Páginas vistas en total

Serrat: "Con América Latina tengo una experiencia vital"


El Tiempo
Serrat eligió 50 de sus canciones para el álbum 'Antología desordenada'. Las canta a dúo con amigos.
El teléfono sonó a las 8 de la noche. Joan Manuel Serrat acababa de cerrar la puerta de la habitación del hotel, en Ciudad de Guatemala. “Espérame un minuto”, dijo al contestar, y se acomodó para la entrevista. Es la ciudad número 63 que visita en medio de la gira que empezó en febrero pasado, y el decimotercer país, según la información que aparece en su página web. Él no tiene esos números tan precisos en su cabeza: lo suyo es salir al escenario y cantar. Así ha sido desde hace 50 años, cuando actuó por primera vez en un programa matinal de Radio Barcelona que le abría espacio a las nuevas voces catalanas. Fue el 18 de febrero de 1965. Medio siglo de vida artística que Serrat anda celebrando con esta gira que llamó ‘Antología desordenada’ y a la que le faltan 11 conciertos para llegar a su punto final. 

“Ha sido una gira muy entretenida. La gente ha estado muy cómplice y yo me he encontrado con una serie de canciones que ha sido agradable retomar”, dice Joan Manuel. En estos conciertos, Serrat ofrece una mirada que va desde sus primeros años de artista hasta el presente, desde cuando era el jovencito del barrio Poble Sec, en Barcelona, y tocaba con la guitarra que le regaló su padre. Y componía canciones, y probaba suerte.
Su guitarra,
sus versos,
y él.
–¿Qué pasó con esa primera guitarra?
–La tengo. Ha pasado por situaciones muy duras, por accidentes, percances y rupturas que al comienzo solucioné de forma muy casera. Pero hace poco la puse en manos de un buen lutier y me la dejó semejante a como era. Hoy, más que un instrumento, es un objeto querido. Suena, por supuesto, pero su único valor es que fue mi primera guitarra y que vino de manos de mi padre.
Con esa guitarra, Serrat tocaba en un conjunto musical –como se les llamaba en esos años 60– que creó con cuatro amigos y que, la verdad, duró poco. “Éramos un grupo muy indefinido en cuanto al repertorio. Los objetivos musicales de cada uno también eran diferentes –recuerda Joan Manuel–. Pero solucionamos la situación sin pérdidas excesivas y tres de nosotros nos seguimos viendo y siendo muy amigos”. Serrat cuenta con detalle esta y otras historias de su vida musical en el libro biográfico que acompaña el álbum que publicó con motivo del medio siglo de carrera y que también llamó 'Antología desordenada': son cuatro discos, en los que incluyó 50 de sus canciones, la mayoría en nuevas interpretaciones y acompañadas por las voces de colegas y amigos.
–Elegir 50 canciones entre más de 600... ¿Cómo fue eso?
–Difícil. Y seguramente, si tuviera que escogerlas de nuevo, cambiaría algunas. Porque la sensación que tienes con ellas va cambiando. Pero no me parecen mal las 50 que quedaron. Si la gente hace su propia antología, con seguridad que en algunas no coincidíamos, pero en la mayoría estaríamos de acuerdo.
Es una selección sin orden, vale repetir, de forma que tanto en los discos como en el concierto no existe una línea biográfica. Pero sí hay un recorrido por sus principales temas. Aparecen Mediterráneo, Aquellas pequeñas cosas, Lucía, Cantares, De vez en cuando la vida, Penélope, para citar solo seis de sus temas más reconocidos y, por supuesto, también está el Serrat en catalán. Están incluidas, entre otras, Plany al mar, La tieta, Barcelona i jo, Temps era temps y, cómo no, Canço de matinada, que fue la canción con la que llegó a ser por primera vez número uno en las listas españolas, a mediados de los años 60, y abandonó su estatus de “figura prometedora” para empezar a tocar el éxito con los dedos, como él mismo cuenta. Se trata de una mirada a su vida artística, así que no podían faltar esos primeros versos escritos y cantados en el idioma de su infancia, el de su hogar. “Para mí, cantar en catalán es algo absolutamente natural –dice–. Y me gusta que la gente tenga asumida de mí esta historia bilingüe, que no es una adaptación de una cosa a otra, sino que es lo que soy: mestizo. Para mí es tan normal... A veces me preguntan en qué idioma pienso, y no lo sé”.

–¿Y en qué idioma sueña?
–No tengo idea. Mi capacidad de soñar es muy sana. A mí me van muy bien los sueños. Porque, primero, me acuerdo de ellos, especialmente en las horas de la mañana. Y segundo, porque son sueños que me dan una serie de ideas y me llevan a mundos que ni siquiera con la escritura o con la fantasía soy capaz de alcanzar. Van mucho más allá.

