Minerva Vitti
Para determinar si un paciente tiene
VIH se aplican dos exámenes: primero se estudia una muestra de su saliva
y en caso de dar positivo, debe someterse a una prueba de sangre
Foto Minerva Vitti
Una epidemia de sida está diezmando a los waraos es el título de la primera entrega de un reportaje de investigación publicado por el portal Armando Investiga (Periodismo
de investigación en progreso), escrito por Minerva Vitti, el cual
revela que al menos 26 comunidades de la etnia hay contagios de VIH.
El reportaje de Vitti señala
que “los indígenas del noroeste de Venezuela atraviesan una plaga, que
pone en riesgo su supervivencia. Si bien hay comunidades libres de VIH,
en lugares como Jobure de Guayo encontraron un porcentaje de 21% de
incidencia en una muestra 95 personas examinadas”.
Debido a la relevancia de los resultados de la investigación, Correo del Caroní reproduce
el trabajo a continuación, toda vez que la situación de los waraos no
es ajena a la dinámica social del estado Bolívar, donde residen varias
comunidades indígenas, cuyos habitantes escapan de la realidad en Delta
Amacuro para buscar mejoras en los centros urbanos.(...)
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La autora del reportaje, Minerva Vitti (@MinervaVitti), es periodista del Centro Gumilla. Su trabajo forma parte de los resultados del diplomado de periodismo de investigación, que dicta el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) en alianza con la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). |
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Delta Amacuro.- El día
que monseñor Felipe González le pidió a los habitantes de San Francisco
de Guayo -un poblado indígena localizado en el Delta del Orinoco, al
extremo nororiental de Venezuela- que describieran lo que la gente
sentía antes de morir, todos comenzaron a nombrar: diaraya (fiebre), sojo (diarrea), botukataya (pérdida de peso), botobotoya (debilidad), ataearakateobo (mareos).
Ninguno mencionó la enfermedad que engloba todos esos síntomas.
“Señores ustedes están muriendo de sida”, sentenció el sacerdote. En
San Francisco de Guayo, como en otras comunidades de los caños cercanos,
muchos indígenas de la etnia warao no llaman al VIH-sida por su nombre
sino por los síntomas que experimentan.
Médicos del Instituto de Biomedicina
de la Universidad Central de Venezuela recogieron en julio muestras en
la zona, para un estudio que están por publicar.
Luis José Rodríguez, médico de la
zona, ha tenido que dar explicaciones similares a las del sacerdote. Los
indígenas waraos solo advierten la fulminante presencia de la
enfermedad cuando el cuerpo comienza a descomponerse. Rodríguez, de 26
años, está realizando su rural en Guayo. Acomoda sus lentes y continúa
frente al computador revisando la lista de casos de pacientes con VIH,
tiene muy presente el episodio porque recientemente le dio la noticia a
una paciente de Jeukubaca, otra comunidad del municipio Antonio Díaz en
Delta Amacuro. “Lo tomó como si nada”, recuerda. “Le pregunté: ¿sabes lo que es el VIH-sida? Y me dijo: No, no sé”. Al revisar la historia de esta paciente encontraron que su anterior esposo había muerto de VIH.
Prueba piloto
San Francisco de Guayo fue una de
las ocho comunidades -las otras fueron Jobure de Guayo, Isla de Jobure,
Jobotoboto, Ibute, Usidu, Guayo, Jeukubaka, Ibuiruina- donde a finales
de 2011, el doctor Julián Villalba y otros investigadores del Instituto
Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y el Instituto de
Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela elaboraron el
estudio HIV-1 Epidemic in warao amerindians from Venezuela: spatial phylodynamics and epidemiological patters (2013), que arrojó como resultado que 55 indígenas estaban contagiados de VIH.
Los especialistas se alarmaron
porque 9,55% de los habitantes de ocho comunidades estudiadas habían
contraído el virus. La más alta prevalencia en el mundo corresponde
hasta ahora a una región lejana: el África subsahariana, con 5% de su
población. El promedio mundial para el año 2013 -las últimas cifras
disponibles de la Organización Mundial de la Salud- era de 0,8% en
adultos entre 15 y 49 años, ligeramente superior a la población
venezolana comprendida en el mismo rango para 2005. Con respecto a esta
última cifra algunas autoridades sanitarias nacionales declaran que está
en 0,56%.
