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Arq. Oscar Tenreiro: El chavismo ha sido la peor pesadilla para nuestras ciudades

POR: FERNANDO RODRÍGUEZ | FOTOGRAFÍAS: HAROLD ESCALONA


El Premio Nacional de Arquitectura reflexiona sobre la sostenibilidad de las soluciones habitacionales del chavismo, la pérdida del urbanismo en el país y el Museo Nacional de Arquitectura.
Oscar Tenreiro Degwitz (1938) ha sido una de las figuras más destacadas de nuestra arquitectura. Perteneciente a las primeras generaciones que abordan la contemporaneidad de ese arte singular, graduado en 1960, su obra ha merecido el Premio Nacional de Arquitectura, por notables realizaciones de uso público y en el área de la vivienda. Pero además ha sido un docente ejemplar en la Facultad de la UCV, de donde ha salido lo más notorio de nuestra arquitectura nacional, durante más de tres décadas. Por muchísimos años en la prensa y en revistas especializadas, nacionales y extranjeras, ha mantenido un denso y polémico pensamiento sobre arquitectura y urbanismo, seguramente registro imprescindible que habrá que preservar. Hoy lo prosigue en un blog, Entre lo cierto y lo verdadero (oscartenreiro.com), donde mantiene continuamente su lúcida reflexión. Aquí habla del presente y muy asertivamente.

 ¿Qué ha ocurrido en la era chavista en el dominio de la arquitectura y el urbanismo?

Al principio hubo señales positivas específicamente en el campo de la vivienda. Y en el campo de la arquitectura pública se hicieron proyectos que permitían optimismo, no realizados; siendo la experiencia de arquitectura deportiva para los Juegos Nacionales de Cojedes en el 2003, en la cual participé, la única que arrojó resultados concretos (aparte de, unos años después, los mediocres estadios de la Copa América) pese a que resultó semi-frustrada. Después, con la polarización política comenzó una decadencia imparable.
Los resultados hablan: no hay un sólo desarrollo de viviendas que pueda ser citado con un mínimo orgullo. El único que se me ocurre nombrar (y fue más bien una empresa directamente promovida por PDVSA) es el Conjunto de Juan Pablo II  en Caracas de cerca de 1000 viviendas de clase media diseñado por Gustavo Luis Legórburu. Todo lo demás es digno del mismo anonimato de las realizaciones de vivienda de la democracia. Y Ciudad Caribia es un verdadero desastre de altísimo costo por unidad, una de las cosas más absurdas que se han hecho en América Latina.
De arquitectura institucional hay poquísimo. En lo educacional, escuelas y liceos adocenados hechos con proyectos-tipo que son puro trámite; ningún edificio universitario de mérito pese a que se han fundado universidades por todas partes. En la salud lo único digno de mención es el Hospital Cardiológico de Carlos Pou y en lo cultural la Villa del Cine del mismo arquitecto. Ningún museo salvo el caricaturesco Museo de Arquitectura. Ningún teatro, ningún parque…un estadio de fútbol y otro de béisbol en La Rinconada que se construyen a cámara lenta con proyecto de un arquitecto extranjero estrella de la opulencia europea, contradicción escandalosa. Dos ejemplos, ¡en casi veinte años y con dinero!… es vergonzoso. Porque las más recientes inserciones de una mínima arquitectura “comunitaria” en algunos barrios marginales, en los llamados “espacios de paz”, son migajas irrelevantes.
En cuanto a urbanismo no se hizo prácticamente nada, ni en Caracas ni en ninguna ciudad de Venezuela. Más bien ha habido estruendosas metidas de pata, como por ejemplo el desarrollo de viviendas de Fuerte Tiuna. Si se decidió destinar a la ciudad parte de Fuerte Tiuna, decisión que debió ser tomada por los gobiernos democráticos anteriormente, era indispensable estudiar la forma como esos terrenos iban a contribuir a mejorar la ciudad en su conjunto. Nada de eso se hizo. Se construyó un muro impenetrable de altísima densidad, un tapón de tristes y pesados edificios, pésimo proyecto y construcción de extranjeros. Otra contradicción indefendible.

