Por Michael Moore * / TOMADO DE PAGINA 12
Amigos:
Siento ser el portador de malas noticias, pero ya se los advertí el
verano pasado cuando dije que Donald Trump sería el candidato
republicano a la presidencia. Y ahora traigo una noticia aún peor y más
deprimente: Donald J. Trump va a ganar las elecciones en noviembre. Este
desgraciado, ignorante, peligroso y miserable payaso a tiempo parcial y
sociópata a tiempo completo será el próximo presidente de Estados
Unidos. Presidente Trump. Vamos, vayan practicando, porque será así como
nos tendremos que dirigir a él durante los próximos cuatro años:
“PRESIDENTE TRUMP”.
Nunca en mi vida he deseado estar equivocado tanto como ahora.
Me
imagino lo que estarán haciendo ahora mismo. Estarán negando con la
cabeza y mientras piensan: “No, Mike, no va a ganar”. Por desgracia,
viven en una burbuja con una cámara de resonancia acoplada en la que
tanto ustedes como sus amigos están convencidos de que los
estadounidenses no van a elegir como presidente a un idiota. (...)
Tienen que salir de esa burbuja inmediatamente. Tienen que dejar de
negar lo evidente y enfrentase a la verdad que en el fondo saben que es
muy muy real. (...) Estas son las cinco razones por las que Trump va a
ganar:
1
El Brexit del medio oeste de Estados Unidos. Creo que Trump va a
centrar gran parte de su atención en los cuatro estados azules de
Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin. Cuatro estados tradicionalmente
demócratas, pero que han elegido a gobernadores republicanos desde 2010
(Pensilvania es el único que finalmente ha elegido a un demócrata
ahora). En las primarias de Michigan de marzo, 1,32 millones de
habitantes votaron a los republicanos frente a los 1,19 millones que
votaron a los demócratas. Según las últimas encuestas de Pensilvania,
Trump está delante de Hillary; y en Ohio están empatados. ¿Empatados?
¿Cómo es posible que esta carrera sea tan reñida después de todo lo que
dijo e hizo Trump? Quizá se deba a que este dijo (y dijo bien) que el
apoyo de los Clinton al Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(TLCAN) ayudó a destruir a los estados industriales de la zona norte del
medio oeste de Estados Unidos. Trump va a machacar a Clinton con este
tema y con el hecho de que haya apoyado el Acuerdo Transpacífico de
Cooperación Económica y otras políticas de comercio que perjudicaron a
los habitantes de esos cuatro estados. Durante las primarias de
Michigan, Trump amenazó a la empresa Ford Motor con que si seguían
adelante con el cierre de la fábrica que tenían previsto y se
trasladaban a México, pondría un impuesto del 35 por ciento a todos los
coches construidos en México que se enviaran a Estados Unidos. Fue
música para los oídos de la clase trabajadora de Michigan,y cuando lanzó
otra amenaza a Apple y dijo que les obligaría a dejar de fabricar
iPhones en China y a fabricarlos en Estados Unidos todos quedaron
embelesados y Trump se llevó una gran victoria que debería haber sido
para el gobernador de al lado, John Kasich.
La
zona que abarca desde la ciudad de Green Bay (Wisconsin) hasta
Pittsburgh (Pensilvania) es la mitad de Inglaterra: rotas, deprimidas y
en pésimas condiciones funcionan las chimeneas esparcidas por el campo
en el esqueleto de lo que antes llamábamos clase media. Trabajadores (y
no trabajadores) amargados y enfadados a los que Reagan engañó y que
fueron abandonados por los demócratas, que siguen intentando persuadir
de forma deshonesta pero solo quieren aprovecharse de la situación
codeándose con lobistas de Goldman Sachas que les puedan extender una
gran cheque antes de abandonar la habitación. Lo que ha pasado con el
Brexit en Reino Unido también va a pasar aquí. Elmer Gantry aparece como
Boris Johnson y dice lo que se le ocurre para convencer a la gente de
que ¡esta es su oportunidad! De quedarse con todos, con todos los que
hicieron añicos su Sueño Americano. Y ahora Donald Trump, el forastero,
llegó para limpiarlo todo. ¡No hace falta que estén de acuerdo con él!