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Mientras las aguas del Orinoco siguen corriendo, hay nuevas historias de indígenas waraos con VIH |
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El análisis genético del genoma del
virus sugería, además, que la epidemia de VIH en las comunidades waraos
se duplicaría cada 10 meses. La prevalencia del virus fue más
significativa en los hombres (15,6%) en comparación con las mujeres
(2,6%), todos en edades comprendidas entre los 18 y 30 años. Y la
comunidad más afectada fue Usidu (21,6% seropositividad).
Los waraos que dieron positivo en el
estudio del IVIC estaban infectados con el VIH-1 subtipo B, que es el
más común en Venezuela; y solo hubo un caso de una mujer con VIH-1
subtipo C. Ya esto había sido indicado en otro estudio titulado Evidence of at Least Two Introductions of HIV-1 in the Amerindian Warao Population from Venezuela (2012).
Este trabajo fue presentado en
reuniones con las viceministras de Salud Miriam Morales y Claudia Morón,
en 2012 y 2014, respectivamente. De estas autoridades sanitarias
solamente Claudia Morón continúa como viceministra de Redes de Salud
Colectiva. En aquel momento las funcionarias aseguraron que tomarían
medidas, que una parte de la institución ya conocía el problema, y que
debían planificar una investigación de campo. En 2015 algunos
especialistas de estos estudios y antropólogos de otra investigación
Estudio de VIH en poblaciones waraos. Determinantes sociales
(Fundacredesa), que aún no se ha publicado, también se reunieron con
representantes de la Defensoría del Pueblo para plantearles la
situación. Solo se sabe que luego de esto viajaron a Tucupita, se
reunieron con autoridades y realizaron talleres con líderes
comunitarios.
Desde ese entonces, sin embargo,
nada ha cambiado. Mientras las aguas del Orinoco siguen corriendo, hay
nuevas historias de indígenas waraos con VIH. Con el paso del tiempo los
médicos han advertido que los nuevos contagiados llevan en la sangre
una variante del virus más agresiva que los está matando en menos de
cinco años. Ningún ente está garantizando que todos puedan acceder al
tratamiento: “Yo tengo siete años aquí, he escuchado que tienen VIH y no
he visto que han recibido tratamiento. Cada año mueren cuatro o cinco”,
aseguró Luis Tocoyo, profesor en una escuela de Jobure, otra comunidad
con alta prevalencia en casos con VIH.
Una cepa más agresiva
Una persona con VIH puede estar
infectada entre ocho y diez años sin presentar ningún tipo de síntoma y
sin embargo transmitir el virus. Alguien infectado con la cepa más común
en Venezuela, el VIH-1 subtipo B, podría vivir ese tiempo sin
tratamiento, pero los waraos están desarrollando síntomas del sida en
menos de cinco años.
Flor Pujol, bióloga del Laboratorio
de Virología Molecular del Instituto Venezolano de Investigaciones
Científicas (IVIC) y una de las investigadoras del estudio The evolving HIV-1 epidemic in Warao Amerindians is dominated by anextremely high frequency of CXCR4-utilizing strains (2015),
explica que en las muestras de los waraos, el doctor Héctor Rangel, del
mismo laboratorio, analizó la envoltura del genoma, que es la parte por
donde el virus se une con su receptor a los correceptores, y el
resultado fue que 90% de las muestras eran X4, una cepa del virus más
virulenta. Los afectados con esta cepa manifiestan más rápido los
síntomas.
En los waraos esta transición al
virus más letal se produce más rápido. Esto puede ocurrir cuando la
persona ha sido infectada por más de una cepa del virus. Casos como este
se han detectado en Cuba y la investigación fue publicada en EbioMedicine bajo el título de CRF19_cpx is an Evolutionary fit HIV-1 Variant Strongly Associated With Rapid Progression to AIDS in Cuba.
