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27 marzo, 2017

¿Por qué compramos basura para comer?


 Muchas veces sin darnos cuenta ponemos en riesgo nuestra salud a través del consumo de alimentos. Nos venden carne de buey como carne de caballo, té verde chino rico en pesticidas, nueces o trufas españolas cuando son chinas, mermelada de melocotón sin melocotón, guindillas indias aderezadas con excrementos de ratón, leche infantil con melamina, productos pasados de fecha de caducidad a los que vuelven a colocar otra etiqueta, o simplemente alimentos que llenan de aditivos (cancerígenos) y los ocultan en las etiquetas para así vender más. ¿Cuál es el problema? Que no nos damos cuenta.
Por eso, Christophe Brusset, directivo de grandes grupos de alimentación durante más de dos décadas, en las que admite haber sido cómplice y testigo de muchas de estas prácticas, ha querido publicar '¡Cómo puedes comer eso!' (Ediciones Península), 200 páginas dedicadas a hacer público ese lado oscuro de la industria alimentaria, a la venta desde este mes. A su juicio, y desde su experiencia, lo único que interesa a las grandes superficies comerciales es el dinero del consumidor, no preservar su salud. De hecho, sostiene que si la industria alimentaria fuera más responsable con sus productos se mejoraría la salud de la población. "¿Quién conoce mejor qué alimentos son más sanos y cuáles no, más que la propia industria? Ahí trabajan los mejores especialistas en nutrición, científicos, ingenieros, médicos, entre otros, que trabajan en producir toneladas y toneladas de comida basura", resalta en una entrevista con Infosalus. Así, destaca que los consumidores no son los responsables de las epidemias de diabetes, de la obesidad, o de las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo. "Los culpables son la industria que fabrica la comida basura, los supermercados que, sabiéndolo, venden esos productos, así como los políticos que no hacen nada por prohibir estas situaciones por la presión de los lobis. No escuches el mensaje de la industria que te dice que es tu culpa si estás muy gordo por no comer suficiente fruta o no hacer deporte. Es una manipulación para evitar sus propias responsabilidades", alerta Brusset
.EL CASO DEL PESCADO
 Muchos de los consumidores desconocen cuál es la forma del pescado y se les tima con un atún rojo cuando por ejemplo es bonito, o con un lenguado cuando es panga. ¿Sabemos lo que compramos? Brusset señala que muchas veces los pescados se filetean para que sea imposible saber qué se compra o se le ofrecen al comprador cosas distintas de lo que piden. "Los fraudes en el pescado son masivos, no se etiquetan, se les ha inyectado agua, azúcar. Un estudio en Francia reveló hace dos años que el 50% del panga se vendía con agua inyectada dentro", reseña. Al mismo tiempo, resalta el caso de la miel, ya que, según alerta, el 30% de la que se vende en supermercados es fraudulenta y se ha mezclado con azúcar o es falsa al 100% y es pura azúcar. También pone de ejemplo que muchos vegetales que no tienen buena apariencia o están casi para el desperdicio se aprovechan para rebozarlos y venderlos después como congelados. En el caso de los productos importados, por ejemplo, subraya que la "maniobra" de la industria muchas veces es hacer creer lo que los productos no son "para inspirar confianza y así vender más caro", y muchos por ejemplo, proceden de China, país en el que vive pero del que desaconseja comprar cualquier producto alimenticio. Asimismo, desaconseja la compra de productos procedentes de India, Turquia o el norte de África. "Muchas veces en el etiquetado sólo se especifica que son de fuera de la UE y hay que tener cuidado", apostilla. También avisa que, con la crisis, muchas empresas alimenticias se han visto obligadas a rebajar la calidad de sus productos, o a mantener el precio pero vendiendo los paquetes con menos cantidad, sin decir nada al respecto; como paquetes de galletas que antes pesaban 330 gramos y ahora 300, y siendo igualmente 15 galletas. Brusset recuerda también qué se hace con las producciones de salsa que no salen bien. "¿Crees que acaban en la basura? Por supuesto que no, ¡no hay que despilfarrar! Una mayonesa que se ha cortado, un kétchup un poco quemado, una mostaza oxidada se 'reciclan', un término técnico que simplemente significa que se diluye una pequeña cantidad de la producción defectuosa en una nueva producción buena. Sucede lo mismo con un bote de miel de mala calidad, o de pimienta, de chocolate, de crema para untar o de confitura, se van reciclando en pequeñas dosis", sostiene el francés. A su vez, menciona el aceite de oliva español, que se produce en grandes cantidades y que es más barato que el italiano, francés o griego, vendiéndose muchas veces bajo estas denominaciones de origen. "España no es ni de lejos uno de los países con peores prácticas. Estoy convencido de que a los españoles les gusta la buena comida y también los productos naturales", indica
¿EL QUESO ES QUESO REALMENTE?