¡Es su cóctel molotov personal, el que pueden lanzar en medio de los
bastardos que les hicieron esto! ¡ENVIEN UN MENSAJE! ¡TRUMP ES SU
MENSAJERO!
Y
aquí es donde entra en juego las matemáticas. En 2012, Mitt Romney
perdió por 64 votos electorales. Sumemos los votos electorales de
Michigan, Ohio, Pensilvania y Wisconsin. Son 64. Lo único que Trump
necesita para ganar es mantenerse, tal y como se espera, en la franja de
estados tradicionalmente republicanos de Idaho a Georgia (estados en
los que nunca ganará Hillary Clinton), y ganar en Michigan, Ohio,
Pensilvania y Wisconsin. No necesita ganar en Florida. No necesita
Colorado ni Virginia. Solo Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin. Y
eso le colocará en la cima. Y eso es lo que va a pasar en noviembre.
2
El último bastión de los Hombres Blancos Enfadados. El gobierno de
Estados Unidos que lleva 240 años dominado por hombres llega a su fin.
¡Una mujer está a punto de llegar al poder! ¿Cómo sucedió esto? Delante
de nuestras narices. Hubo señales de peligro, pero las ignoramos. Nixon,
el traidor del género, impuso el Título IX, la ley por la que, en la
escuela, las alumnas deberían tener las mismas oportunidades a la hora
de practicar deporte. Y luego les dejaron pilotar aviones comerciales. Y
antes de que nos diéramos cuenta, Beyoncé revolucionó la Super Bowl
(¡nuestro juego!) con un ejército de mujeres negras que, con el puño en
alto, dejaron claro que nuestra dominación había terminado. ¡Oh, la
humanidad!
Ese
es el pequeño resumen de la mente del Hombre Blanco en Peligro de
Extinción. Hay una sensación de que el poder se les escapa de las manos,
que su manera de hacer las cosas ya no es la manera en la que se hacen
las cosas. Este monstruo, la “Feminazi”, esa cosa que, como dice Trump,
“sangra por los ojos o por donde sea”, nos ha conquistado y ahora,
después de haber tenido que pasar por ocho años en los que un hombre
negro nos ha dicho qué hacer, ¿se supone que tenemos esperar sentados y
aguantar ocho años que una mujer nos mandonee? ¡Después de eso serán
ocho años de gays en la Casa Blanca! ¡Y luego transexuales! Puede ver a
donde van las cosas. Para entonces, se les habrán concedido derechos
humanos a los animales y el presidente del país será un hámster. ¡Esto
tiene que acabar!
3
El Problema Hillary. Seamos sinceros, ahora que estamos entre amigos.
Ante todo, déjenme decirles que me gusta Hillary –mucho– y que creo que
le han dado una reputación que no se merece. Pero el hecho de que votara
a favor de la guerra de Irak hizo que yo me prometiera que no la
volvería a votar. Hasta la fecha, no he roto esa promesa. Para evitar
que un protofascista se convierta en nuestro comandante en jefe, voy a
romper esa promesa. Me entristece pensar que Clinton encontrará la
manera de meternos en un conflicto militar. Es un halcón a la derecha de
Obama. Pero el dedo psicópata de Trump estará listo para pulsar El
Botón, así son las cosas.
Asumámoslo:
Trump no es el mayor de nuestros problemas, es Hillary. Es altamente
muy impopular: el 70 por ciento de los votantes piensan que no es
confiable es deshonesta. Representa a la política tradicional y no cree
en nada que no sea lo que le haga ganar las elecciones. Por eso estuvo
en contra del matrimonio homosexual en su momento y ahora lo defiende.
Las mujeres jóvenes son sus mayores detractoras, cosa que tiene que
dolerle considerando los sacrificios que ha hecho y las batallas que
tanto Hillary como otras mujeres de su generación soportaron para que
esta nueva generación nunca tuviera que aguantar que las Barbaras Bushes
del mundo les manden callar y a hacer tortas. Pero no gusta a los
jóvenes, y no pasa un día sin que oiga a un millennial decir que no la
va a votar. Ningún demócrata, y por cierto ningún independiente, se va a
levantar emocionado el 8 de noviembre por ir a votar a Hillary como lo
hicieron cuando Obama ganó las elecciones o cuando Bernie Sanders era
candidato en las primarias. No hay entusiasmo. Y, como estas elecciones
solo van a depender de una sola cosa –de casa más gente de su casa y las
atrae a las urnas–, Trump lleva las de ganar.