¿Qué opinas arquitectónicamente de la Misión Vivienda?
 Hablo de la de Caracas. Debido a que por su propia ineficacia el gobierno no había logrado construir las viviendas necesarias para responder siquiera parcialmente a las necesidades debidas a las lluvias, cedieron a la urgencia como siempre ha ocurrido en Venezuela y escogieron la manera más directa y a la vez la más irracional. En lugar de utilizar la capacidad ilimitada de expropiación y confiscación gracias a su dominio del Poder Judicial y usarlo en zonas blandas, las de menor densidad y mayor deterioro con usos comerciales de bajo nivel, para lograr mediante la integración de lotes, extensiones de terreno de buen tamaño propicias para crear ciudad y construir servicios, siguieron la absurda idea de construir en cuanto terreno libre hubiera disponible en manos privadas, lo que llamé en una oportunidad escoger los terrenos utilizando un salero. El hecho de que estén regados de modo aleatorio hace que la inversión carezca de impacto positivo en términos de mejoramiento urbano, lo cual se agrava porque carecen de áreas en planta baja para recreación o expansión hacia la ciudad. El Estado, incurriendo en una nueva contradicción, actuó igual que un empresario cualquiera que construye a la vez en los terrenos que posee en distintas partes sin darle nada a la ciudad, el mismo criterio de cualquier capitalista salvaje.
Por otra parte al ubicar viviendas de nivel económico muy bajo, familias con muy poca capacidad de pago en zonas de la ciudad predominantemente de clase media, se estimula el deterioro urbano porque se convierte al Estado en responsable del mantenimiento de los condominios cuando desde la perspectiva de la sostenibilidad, eso debe depender de las familias. Un deterioro por cierto que ya es visible en los distintos puntos de la ciudad donde actuó la Misión Vivienda. El criterio ideológico que usaron los directivos de la operación era que se estaba alentando una forma de subversión revolucionaria, cuando en realidad lo que se estaba haciendo era ir en contra de la lógica económico-social de toda ciudad, la cual prescribe un mínimo de uniformidad entre vecinos de una misma zona para favorecer el intercambio comunitario como parte de una mejor calidad de vida. Y dejamos por último el punto más débil de todo el programa: la no construcción de servicios: escuelas, salud, parques, edificios para la cultura, estacionamientos de conjunto, incluso mejoras de la vialidad.
Un capítulo especial es lo que se hizo en la Avenida Bolívar, que llega a ser criminal. Los responsables de esa Misión deberían ir a la cárcel…o condenarlos a vivir en uno de sus edificios…

 ¿En qué estado están los estudios de arquitectura en el país?