 Entre otros fraudes también apunta al queso fundido, que en muchos casos se fabrica con tan sólo con un 5% del queso origen (menciona el queso azul de Auvernia) y el resto se mezcla con agua, queso artificial basado en leche termizada, mantequilla, nata, leche en polvo, o ácido cítrico, entre otros ingredientes, mezclado con agua, bloque de queso artificial (a base de leche termizada), mantequilla, proteína láctea, nata, leche en polvo, fosfato trisódico, citrato de sodio y ácido cítrico Preguntado por los productos que nunca compraría en el supermercado, Brusset cita en primer lugar a la carne picada, ya que generalmente se hace con carne de baja calidad que nadie quiere comprar, y recuerda el escándalo de la carne de caballo en la lasaña, ya que no se puede identificar el origen de la misma y la calidad. Además, incide en que una vez la carne se ha picado los microorganismos proliferan "rápidamente". Asimismo, sostiene que jamás compra especias molidas, siempre en grano, argumentando que los mejores productos no son los que se muelen sino los que se venden enteros. Aquí avisa también que al moler las especias pueden añadirse otras sustancias que nada tienen que ver, como las guindillas antes mencionadas, que incluso se desmigajaron con excrementos y pelos de roedores. A su vez, menciona a la miel de bajo coste porque procede de China, aunque no lo especifique, y está enteramente hecha de azúcar.
CONSEJOS PARA EVITAR LOS FRAUDES
 Evitar productos triturados y pulverizados. - Elige los orígenes locales o nacionales. "Es bueno para el empleo y los productos no han cruzado varias fronteras, por lo que corren menos riesgo de adulteración". - Evitar los precios más baratos. - "Es mejor evitar los supermercados e ir directamente al comercio que vende producto local. Pero como no siempre es posible, cuando tengo que ir, compro comida orgánica, marcas conocidas, y no las marcas del supermercado, siempre intentando conseguir lo mejor en relación calidad-precio". - Apostar por las grandes marcas para asegurarse la calidad del producto. - Controlar bien las listas de ingredientes - Comprobar los envases y las etiquetas - Controlar las fechas de caducidad - Desconfiar de los sellos de calidad "Estoy en total desacuerdo con la industria alimentaria. Soy ingeniero agroalimentario y he trabajado en esta industria unos 20 años. Me encanta la calidad de la comida, la historia de la gente y las tradiciones que hay detrás. Pero he visto que la calidad de los alimentos se ha ido degradando con el paso de los años por la presión de los supermercados que sólo buscan los precios más bajos. Espero que con mi libro colabore a que muchas de estas prácticas sean erradicadas y se mejoren las cosas", sentencia Brusset. Muchas veces sin darnos cuenta ponemos en riesgo nuestra salud a través del consumo de alimentos. Nos venden carne de buey como carne de caballo, té verde chino rico en pesticidas, nueces o trufas españolas cuando son chinas, mermelada de melocotón sin melocotón, guindillas indias aderezadas con excrementos de ratón, leche infantil con melamina, productos pasados de fecha de caducidad a los que vuelven a colocar otra etiqueta, o simplemente alimentos que llenan de aditivos (cancerígenos) y los ocultan en las etiquetas para así vender más. Fuente: Alimentos ecológicos / Tomado de econoticias.com