El ex alcalde de Bogotá y ex guerrillero desconfía del acuerdo con las FARC
LA NACION / Argentina.
Como ex alcalde de Bogotá y también ex guerrillero, Gustavo Petro sabe de
la guerra y también de la paz. Por eso sus palabras tienen más peso cuando
afirma que el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC
firmarán, seguramente en pocas semanas, "sólo un acuerdo", pero que
aún no se avizora el comienzo de "una era de paz".
Invitado por la Fundación Rosa Luxemburgo y el Centro de Estudios y Acción
por la Igualdad (Ceapi), Petro visitó Buenos Aires para participar del Primer
Seminario sobre Extractivismo Urbano a partir de su experiencia como máxima
autoridad de la capital colombiana, donde culminó su mandato en diciembre
pasado.
En una entrevista con LA NACION, este economista de 56 años fundamentó su
escepticismo respecto de las negociaciones en La Habana en que aún seguirá sin
resolverse el problema de la tierra en Colombia "donde la mayor parte se
encuentra hoy bajo control de las violentas mafias del narcotráfico".
-La mayoría de los colombianos se opone a los acuerdos
que se están alcanzando en La Habana con la guerrilla, pero también una mayoría
respalda la firma de la paz. ¿Por qué esta paradoja?
-Se trata de negociaciones con poca sustancia respecto de los temas que
dieron origen a la lucha de las FARC, una guerrilla rural vinculada al problema
de la distribución de la tierra. Unos pocos terratenientes dominan la mayor
parte del país y dejan a los colonos relegados a tierras infértiles. Por otra
parte, ahora se trata de narcomegahacendados. Mientras un terrateniente tradicional
tenía 1000 o 2000 hectáreas, los capos del narcotráfico poseen hoy hasta un
millón de hectáreas, que además son improductivas porque sólo las compran para
blanquear dinero.
-Sin embargo, el tema de la lucha contra el
narcotráfico no estuvo ausente de los acuerdos. De hecho se trata de uno de los
puntos ya pactados?
-¡Pero es sólo una enunciación de principios! Si no hay una política
concreta para desarmar ese poder mafioso, no se va a la cuestión de fondo.
¿Adónde va a ir el guerrillero raso de las FARC cuando deje las armas? Su
destino es caer en manos de esas mafias que lo van a cooptar para aprovechar su
conocimiento militar.
-¿Cómo enfrentar entonces el poder narco?
-Hasta los años 90 los narcos colombianos eran carteles comercializadores
urbanos. Traían la coca de Bolivia y Perú, y la transportaban a Estados Unidos,
y el lavado de dólares se hacía en los bancos panameños. Con la invasión
norteamericana de Panamá el lavado comenzó a hacerse en Colombia, donde les
resultó muy fácil comprar esas grandes haciendas improductivas. Por eso no hay
pacificación posible si no se desarma la infraestructura sobre la que está
basado ese poder.
-Usted tomó las armas en 1978 cuando apenas había
salido de la escuela secundaria y luego se convirtió en el ex guerrillero más
exitoso de la vida política colombiana. ¿Cuáles considera ahora los principales
desafíos de las FARC para reinsertarse en la vida social y política?
-Nosotros éramos unos mil guerrilleros y la verdad es que no a todos nos
fue igual. Sin embargo, la palabra "reinserción" es mentirosa porque
la guerrilla rural no está "fuera" de su sociedad. En el caso de las
FARC, fundadas en 1948, ya son tres generaciones, así que cuando no hay
combates llevan una vida normal de campesinos en su pequeña parcela. Y ése es
su mundo social. Entonces ese guerrillero que está hoy en su pequeña parcela va
a seguir trabajando ahí, con el enorme riesgo de caer bajo control mafioso.
-¿Cómo compara la inminente firma de la paz con las
FARC con el acuerdo del M19 con el gobierno en 1990?
-Uno debería buscar en Colombia una era de paz, algo que sea sostenible en
el tiempo. En la sociedad colombiana hemos perdido la memoria de lo que es
vivir en paz. Ni siquiera lo que firmamos en los 90 instituyó una era de paz.
Aquel acuerdo llevó a una nueva Constitución en 1991, cuyos efectos se sienten
hoy, pero más que nada en la democratización de las grandes ciudades, como
Bogotá. Pero el campo sigue igual.
-¿Y entonces qué esperanzas hay de esa "era de
paz"?
-Un falso optimismo puede llevarnos a una frustración grande. Hay un enorme
vacío en lo que llaman "proceso de paz". Se acaba una guerra, pero no
empieza la paz. Quedan por resolver los grandes temas que no son cuestiones a
negociar entre las FARC y el gobierno, sino en la gran mesa nacional.