–¿No ha pasado por el diván de un psicoanalista para hablar de ellos?
–No, nunca. Yo soy un caballero.
***
Elegir una canción entre tantas escritas por Joan Manuel Serrat puede ser una tarea imposible. Cada uno de los que hayan oído y seguido la voz de este artista tendrá su preferida. Sin embargo, hay un tema que se ha convertido en una suerte de himno de Serrat, la canción que a comienzos de este siglo fue elegida la más importante de todos los tiempos por el público español; la que terminó por abrirle del todo las puertas de América Latina: Mediterráneo.
–Después de cuatro décadas y media viajando con esta canción, ¿cómo es su relación con ella?
–Estoy muy orgulloso de ese tema; muy contento por el recorrido que ha tenido y feliz por lo que ha ayudado a todo el resto de mis canciones a funcionar.
–¿Cómo nació Mediterráneo?
–Mirando por la ventana. Si no hubiera sido esa canción, hubiera sido otra. Afortunadamente aparecieron esas chispas que a veces suceden. La escribí en un hotelito que ya no existe (... ya casi nada existe), muy pequeño, familiar, en un pueblo al que iba con frecuencia, Calella de Palafrugell. El bar del frente, que era donde me solían llegar las madrugadas, sí permanece allí.
En aquel hotel Serrat no solo escribió Mediterráneo, sino el resto de canciones que conforman ese álbum, que apareció en 1971 y se convirtió en una de sus producciones más emblemáticas. En ese disco están incluidos temas como Aquellas pequeñas cosas, Pueblo blanco, Vagabundear, Lucía, Tío Alberto, La mujer que yo quiero y Barquito de papel. Todo un cartel. Con ese disco, además, Serrat afianzó su contacto con Latinoamérica, que desde los primeros años 70 hasta hoy se ha mantenido firme y convertido en una relación de amor correspondida. “Con América Latina tengo una experiencia vital –dice Joan Manuel–. Para mí ha sido un lugar de formación, de encuentro. Es una tierra que me ha dado mucho afectivamente y en la que nunca me he sentido extraño”.
–Las canciones de esos primeros discos las escribía en una máquina de escribir, que viajaba con usted a todas partes...
–Desde que recuerdo escribir canciones he tenido una máquina de escribir conmigo, sí. Tuve una Olivetti Pluma, también tuve una Underwood. Ahora escribo con el computador, por supuesto, y es una maravilla. Me gustaba mucho escribir con máquina porque leía el verso muy limpio, pero tenía el inconveniente de que cuando había que tachar tenía que volver a escribirlo todo. El computador, en el que se pueden modificar los versos y ordenar las palabras, me ha solucionado esos problemas estéticos de una forma fantástica.
Desde las primeras canciones que compuso, Una guitarra, La mort de l’avi, El drapaire y Ara que tinc 20 anys, escritas precisamente cuando rozaba esa edad, hasta ahora, cuando ya suma 71 años, Joan Manuel Serrat no ha dejado de escribir ni de cantar. Ahora mismo, en medio de esta gira de antología desordenada, toma apuntes que pueden volverse nuevas canciones. “Porque hay que seguir dándole”, dice al respecto. Serrat ha logrado permanecer presente en el corazón de su público, y eso se debe mucho más que a su música. “Sin duda en lo que hago hay una parte de talento, pero lo más importante es el esfuerzo, clavar los codos, insistir”. También se debe a un respeto y una confianza mutuos –entre su público y él– que ya están establecidos y confirmados. “Sin ese respeto y sin esa confianza, sería muy difícil avanzar en una profesión como la mía”, agrega Joan Manuel. Por ser Serrat como ha sido, precisamente, consigue hacer obras como su reciente álbum, en el que reunió a más de dos docenas de artistas para que cantaran a dúo con él. En el disco aparecen desde amigos de muchos años atrás –como Ana Belén, Carmen Linares, Lolita, Víctor Manuel o Joaquín Sabina– hasta voces de las nuevas generaciones, como Pablo Alborán y Calle 13. “Con todos hay una magnífica relación. Si no hubiera un lazo afectivo entre nosotros, no creo que aportaran demasiado a este trabajo”.
–Más que un álbum recopilatorio, 'Antología desordenada' es una mirada nueva a sus canciones.
–Yo he querido hacer una obra para celebrar, en ningún momento buscaba un recopilatorio. Por lo tanto, no tuve otra posibilidad que volver a cantar casi todas las canciones. Volverlas a grabar prácticamente todas, porque la sonoridad actual es diferente, la voz de hoy es distinta, y yo quería que todo sonara a hoy.
–¿Y cómo se siente con la voz de hoy?
–Fantástico. Es con la que me subo cada día al escenario. No tengo otra.
Sin haberse tomado treguas, sin prisa pero sin pausa, Joan Manuel Serrat la va bien con el paso del tiempo:

–El tiempo es eso: un discurrir. Echo de menos cosas, claro. Lo que más echo de menos es un amigo que se me fue... Pero me llevo muy bien con los recuerdos. Y el hecho de que me sienta bien con lo que soy, con lo que tengo y con lo que hago, me ayuda a tener una buena relación con el ayer. A veces caigo en algún lago de melancolía, pero es muy pasajero. No estoy dispuesto a renunciar a nada del pasado, y no puedo vivir sin estar en el presente. La verdad es que no cultivo la nostalgia.