Los waraos, además de tener una variante más agresiva del virus, tienen
alta prevalencia de tuberculosis, hepatitis B, entre otras enfermedades
que ensombrecen más la situación.
En los estudios señalados
anteriormente se destaca que uno de los subgrupos de VIH encontrado en
los pacientes del Delta del Orinoco está constituido por personas de las
comunidades de San Francisco de Guayo y Usidu, y el otro subgrupo por
habitantes de Jeukubana y de la Isla de Jobure. Basándose en esta
información, se determinaron los movimientos migratorios y las rutas de
transmisión a través de la historia filogenética del virus: una ruta
llamada GU probablemente se inició en San Francisco de Guayo en el año
2005, desde ahí el virus se diseminó hacia Isla de Jobure, Jobure de
Guayo y Usidu. Luego desde Usidu pasó hacia Jobure de Guayo, Jobotoboto y
Kuberuna. Y otra ruta, llamada JE, tal vez comenzó en Jeukubaka también
en 2005, desde donde se esparció hacia Cambalache (estado Bolívar),
Isla de Jobure, Nabasanuka y Usidu. Finalmente, desde Nabasanuka hubo un
desplazamiento hacia Caño Yeri. Aparentemente la conexión entre ambas
rutas de transmisión es mínima.
Los análisis filodinámicos sugieren
que el virus se introdujo en poblaciones waraos a principios del año
2000. Luego de atravesar su fase inicial de crecimiento lento, alcanzó
San Francisco de Guayo y Jeukubaka alrededor de 2005. Hace diez años que
comenzó su fase de crecimiento exponencial de expansión.
En 2007 la Cruz Roja Venezolana
había identificado 15 casos de VIH en la comunidad de San Francisco de
Guayo, Murako, Jobure, Isla Jobure, Murako, Ajimurina, Merejina,
Kuamujo, La Mora y Guayaboroina. En ese tiempo la doctora Oriana
Contreras estuvo primero trabajando como médico rural en el hospital de
Guayo y luego apoyando en un proyecto de la Cruz Roja Internacional, que
profundizó en la búsqueda de enfermedades graves. Así encontró sida,
pero también algunos casos de VDLR o sífilis. Las autoridades de la
Dirección Regional de Salud de Delta Amacuro entonces comenzaron a
desacreditarla como profesional hasta el mismo día de su salida.
Al finalizar el proyecto, Contreras
fue vetada por el director regional de salud para esa época, Luis
Beltrán Gómez. Le dijo que no podía ejercer más allá, que no debía haber
informado sobre el caso. “¿Cómo iba a quedar el ante las autoridades
del Ministerio de Salud en Caracas?”, recuerda Contreras a ocho años de
aquella escena.
Según Pujol, el virus ingresó a la
comunidad hace casi tres lustros y ha evolucionado muy rápido. El
panorama, bien lo sabe, es devastador: la magnitud de la epidemia, la
velocidad con que se está transmitiendo y en especial la agresividad de
la cepa.
En 2007 la Cruz Roja Venezolana
había identificado 15 casos de VIH en la comunidad de San Francisco de
Guayo, Murako, Jobure, Isla Jobure, Murako, Ajimurina, Merejina,
Kuamujo, La Mora y Guayaboroina. Hoy hay presencia de VIH en 26
comunidades waraos.
La comunidad que está al frente de
Jeukubaca desapareció hace dos años. Gran parte de sus habitantes
murieron de sida, como lo confirma una lista con la estadística de
fallecidos que lleva el hospital de Guayo. La mayoría eran hombres y las
mujeres que quedaron abandonaron el lugar.
Uno de los habitantes de Jeukubaka
denunció a través de TaneTanae, un medio de comunicación local, que la
mitad de los parroquianos de su comunidad han fallecido con claros
síntomas del sida: “Narciso, una tía mía, su hijo Jesús, su nuera Amelia
y ahora murió otro hijo que se llamaba Rafael… también murió Avilio, un
nieto, Jaime, su papá, y los primos Juan Méndez, Julio y Elio; este
último era el jefe de la comunidad”.
