos
no tiene otro camino que alimentarse de la basura y eso duele. Nos matan para
robarnos un celular y se mueren los enfermos en los hospitales porque no hay
medicinas. Tenemos que discutir cómo nos reencontramos con la mayoría. Como
volvemos a sintonizarnos con la necesidades de la gente , como los acompañamos
para que dejen de sentir que están solos, en el más completo abandono. Ahora,
aun cuando el contenido del discurso es lo principal, las causas de la derrota
el 15 de octubre son muchas y todas deben ser debatidas. Comencemos con señalar
que tenemos un liderazgo exageradamente limitado a la hora de reconocer errores
y deficiencias. No asume qué hay que buscar las razones de por las que pedimos
más de 2 millones 800 mil votos y solo habla del fraude, casi como una única
excusa. Ciertamente hay abuso de poder y mucha trampa. Eso hay que pelearlo con
mucha fuerza en los escenarios internacionales. Convocar de inmediato a los
participantes en las reuniones de Santo Domingo y presionar al gobierno para
que se realicen cambios en el CNE y se establezcan acuerdos que permitan la
observación internacional que impida tanta triquiñuela.
También debemos
reconocer que la unidad es frágil y que hay muchas facturas internas. Demolemos
a nuestras principales figuras. Hoy son héroes mañana unas lacras, vendidos al
madurismo. Hay que cambiar de actitud y de la hostilidad permanente pasar a la
confianza y el respeto. La MUD debe ser intervenida para que las decisiones no
terminen en un grupito que, por muy representativo, está obligado a consultar
toda la pluralidad que se expresa en ese 70% que en todas las encuestas rechaza
al gobierno por ineficaz, por malo. Nuestra maquinaria electoral tubo muchos
baches en este último proceso. Faltaron testigos, no llego la comida y ciertos
partidos evitaron y menospreciaron la ayuda de los otros para que tuviéramos
presencia en la totalidad de las mesas. El tema del abstencionismo militante es
difícil. Hay una discusión pendiente. ¿Salimos de Maduro por votos o de otra
manera? Los que niegan la salida electoral olvidan que venimos de 4 meses de
calle y más de 130 muertos. Sobre eso no hicimos ningún balance público y era
indispensable. Hubo cosas maravillosas en esos días que generaron la simpatía y
la solidaridad en todo el mundo. Las redes permitieron desenmascarar la
represión y mostrar grandes masas de venezolanos en la calle peleando por la
democracia. La señora que se enfrentó a la tanqueta, el violinista, el
amigo que se desnudó frente a la Guardia Nacional, las marchas de los jubilados
y demás demostraciones de lucha conmovieron la opinión pública del planeta.
Pero, hubo errores y graves. Al día siguiente del referéndum y de las 7.500.000
firmas, estábamos enfrascados en un insólita discusión sobre si las trancas
eran de 2 o más horas. No solo nos encerramos nosotros mismo en nuestros
reductos más combativos, llamamos a la insurrección contra el gobierno,
Invocamos al 350, el 333 y por la calle del medio invitamos a nuestros
seguidores a tomar centros electorales y evitar la constituyente. Maduro no se
fue al otro día como se prometió, al contrario, monto su show e instalo una la
ANC por todo el cañón. Todo eso le sirvió para amedrentar, para dividirnos. Ese
episodio desmoralizo a muchos de quienes nos respaldan. No se entendió el
viraje, de la calle a los votos, porque además no tenemos comunicaciones
efectivas. Buenos para agitación y nulos en la explicación de la política. Para
colmo estamos limitados, aislados, minimizados en los medios tradicionales. Lo
más terrible es que no se había hecho una evaluación certera de posibles
escenarios y todo lo apostamos al ¨vete ya¨ como única posibilidad. En cambio,
el oficialismo diseña planes maléficos para rebanar nuestra fuerza electoral y
lo hace frente a nuestros ojos una y otra vez sin que inventemos nuevas
salidas. Fue una grosería como cambiaron electores de centros de votación de un
día para otro y la negativa a corregir en el tarjetón la sustitución de los
candidatos. Esa capacidad de planificación es una enorme ventaja para ellos.