4
El voto Deprimido a Bernie Sanders. No se preocupen por que los
simpatizantes de Bernie no votemos a Clinton, porque la vamos a votar!
Las encuestas ya muestran que más votantes de Sanders votarán por
Hillary este año que el número de votantes de Hillary en las primarias
del 2008 quienes votaron a Obama. Ese no es el problema. Lo que debería
alarmarnos es que cuando el simpatizante promedio de Bernie se arrastre a
las urnas el día de las elecciones para votar a Hillary a
regañadientes, a eso se le llamará “voto deprimido” (lo que significa
que el votante no se lleva a cinco personas con él para que voten
también, que no se ha presentado como voluntario para hacer campaña 10
horas al mes de cara a las elecciones y que no contesta con emoción
cuando le preguntan por qué va a votar a Hillary. Un votante deprimido.
Porque, cuando se es joven, se tiene tolerancia cero ante los farsantes y
las mentiras. Para la gente joven, volver a la era de Clinton/Bush es
como tener que pagar de repente por escuchar música, o volver a usar
MySpace o a llevar un teléfono móvil como una maleta de grande. No van a
votar a Trump; algunos votarán a un tercer partido, pero muchos se
limitarán a quedarse en casa. Hillary Clinton va a tener que hacer algo
para dar a los jóvenes una razón para que la apoyen; y elegir a un señor
blanco, viejo, insulso y moderado como candidato a vicepresidente no es
el tipo de decisión atrevida que pueda transmitir a los millennials que
su voto es importante para Hillary. Que hubiera dos mujeres al frente
era una idea interesante. Pero Hillary se asustó y decidió ir a lo
seguro. Otro ejemplo más de cómo Clinton está matando poco a poco al
voto joven.
5
El Efecto Jesse Ventura. Por último, no descontemos la capacidad del
electorado para hacer el mal o para subestimar cuántos millones de
ciudadanos se conciben a sí mismos como anarquistas encubiertos una vez
que corran la cortina y se dispongan a ejercer su derecho al voto. Es
uno de los pocos sitios que quedan en esta sociedad donde no hay ni
cámaras de seguridad, ni dispositivos de escucha, ni parejas, ni hijos,
ni jefes, ni policías, ni siquiera límite de tiempo. Se pueden tomar el
tiempo que quieran y nadie puede obligarlos a hacer nada. Puede votar al
partido que quieran o a Mickey Mouse y al Pato Donald. No hay reglas. Y
precisamente por eso y por la ira que tienen algunos contra un sistema
político inservible, millones de estadounidenses van a votar a Trump, y
no porque estén de acuerdo con él ni porque les gusten la intolerancia y
el ego que le caracterizan, sino porque pueden, simplemente. Para
volcar la balanza y enfadar a papá y a mamá. E igual que cuando están al
borde de las cataratas del Niágara y se preguntan por un instante cómo
sería tirarse por ahí, habrá muchos a los que les encante sentir que son
los que mueven los hilos y que pueden votar a Trump solo para ver qué
pasa. Recuerdan cuando, en los noventa, los ciudadanos de Minnesota
eligieron como gobernador a un ex luchador profesional? No lo hicieron
porque fueran estúpidos o porque pensaran que Jesse Ventura era un
estadista y un político intelectual. Lo hicieron porque podían.
Minnesota es uno de los estados más inteligentes del país. Y también
está lleno de ciudadanos que tiene un sentido de humor negro, así que
para ellos votar a Jesse Ventura fue como hacerle un chiste práctico a
un sistema político enfermo. Esto es lo que va a volver a pasar con
Trump.
Regresando
a mi hotel después de participar en el programa especial de Bill Maher
sobre la Convención del Partido Republicano en la cadena HBO, un hombre
me paró por la calle. “Mike”, me dijo, “tenemos que votar a Trump.
TENEMOS que cambiar las cosas”. Eso fue todo. Para él, era suficiente.
“Cambiar las cosas”. De hecho, es lo que Trump haría, y a gran parte del
electorado le gustaría ser espectador de ese reality show.