Fray Ernesto Kiko Romero,
recientemente nombrado vicario de Tucupita, dijo que una vez estuvo 40
días en una comunidad y hubo 12 muertes de jóvenes contagiados de VIH.
“El Ministerio de Salud tiene prohibido decir que hay casos de VIH y los
indígenas no llaman al VIH por su nombre, sino que le dicen
tuberculosis, diarrea. Yo en todas las homilías me encargo de
repetirlo”, dice el sacerdote.
Sin duda lo que ocurre en las
comunidades indígenas del Delta del Orinoco es una epidemia de VIH. Allí
se cumplen a rajatabla todas las características que engloban el
término: enfermedad propagada en cierto periodo de tiempo, en una zona
geográfica determinada, que afecta simultáneamente a muchas personas y
supera la cantidad de gente esperada. La prevalencia del virus para
estas comunidades es extremadamente superior a los estándares
nacionales, incluso internacionales.
De Cambalache a Guayo
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Los indicadores del Delta del Orinoco superan la media mundial. Los médicos estiman que los indígenas están enfrentando una cepa mucho más agresiva que pone en riesgo la supervivencia de todo un pueblo. Las autoridades, entretanto, han optado por mantener el caso en silencio. |
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La mayoría de los infectados llega
al hospital ya en la última etapa del sida, donde uno de los síntomas es
una diarrea que no se detiene. “Cuando ellos llegan con un síndrome
diarreico crónico de más de un mes de evolución, uno pregunta ¿eres
casado? Sí. ¿Concubino? Sí. ¿Cómo se llama tu esposo?
¿Vive contigo? Muchísimas veces el esposo está en Bolívar, está en
Cambalache”, explica el doctor Rodríguez.
Cambalache es un basurero ubicado en
el estado Bolívar, a unos 260 kilómetros de San Francisco de Guayo,
donde buena parte de los waraos que van a este lugar regresan
contagiados. Es el caso de una joven que estaba hospitalizada. Ahora
tiene un hijo de seis meses, también infectado, y su esposo se quedó
viviendo en Bolívar: “Viene, se busca otra mujer y la contagia”, dice la
religiosa Ilvia Rosa, quien pertenece a la congregación Terciarias
Capuchinas, presente en Guayo desde 1951.
En este vertedero de basura la prostitución y el tráfico de drogas son frecuentes. De hecho, se reportó en el mismo estudio, HIV-1 Epidemic in warao amerindians from Venezuela: spatial phylodynamics and epidemiological patters (2013),
que 53% de los individuos VIH positivo en Delta Amacuro habían visitado
esta comunidad. Se especula que las idas y venidas entre Cambalache
sean la causa de la generalizada propagación del virus entre la
población warao. Otro lugar de contagio es la ciudad de San Félix,
también en el estado Bolívar.
El antropólogo Luis Felipe Gottopo
explica que el contagio y propagación del virus puede estar relacionado
con el éxodo hacia Tucupita, Ciudad Guayana y Barrancas de una parte de
la población warao luego de la epidemia de cólera desatada entre 1992 y
1993. En aquella oportunidad al menos 500 waraos perdieron la vida.
Otra hipótesis apunta hacia los
barcos que transportan mercancías relacionadas con la industria minera y
cuyas rutas atraviesan o se aproximan al Delta del Orinoco. “¿Ves esos
barcos?”, pregunta Jacobus de Waard, biotecnólogo holandés que
actualmente dirige el Laboratorio de Tuberculosis en el Instituto de
Biomedicina de la Universidad Central de Venezuela, mientras le pasa uno
en frente. “Traen tuberculosis, VIH, hepatitis y una semana sin
actividad sexual. Entran sin ningún control sanitario”.
Muchos de los marineros proceden de
Filipinas, un país asiático, y pasan por estas locaciones en busca de
sexo. Luce probable que de alguno de estos lugares los waraos hayan
importado el virus y que cuando regresaron al Delta del Orinoco
comenzara la proliferación.