Nuestro liderazgo ni siquiera utiliza las recomendaciones de la comisión de estrategia
de la MUD a la hora de fijar objetivos. Cada partido, cada candidato
presidencial tiene su propio plan y jura que con eso basta. Nos hemos
vuelto predecibles. Es fácil adivinar como vamos a responder y por eso nos
colocan todo tipo de señuelos con sus laboratorios en las redes para que nos lo
traguemos. Así logran enfrentarnos sin que nadie pueda detener tanta
perversidad. El público opositor está lleno de desesperanza, de desaliento, se
deprime y es víctima de sofisticadas técnicas de manipulación. Urge un discurso
que le hable claro a la gente. Una postura honesta en la comunicación que nos
blinde frente a semejante debilidad. El contenido de nuestras campañas y
posturas en los medios debe ser optimista. Llamar a quedarse a nuestros jóvenes
para pelear por Venezuela. Debemos seguir el ejemplo de nuestros libertadores.
¿Se imaginan que Bolívar, Sucre, Páez, Ribas, Urdaneta se hubieran marchado del
país después de alguna de las tantas derrotas en la guerra por la
independencia? No tendríamos país. Desde enero del 2016 hasta hoy se han ido al
exterior más 500 mil venezolanos. Eso también nos afectó. Esto es lo que
queremos decirle al país, al mundo opositor. Hay que usar el cerebro y hacer
política. No podemos despachar todo este complejo escenario que hay hoy en la
calle con pura emocionalidad o con simplezas. Maduro nos puso una trampa mortal
con la juramentación en la AN y otra vez volvimos a culparnos nosotros mismos
cuando es una jugada del gobierno. El PSUV no necesita hacer más nada para que
la revolución se quede en el poder por toda la eternidad. Basto el truco de la
juramentación para desarticularnos. Bajo esa premisa no vamos a ninguna otra
elección. Convertimos la jugarreta en un problema de dignidad, de principios, y
ese no el tema. Hay principios en nuestros gobernadores y esa ha sido una de
sus principales características. Por eso ganaron. El debate es político. Los
mismos que criticaron a los gobernadores por ir a la oficina de Delcy
Rodríguez, hoy hablan de primarias para ir a las presidenciales. Pero, no han
cambiado las condiciones y se mantiene esa especie de trampa casa bobos montada
que es la juramentación en la ANC para evitar que asistamos a cuanto proceso
que electoral venga. A este asunto hay que darle una respuesta. Hay que hacer de
eso un chiste, restarle importancia, burlarse para restarle peso. A los
gobernadores los obligaron y, mala o buena, se le dio una salida para salvar no
solo el cargo, también a los pueblos que obtuvieron tan importante victoria.
¿No debe ser difícil entender que no es igual Laidy Gómez que Vielma Mora en el
Táchira? Este señor es el responsable de la represión y la violencia en el
Táchira. Gobernadores, alcaldes sirven también para desmotar el efecto
demoledor del Carnet de la Patria que obliga a las más pobres a votar por
necesidad. De inteligencia no nos vamos a morir como le dijo Henry Ramos a un
diputado oficialista cuando era un héroe para las masas y desde la presidencia
del parlamento nos dio catedra de experiencia y política. Debemos parar esta
degollina, esta laguna de pirañas en que se ha convertido el liderazgo
opositor. Es mentira que estamos divididos entre buenos y malos, traidores y
honestos. Eso es un absurdo. Aquí tenemos 18 años fajados dando la cara. Hay
exilados, presos, inhabilitados, perseguidos y muchos muertos. Nuestros
dirigentes han cogido palos, inhalado bombas a montón y aquí están. Hemos
estado en la calle, en las urnas de votación, en huelgas de hambre, en la OEA,
la ONU y en todos los espacios dándolo lo mejor de nosotros. ¿Qué se cometen
errores? Como no. El que este libre de pecado que tire la primera piedra. Aquí
nadie tiene el monopolio de la razón. Lo que hay que evitar el repetir los
mismos errores y la abstención es tal vez el más terrible de ellos. Por eso
vamos al debate. A discutir con el país para darle un giro, un ¨Vuelvan Caras¨
a este animo decaído, a la desesperanza que es nuestra principal derrota. No
nos entregamos, no cedemos más espacio. Baruta, Chacao, El Hatillo, Sucre,
Caracas, Maracaibo, San Cristóbal, Porlamar, Bolívar, Guanare, ningún municipio
del país se entrega. El adversario es el gobierno y no le vamos a ganar llenos
de odio, insultando al que piensa distinto, sino haciendo política. Pongo mi
experiencia y capacidad para comunicar al servicio de estas ideas. Han
intentado sacarnos del juego, del periodismo que es nuestro oficio, nuestra
pasión, y no nos hemos rendimos. Así he vivido y así seguiré.