En toda sociedad, la arquitectura prospera a partir de lo institucional público o privado. Eso es aún más cierto en la realidad venezolana dominada por el estatismo; y mucho más evidente en estos casi veinte años de estatismo desenfrenado.  Un estatismo que minimizó la construcción privada relegándola a oficinas y centros comerciales de lujo, casas privadas y apartamentos también de lujo. Tampoco hay arquitectura industrial privada con una industria acorralada, ni educacional privada, ni asistencial, ni cultural. En resumen, lo privado ha sido tan escaso como lo público.
Ahora bien, la enseñanza de la arquitectura depende de modo muy importante de la arquitectura construida como referencia esencial para el aprendizaje.  Si hay tan poca arquitectura es entonces evidente que ello se refleja en la calidad y sobre todo en la pertinencia cultural de la enseñanza de los futuros arquitectos. En lugar de encontrar en su propio medio los ejemplos concretos que contribuyen a confrontar sus intenciones con las realidades inmediatas (en la enseñanza de la arquitectura la ostentación es básica: mostrar ejemplos), deben buscarlos en la arquitectura de fuera. Prospera así una especie de enfermedad imitativa que erosiona las raíces culturales de la arquitectura que quiere construirse. Finalmente, cada vez son más escasos los profesores que construyen, y sabemos que eso es esencial en nuestra disciplina. Y si aparte de eso, las universidades están en el estado de abandono en el cual sabemos que están, doy por contestada la pregunta así: están mal, a pesar de la abnegación de tantos profesores, con sueldos miserables.
 ¿Cómo valoras el tan esperado, y ahora hecho realidad, Museo Nacional de Arquitectura?
 Que no ha cumplido su función. Se ha convertido en un lugar de propaganda oficial y además carece de todas las facilidades necesarias para servir de apoyo a los arquitectos. Su Director, además de haberse concedido a sí mismo el proyecto de la Sede, lo cual habla ya de un mal nacimiento, ha sido por años un simple promotor de ideología. Su prestigio intelectual de poco le ha servido. Me dijeron que cambió de puntos de vista y ahora se distancia de la dictadura. ¡A bonita hora, cuando el barco se hunde! Es tarea futura convertir este museo en instrumento de divulgación de los esfuerzos de los arquitectos y promotor de la calidad de la arquitectura.
Tú has criticado siempre ciertas tendencias ostentosas y artificiales de la arquitectura mundial en nombre de otra arquitectura más terrenal, vinculada al entorno local y a los hábitos reales de sus usuarios, más sobria y racional ¿tienes la impresión de que esa espectacularidad ha cedido en los últimos años?
Sí, eso ha ocurrido. Hay un deseo de regresar a la mesura pero a veces da la impresión de que se buscan las contrafiguras equivocadas. Los últimos premios Pritzker dicen claramente que la crítica anda muy desencaminada. Se ponen en el mapa las posibles nuevas direcciones, promoviendo una especie de exotismo bastante oportunista, inauténtico, de pantalla, como el de Aravena el chileno. O se estimula un refinamiento, una nitidez ajena a nosotros como la de los últimos catalanes.  Uno espera que la actividad de los arquitectos de esta parte del mundo prospere en un futuro más promisorio para que podamos tener la posibilidad de hacernos más autónomos, más verdaderos. Que surja aquí una arquitectura con raíces profundas, más allá de las tendencias inspiradas por el revisionismo europeo. Ese es todo un tema.

 ¿Qué hace un arquitecto de edad madura en Venezuela y que quiere ser fiel a los patrones de búsqueda de excelencia y autenticidad que una vez tuvo nuestro quehacer arquitectónico?
Por lo pronto tener paciencia hasta lograr ver el fin de esta pesadilla dictatorial regida por una escandalosa mediocridad que a veces nos ahoga. Pero eso para una persona de mi edad es un poco difícil. Porque uno no sabe cuanto tiempo activo le queda y a veces se descorazona al ver que compañeros, gente muy valiosa, ha partido sin ver el fin de esta opereta lamentable. Tengo unos cuatro años sin trabajo desde que terminé el plan de las Escuelas Modulares para la Gobernación del Estado Miranda que fue una magnífica experiencia. Pero ellos ahora no tienen dinero y están contra la pared, así que ha quedado pendiente la construcción de una de ellas aquí en Caracas que en mi opinión sería un ejemplo de interés.  Mientras tanto, hago una cosa pequeña pero que veo con expectativas, muy lentamente, con mi hijo Esteban el ingeniero.
Y continúo escribiendo porque escribir para mí tiene una importancia especial. Estoy ahora proponiéndome, tal como aquel personaje histórico que admiro, a recobrar el tiempo perdido, a través de la escritura. No sé si lo lograré porque he dudado mucho en cuanto al camino a seguir. Hemos perdido mucho tiempo los venezolanos, muchísimo se nos ha ido de las manos en este país que amamos tanto. Al cual nos debemos porque es bastante más de lo que parece .
Y cuando las cosas retornen a su lugar espero todavía tener la energía para construir alguna cosa. Ya veremos.
Pero no puedo dejar de concluir con esto: No sólo hemos vivido una pesadilla política, también ha sido una pesadilla para la arquitectura y nuestras ciudades. Quedará como ejemplo universal de lo peor que puede pasarle a una sociedad, aparte de la guerra.