De paso por Berlín para la exhibición de su documental 'Allende mi abuelo Allende', la nieta del expresidente chileno habló con DW sobre este film, que muestra una faceta de Salvador Allende más allá de la de estadista.
Salvador Allende y su mujer Hortensia Bussi con sus nietas Marcia (izq.) y Maya.
Junto con su familia, la nieta del presidente Salvador Allende partió al exilio tras el golpe militar de 1973, cuando tenía un año. Atrás quedaba una historia familiar de la que poco se habló... hasta que decidió emprender esa búsqueda de recuerdos y vivencias.
Marcia Tambutti Allende, hija de la
senadora Isabel Allende Bussi y nieta del fallecido presidente socialista,
creció en México y regresó a Chile con la vuelta a la democracia. En su afán de
recomponer esa historia inconclusa, hizo una pausa en su carrera como bióloga,
estudió cine y, tras ocho años de hurgar en archivos, fotos, películas y
entrevistas personales, presentó su documental 'Allende mi abuelo Allende', una
retrato íntimo del hombre a quien sus cercanos llamaban con cariño 'Chicho'.
Marcia Tambutti buscó retratar la figura de
su abuelo más allá del estadista.
¿Por qué faltaba esa imagen más humana o
familiar?
Para el golpe no sólo bombardearon La Moneda [el palacio
presidencial], sino también, muy cobardemente, la residencia, sabiendo que sólo
estaba mi pobre abuela. Nosotros salimos al exilio sin objetos ni pertenencias
familiares. Cuando volvimos a vivir en Chile, me impresionó mucho ver a mi
abuela en un programa de televisión pedir que ojalá nos devolvieran los álbumes
familiares porque ella no tenía nada del 'Chicho' que dejarle a sus nietos. Lo
vi por televisión, pero nunca lo hablamos dentro de la familia. Esto justamente
marca esta paradoja que había en mi familia, que había ciertos temas que se
hablaban sólo de un modo político y nunca en la intimidad.
¿Cómo venció ese pudor y ese silencio que
había en su familia?
Pues, con insistencia [ríe]. Yo creo que
la familia finalmente se abrió mucho con ese amor y generosidad que se da entre
las familias. Me pusieron límites, pero también hicieron el mejor esfuerzo que
pudieron. Cuando encontraba una fotografía o un archivo y se los mostraba, se
iba recuperando algo, un espacio, se iban empujando esos límites. Había más
ganas de abrirse y literalmente como si fuera un músculo se iba fortaleciendo
la memoria, se iban recordando más cosas y soltando más.
¿Qué representó esto para su familia?
Recuperar la memoria y compartir los recuerdos, aunque hayan sido
dolorosos, con quien quieres, es muy potente. Es muy entendible que la gente se
quiera proteger, pero lo curioso es que al protegerse de cosas dolorosas
también se olvidan los momentos tan felices que tuvimos, se hace como un
muro de contención del pasado. Creo que mi madre y mi tía recuperaron mucho de
su infancia, que tenían como contenida.
¿Qué significado puede tener también para
Chile el recuperar estos recuerdos?
La historia de nuestra
familia es una historia que se ha repetido muchas veces en Chile. Mostramos la
película en muchas ciudades y el público nos decía que se parece mucho a lo que
les pasó, sobre todo en Chile y en América Latina. La historia es un poco
universal. Cuando hay silencios familiares, surgen la necesidad por parte de
alguien de la familia de completar esta identidad. En ese sentido la película es
una invitacion al diálogo, que es muy necesario todavía en Chile porque los
dolores que no se trabajan y no logran ver la luz, mantienen la herida. Como
país es muy bueno hablar de temas que no hemos hablado. Como familia, la
pelicula también refleja puntos de vista de distintas generaciones y al final
nos acerca.
En Chile la imagen de Allende está muy
polarizada. Hay quienes lo aman y quienes lo odian. ¿Cómo enfrentó ese aspecto?
La figura de mi abuelo concita pasiones muy fuertes. Yo pensé que la crítica
chilena iba a ser muy dura con nosotros porque la mayoría de los medios
escritos allí son de derecha, pero gracias a que se estrenó en el Festival de
Cannes y nos fue bien, la película se tomó muy seriamente e incluso medios de
derecha la recomendaron. Recuerdo unos críticos que invitaban a que la vieran
quienes no fueran seguidores de Salvador Allende, porque sentían que ayudaría a
ver mejor ese dolor, porque todas las familias tienen fracturas. Me pareció muy
interesante, pero dudo que ocurra. Es muy claro que cierto tipo de gente no iba
a ver 'Allende mi abuelo Allende', por el nombre.
¿Y qué encontró allende -o más allá- de su
abuelo, como indica el título? ¿Cómo era él en la intimidad?
El era alguien bastante entrañable. Este gran peso y dolor tiene que ver
con la pérdida de la democracia en Chile, con la pérdida de muchos seres
queridos, pero su ausencia es algo que gravita mucho en quienes lo rodeaban.
Era alguien muy cálido y con un gran sentido del humor, que es muy reconocido
por muchas personas que cuentan anécdotas de sus bromas, sus salidas rápidas y
su capacidad de respuesta, aun siendo presidente. El sentido del humor
era vital. Eso lo hacía muy entrañable.
En 1981, en plena dictadura, Marcia
Tambutti visitó Chile para conocer a su familia paterna. Tenía nueve años
¿Por qué en su familia, en vez de usar
palabras como papá o abuelo, acostumbran llamarlo Salvador Allende o,
simplemente, 'Chicho'?
Mi familia le decía mucho Salvador Allende en toda
la época de la dictadura y posterior, porque sólo hablaban de él en actos
políticos. A mi madre le da más pudor decir "mi padre", pero también
porque las tres hijas, de niñas, siempre llamaron de cariño a sus padres
'Chicho' y 'Tencha'. Son particularidades que se dan en las familias. Siempre
escuché llamar a mis abuelos así.
¿Cómo abordó aspectos de esta historia
familiar como el exilio, la muerte o los suicidios?
Fue
muy doloroso. Creo que hay que asomarse con sutileza, pero con la veracidad que
tiene, y eso lo hace contundente. Al abrirse es inevitable darse cuenta de que
hay una suma de dolores muy potentes en una familia y ves fragilidades, pero
con esta mezcla entre el pudor y la sinceridad que la situación conlleva.
¿Qué significó recibir el premio al mejor
documental en el Festival de Cannes 2015?
Fue una sorpresa
gigante. En un proyecto que tardas ocho años y has pasado un montón de
vicisitudes y dificultades, recibir un premio nunca está como objetivo
presente. Pero tengo la sensación que se reconoció un trabajo muy profesional
de un gran equipo con experiencia en cine documental y además muy solidario,
que me acompañó en forma muy leal y talentosa. Por otro lado, el premio
permitió que la película pudiera ser tomada como tal y no como "aquí viene
su nieta a hacernos propaganda". Le dio la libertad, seriedad y capacidad
de verla de manera distinta.
La película 'Allende mi abuelo Allende',
producida por la productora chilena Errante, fue presentada en el ciclo de cine
chileno, realizado entre el 21 y el 26 de octubre en Berlín y organizado por la
Embajada de este país en Alemania. En Europa será distribuida por
Doc&Film.