“Hace diez años Guyana era el país
con más VIH en Latinoamérica, ahora lo tienen más controlado pero en la
frontera no sabemos qué pasa”, dice Jacobus. Pujol también reafirma que
ellos no saben qué cepa del virus está circulando en Guyana.
Una epidemia que no se detiene
En julio de 2015 se tomaron las
muestras para un nuevo estudio. Después de analizar las pruebas de VIH
aplicadas a 666 individuos waraos, de entre 15 a 50 años de edad, de las
15 comunidades ubicadas en el radio del hospital de San Francisco de
Guayo (Guayo, Usidu, Ibute, Jobotoboto, Isla de Jobure, Jobure de Guayo,
Guayaboroina, Teikuburojo, Jeukubaka, Ibuiruina, Murako, Kuamujo, La
Mora, Merejina y Jabana de Merejina) pertenecientes a la parroquia Padre
Barral, los doctores encontraron una prevalencia de 7% (48 casos), que
continua siendo mayor a la estimada tanto en Venezuela como en el resto
del mundo.
Los médicos también concluyeron que las comunidades con mayor prevalencia de infección VIH son Jobure de Guayo, Usidu y San Francisco de Guayo; que los hombres resultan más propensos a la infección que las mujeres y la mayor prevalencia de VIH se encuentra en el grupo etario comprendido entre los 15 y 24 años. La mortalidad de infección por VIH en los últimos 8 años es elevada y la prevalencia de infección por VIH en las comunidades estudiadas se ha mantenido en los últimos 3 años.
Paralelamente el grupo que trabajó en las 11 comunidades ubicadas en el radio del hospital de Nabasanuka (Arawabisi, Bamutanoko, Bonoina, Burojosanuka, España, Kuarejoro, Kuberuna, Manakal, Nabasanuka, Siawani, Winikina) de la parroquia Manuel Renaud, realizó las pruebas de VIH a 361 waraos de los cuales resultaron positivos 6 (4 hombres y 2 mujeres) para una prevalencia de 1,69%. El número es significativo tomando en cuenta que se trata de comunidades más alejadas y que habían estado aparentemente sin ningún caso hasta 2012. Además es la primera vez que se realiza la detección de casos de VIH asociados a TBC (tuberculosis) en la parroquia Manuel Renaud, lo que quiere decir que las personas presentan ambas enfermedades, ya que al tener VIH están más propensas a adquirir otras.
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MÁS INFORMACIÓN
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El VIH debilita el sistema
inmunológico. Según la Organización Mundial de la Salud, “los pacientes
infectados tienen una probabilidad hasta 50 veces mayor de sufrir
tuberculosis a lo largo de su vida”. No en vano, la mayoría de los casos
de TBC en personas infectadas por el VIH se registran nuevamente en el
África subsahariana, donde 80% de los pacientes con TBC también tienen
probabilidad de estar infectados por VIH.
Luego de analizar los resultados los
doctores determinaron: la mayor prevalencia de VIH se encuentra en el
grupo etario comprendido entre los 22 y 50, la mayoría de las personas
con VIH (5) había realizado viajes fuera de su comunidad y 4 señalaron
haber tenido contacto con múltiples parejas. En cuanto a la tendencia
sexual 3 dijeron ser heterosexuales, 1 homosexual y 2 bisexuales.
Ninguno tenía tuberculosis.
Las comunidades con mayor incidencia
de VIH fueron Nabasanuka (3 casos que representa una prevalencia de
5%), Burojosanuka (2 casos que representa una prevalencia de 6,6%), y
Bamutanoko (1 caso que representa 5,26%). Son evidencias claras de que
lo que ocurre en el Delta de Orinoco es una epidemia, una epidemia que
está poniendo en riesgo la supervivencia de todo un pueblo indígena.
Este reportaje es el primero
de cuatro entregas desarrolladas a lo largo del Diplomado de Periodismo
de Investigación que dicta el Instituto de Prensa y Sociedad (IPYS) en
alianza con la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)