Vistas de página en total

21 marzo, 2017

Razones para no visitar el Templo de los Tigres y otros lugares similares


Tras las denuncias de varias ONG’s, el gobierno de Tailandia entró en las instalaciones del Wat Pha Luang, más conocido como el “Templo de los Tigres” y lo que halló tras los muros hizo que las autoridades incautasen sus 147 tigres, que fueron entregados al Departamento de Protección de Parques Nacionales, Vida Silvestre y Plantas y cerrase el lugar.
 El templo de los tigres es probablemente uno de los lugares más controvertido en el sudeste asiático. La gente que llegaba allí tenia oportunidad de ver a los majestuosos felinos junto a los monjes, podían acariciarlos y fotografiarse con ellos, pero nunca se enteraban de lo que pasaba de puertas para adentro. Las ONG’s que lograron su cierre advierten que la reapertura de este lugar, que se produjo a principios de este año, no les da tranquilidad, temen que todo vuelva a comenzar y piden a la gente que no acuda allí, ni a otros lugares similares, donde los animales salvajes son obligados a una existencia que va en contra de su naturaleza.

 Huérfanos forzados.
Con apenas dos semanas, los tigres eran separados de sus progenitoras para ofrecerlos a los turistas. De esta forma era posible darles el biberón y tocar a estas hermosas criaturas, que en estado salvaje son animales solitarios que viven junto a su madre durante los dos primeros años de vida. Los pequeños, en vez de tener acceso directo a la nutritiva leche de sus madres solo recibían alimentos mediante biberones que se le daban una y otra vez, hasta que muchos llegaban a devolver el líquido. En general en este tipo de lugares a los turistas solo se les ofrecen los cachorros, ya que su edad les impone una buena dosis de ternura y más seguridad. Pero si hay tantos bebés, ¿dónde y en qué condiciones viven los adultos que los procrean, que suelen estar ocultos a la vista del público?
Jaulas y estereotipia
El tigre es un animal que necesita mucho ejercicio diario y algunos de los especímenes más grandes del templo eran paseados en medio de la multitud de turistas, dando la impresión de que esa era la norma. Pero la realidad era muy diferente. La mayoría de los 122 tigres adultos pasaban la mayor parte de su tiempo confinados en jaulas, con hasta 6 individuos por habitáculo y la mayoría experimentaba signos de estereotipia animal, el mal de los cautivos.
 Alimentación
Los animales comían pollo hervido todos los días. Muchos tenían sobrepeso y subdesarrollo muscular. Los tigres necesitan ingerir carne roja regularmente para obtener la enzima taurina y otras vitaminas esenciales para su desarrollo normal, pero los monjes se excusaban en que este tipo de alimentación era muy cara.
Dinero
Detrás de la fachada del Templo se escondía un gran negocio, el de las donaciones que no se empleaban ni en mejorar la nutrición o el cuidado de los animales y mucho menos en reintroducirlos en las selvas. Era meramente un negocio muy lucrativo, del que tanto los que acuden a esos sitios, como quienes difunden sus imágenes, son cómplices de su existencia.
 Peligro
Tanto los tigres, como otros animales salvajes a los que se los obliga a vivir en contra de su naturaleza son animales impredecibles, que pueden causar graves daños a los turistas desprevenidos. Los ejemplos de ello son muchos, pero la gente sigue exponiéndose a estos riesgos por sacarse una foto cerca de un tigre o montando un elefante. El templo de los tigres es probablemente uno de los lugares más controvertido en el sudeste asiático. La gente que llegaba allí tenia oportunidad de ver a los majestuosos felinos junto a los monjes, podían acariciarlos y fotografiarse con ellos, pero nunca se enteraban de lo que pasaba de puertas para adentro. Las ONG’s que lograron su cierre advierten que la reapertura de este lugar, que se produjo a principios de este año, no les da tranquilidad, temen que todo vuelva a comenzar y piden a la gente que no acuda allí, ni a otros lugares similares, donde los animales salvajes son obligados a una existencia que va en contra de su naturaleza.
Fuente: Naturaleza