Por Ramón
Escovar León | Tomado
de PRODAVINCI
“No es popular tener
razón antes de tiempo” es frase atribuida a Octavio Paz. Decir lo que se piensa
para exponer una opinión que luego se corrobora como acertada, coloca a quien
la emite en la posición de aguafiestas. Fue lo que ocurrió con Teodoro Petkoff
con su libro: Checoslovaquia. El socialismo como problema,
publicado en 1968 luego de la invasión de los tanques soviéticos a
Checoeslovaquia, que constituyó una advertencia de cuanto ocurriría
posteriormente con el comunismo soviético.
El Ejército Rojo abatió la expresión de libertad que
representó la denominada “Primavera de Praga”. La magnitud imaginaria que
representó en el colectivo mundial esta invasión fue la materia prima que
permitió a Petkoff escribir este ensayo canónico en el que demuestra los
desvíos del comunismo soviético y la necesidad de romper con ese esquema. La
repercusión de este libro en el comunismo del momento se evidenció cuando
Leonid Brézhnev, secretario general del Partido Comunista de la Unión
Soviética, atacó tanto a las ideas como al autor en el informe del XXIV
Congreso del Partido Comunista.
Las críticas de Petkoff contra el comunismo soviético
estropearon la fiesta de los marxistas-leninistas de la época. Vale destacar el
dogmatismo de los marxistas, al punto de equipararse a una religión: “Los
comunistas nunca se equivocan”. En este sentido, Teodoro cuenta una anécdota
recogida en una conversación que mantuvo con Alejo Carpentier en 1967, quien le
dijo sobre Fidel Castro: “Yo creo lo que dice Fidel. Él nunca se equivoca […]
El partido nunca se equivoca”. A esta ceguera religiosa no escapa Pablo Neruda
con su Oda a Stalin. Esto es suficiente para entender la rigidez de los
revolucionarios marxistas al imponer sus programas políticos y económicos: las
llevan a cabo “como sea”, aun en contra de las realidades objetivas de los
hechos y de la experiencia.
Desde la publicación Checoslovaquia. El socialismo
como problema, el pensamiento de Teodoro no cesó de influir sobre la
izquierda. En el caso venezolano la primera y evidente consecuencia fue la
división del Partido Comunista y la fundación del Movimiento al Socialismo.
Este partido nace rodeado de expectativas y simpatías, al punto que Gabriel
García Márquez le expresa su solidaridad al momento de recibir el premio Rómulo
Gallegos en el año 1972.
El tiempo dio la razón a Teodoro. El desprestigio y deterioro
de los partidos comunistas en Europa del Este creció sin detenerse. En este
contexto, Ronald Reagan el 12 de junio de 1987 pronuncia frente a la Puerta de
Brandeburgo su lapidario pregón libertario: “Sr. Gorbachov, derribe ese muro” (tear
down this Wall). El muro, que dividía la libertad de la esclavitud
política, fue derribado, mandarria en mano, por el pueblo alemán el día 9 de
noviembre de 1989. Así nació la nueva etapa de libertad y prosperidad en
Alemania basada en la tolerancia y en la democracia. Lo que significó esta
doble vida en un mismo pueblo, dividido por el muro del dogmatismo ideológico y
de la intolerancia, puede verse en la película Adiós a Lenin: una
familia que padece el drama de vivir en una ficción.
El socialismo es el mayor problema para los valores
republicanos. El comunismo es incompatible con la libertad, y este es el valor
nuclear de una república. Donde ha existido el socialismo marxista, la libertad
es triturada por las bayonetas, la violación de los derechos humanos y la
intolerancia sustentada fanáticamente en los dogmas ideológicos.
Todo eso lo pudo predecir Teodoro Petkoff en un libro que
conviene recordar ahora, cuando Venezuela padece el socialismo marxista en su
expresión más ruda. Las sociedades que toman este camino cierran las puertas a
los valores republicanos, como Cuba. Lo esencial de una república es el Estado
de derecho, los derechos humanos y la libertad; valores que no existen en los
regímenes marxistas-leninistas.
Era difícil imaginar que los escombros ideológicos de los
países de la Cortina de Hierro iban a naufragar hasta llegar a las costas
venezolanas. Esto, unido al militarismo, dio nacimiento al movimiento
populista-castrista que hoy domina a nuestro país. Semejante amenaza había sido
igualmente anticipada por Teodoro cuando en 1998 decidió separarse del
Movimiento al Socialismo, el partido que había fundado, por la decisión de este
de apoyar electoralmente a Hugo Chávez. Petkoff fue uno de los primeros
políticos de audiencia nacional que advirtió “el fantasma del comunismo” que
-auspiciado por el militarismo- gravitaba sobre Venezuela. Nuevamente tuvo
razón anticipada y fue también un aguafiestas de la izquierda radical.
Escribo este artículo en momentos en que Petkoff está
retirado de la vida política por motivos de salud. A él debemos reconocer que
en su ejercicio político -posterior a su rectificación en 1968- hizo prevalecer
los valores republicanos sobre los intereses cortoplacistas propios del
pragmatismo. Así lo advirtió Manuel Caballero en el prólogo de la segunda
edición de la obra a que me refiero, cuando afirmó que Teodoro entendió “la
política como una elevada tarea espiritual, y no el asqueante pragmatismo
clientelar que hoy la caracteriza”.
