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Nuevo ensayo en la izquierda

Eliseo Oliveras

Los partidos socialistas de la Unión Europea (UE) han sucumbido en las últimas décadas al hechizo de la política económica neoliberal, que han aplicado como si fueran leyes de física. En realidad son meros instrumentos políticos del sector financiero, las grandes empresas y la élite socioeconómica para acrecentar su poder y riqueza a costa del resto de la sociedad y para reducir drásticamente sus impuestos. El presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt ya lo advirtió: «Debemos reconocer que las leyes de la economía no son fruto de la naturaleza, están hechas por seres humanos».(...)

La sumisión de los socialistas y socialdemócratas a los dogmas neoliberales —cuya última expresión es la política de austeridad y de recortes sociales— ha conducido a que sus decisiones no se distingan de las de la derecha, salvo en matices.
Esto ha propiciado el rampante crecimiento de la desigualdad y la pérdida del apoyo tradicional de amplios sectores de la población a las fuerzas socialistas. Sus éxitos electorales recientes están más asociados al castigo a gobernantes conservadores por sus actitudes que a los méritos propios, como en Francia e Italia.
La coalición de izquierdas griega Syriza, liderada por Alexis Tsipras, fue el primer intento de corregir los excesos de la política económica de la UE y el empobrecimiento de la población que produce. Las propuestas de Syriza fueron tachadas de inmediato de «extremistas» y «radicales».

CONTRA LA EXPLOTACIÓN

Los dirigentes e instituciones europeas emplearían ahora los mismos calificativos para denigrar el manifiesto del Partido Laborista británico de 1945, que convirtió a Clement Attlee en primer ministro: «El Partido Laborista no tolerará la libertad de explotar a otras personas, la libertad de pagar salarios pobres y de subir los precios por beneficio egoísta, la libertad de privar a la gente de los medios de vivir una vida plena, feliz y saludable». «El precio de la así llamada libertad económica para unos pocos es demasiado alto si tiene que comprarse al coste del paro y la miseria de millones», añadía.
La ingenuidad y la torpeza de Syriza en la negociación con la UE y la determinación del Eurogrupo a hacer de Grecia un ejemplo para mostrar que no se toleraría ninguna desviación de la política de austeridad condujeron a la imposición de otro plan brutal de ajustes, que no resolverá la crisis del país. En contra de lo que deseaban el Eurogrupo y la Comisión Europea, el partido conservador Nueva Democracia fue derrotado en las elecciones del 20 de septiembre y Tsipras revalidó su mayoría, lo que augura nuevos pulsos con la UE.
Tras el peor resultado de los laboristas en 30 años en las elecciones británicas del pasado 7 de mayo, Jeremy Corbyn, un dirigente del ala izquierda, se ha convertido en el líder del partido con el objetivo de combatir la política de austeridad, gracias al apoyo de las bases y pese a la oposición de una élite del partido entregada a las tesis neoliberales. Corbyn ha consolidado su liderazgo durante el congreso laborista en Brighton esta semana. Una vez más, cuando se cuestiona la política económica oficial, se ha desatado una ola de ataques denigrando sus propuestas como «extremistas» y «locuras».

CRÍTICAS FEROCES

La ferocidad de las críticas llevó a más de 40 destacados economistas a firmar una carta pública para desmentir que el plan de Corbyn fuera «extremista» y que en realidad la política «extremista» y «errónea» es la del primer ministro, el conservador David Cameron, con sus recortes a ultranza del gasto público. Para acallar los intentos del establishment de desprestigiarle, Corbyn ha creado un comité asesor con economistas de prestigio internacional, como el premio Nobel Joseph Stiglitz y Thomas Piketty, entre otros.
Ante el periodo más largo de caída de los salarios reales desde el siglo XIX, la creación solo de empleo de baja calidad y con los ciudadanos en peor situación que antes de la crisis financiera del 2008, las propuestas de Corbyn son un intento de impulsar un crecimiento sostenido que beneficie a la mayoría de la población, en lugar de solo a la banca, las grandes empresas y a los ejecutivos.

ESPECULACIÓN FINANCIERA

La creación de dinero que plantea Corbyn es algo que ya llevan haciendo la Reserva Federal de EEUU, el Banco de Inglaterra y Banco Central Europeo (BCE). La diferencia es que en lugar de entregar ese dinero nuevo a los bancos para que lo inviertan entre ellos o en especulación financiera, Corbyn propone que se destine a programas de inversiones en tecnología e infraestructuras, que generan empleo de calidad y mejoran la productividad y competitividad del país. El disparo de la inflación, que los detractores de la creación de dinero llevan siete años anunciando, no se ha producido. La inflación sigue bajo mínimos.
La propuesta de Corbyn de combatir el fraude fiscal y acabar con las trampas legales que permiten a las grandes empresas, al sector financiero y a los ricos pagar artificialmente pocos impuestos también ha sido denigrada. Esto muestra al servicio de qué intereses realmente trabajan sus críticos.