Juan Francisco Ramírez. Abogado, Analista Político e Investigador
 La
diáspora del pueblo sirio que algunos ya columbrábamos, producto de las
revueltas inducidas, al igual a lo ocurrido a partir de 2011 con Libia;
quizá haya podido sorprender sobremanera a muchos otros observadores y
analistas. Como sorprendente resultan las exacerbadas e ingenuas
críticas vertidas, por parte de algunos grupos y organizaciones de
diversa clase, contra Europa por haber demorado una respuesta efectiva;(...)
(...) así como por la poca sensibilidad mostrada
en los primeros momentos, ante el problema de los exiliados sirios;
mientras, apenas encontraremos muestras de reproche frente a los países
árabes ricos: Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudí, Kuwait,
Qatar (1), que se limitan a ofrecer ayudas económicas a las
organizaciones y a los países en conflicto, pero se niegan a ofrecerles
refugio, o de aquellos otros países árabes de Oriente Próximo,
Mediterráneo y de África, que ponen trabas burocráticas (Ej.: Argelia,
Egipto, Marruecos, Túnez), para acoger a los ciudadanos sirios.
De
hecho, si las naciones árabes quisieran contribuir en favor de los
exiliados sirios que buscan refugio, bastaría que esos países árabes
abrieran sus fronteras, facilitándoles los trámites burocráticos.
Probablemente, exista cierto razonable recelo al respecto, pues teman
pudieran infiltrárseles, cual caballo de Troya, algunos miembros
extremistas del IS o ISIS; véase vídeo ofrecido por el digital RT, data
07 de septiembre de 2015: Enlace (2); lo cual acarrearía a los países
de acogida, incuestionablemente, problemas de seguridad y estabilidad.
Dicho
lo anterior, debemos reflexionar sobre la situación de otro pueblo
ubicado a unos cien kilómetros de distancia de Canarias, que viene
sufriendo desde hace cuarenta años una situación parecida a la del
pueblo sirio, pero recibe distinto tratamiento; nos referimos al pueblo
saharaui; resulta bastante llamativo el doble rasero mostrado, por
parte de muchos de los hoy adalides de la solidaridad desplegada en
pro de los refugiados sirios, siendo ello muy loable; sin embargo, no
se ha visto la misma respuesta respecto a los saharauis; mas
referirnos, especialmente a la clase política española en particular,
pues llama la atención el hecho que no hayan mostrado, años ha, el
mismo nivel de preocupación, iteramos, respecto de los refugiados
saharauis; por cierto, tan españoles como un madrileño (3); pues, en
tanto los saharauis no ejerzan el derecho de autodeterminación
establecido en la Resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las
Naciones Unidas, de 14 de diciembre de 1960 (4), el Sahara Occidental
Español, se encuentra de “iure” bajo la administración de España (ONU);
los saharauis se hallan en la diáspora desde que España les abandonará
a su suerte tras la firma del espurio y torticero acuerdo Tripartito
(España, Marruecos y Mauritania), signado en Madrid el 14 de noviembre
de 1975 (5); acuerdo totalmente nulo de pleno Derecho “ab initio” (6);
siendo en todo caso, nulo desde el instante en que uno de los firmantes
(Mauritania) en 1979, abandonará la parte del Sahara Occidental
Español, que le correspondió en el ilegitimo reparto, pasando a manos
de Marruecos; anexionándosela, unilateralmente, dicha parte del
territorio. (7)
De otro lado, referirnos al derecho de opción
emitido por el Gobierno español de la época, el cual resultaría, en la
praxis, absolutamente inoperante, pues los saharauis se encontraban
huyendo de las fuerzas ocupantes marroquíes, en busca del refugio que
les ofreció Argelia; además, desconocían el derecho de optar por la
nacionalidad española ofrecido a medio del RD 2258/1976 de 10 de agosto,
sobre opción de la nacionalidad española por parte de los naturales
del Sahara (8); asimismo, con independencia del conocimiento, no
podrían ejercer tal derecho al no existir representaciones españolas
oficiales a las que poder acudir, pues, iteramos, se encontraban
huyendo a través del desierto en dirección a Argelia. (9), (10), (11) y
(12)
A modo de recomendación; deberíamos exigir, en el caso de
los saharauis, que los políticos, medios de comunicación, y ciudadanos
españoles, en general, mostrasen el mismo interés por los refugiados
saharauis que el mostrado por los sirios.
Ojala, en ninguna
parte del planeta, jamás, existiesen seres humanos que se vieren
obligados a abandonar sus hogares, huyendo en busca de refugio; lo
cierto es, a día de hoy, pese haber transcurrido setenta años desde el
final de la II Guerra Mundial (1-9-1939 a 2-09-1945); sin embargo, la
humanidad no ha aprendido la lección, pues continúan los conflictos
bélicos, causa principal de la problemática sobre la humanidad.
En
el caso concreto de los acontecimientos belicistas actuales; algunos
de ellos de carácter exógeno, es decir, elaborados por agentes ajenos y
de extraños intereses; cabría preguntarse, quiénes han contribuido a
desestabilizar los países del éxodo masivo (Afganistán, Iraq, Libia,
Siria, Yemen) y, por supuesto, a quiénes podría beneficiar tal
situación. De lo que no cabe duda alguna, es quiénes están resultando
perjudicados; en primer lugar, los seres que huyen del conflicto
abandonando sus hogares; seguidamente, los países de acogida, que, por
razones obvias, a medio plazo, terminarán arruinados en el más amplio
sentido.
El éxodo humano ha cobrado dimensiones que no se
conocían desde la II GM; el drama humano resulta de una magnitud
colosal de consecuencias terribles e insospechadas, que están
desbordando a todo un continente; la situación es tan grave, que
requeriría de una respuesta global por parte de la Comunidad
Internacional en su conjunto, es decir, la crisis humanitaria exige la
inmediata actuación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; de
lo contrario, difícil será encontrar una solución acertada y útil a
todas las partes afectadas.
Asimismo; no debemos olvidar a los
millones de seres humanos que no pueden huir, y se encuentran atrapados
en los países cautivos del caos; conflictos que, en muchos de los
casos, podríamos aseverar, sin errar, han sido gestados de manera
artificiosa e interesada.
Por su interés, recomendamos la lectura
del texto completo de la Convención sobre el Estatuto de los
Refugiados, Adoptado en Ginebra, Suiza, el 28 de julio de 1951, por la
Conferencia de Plenipotenciarios sobre el Estatuto de los Refugiados y
de los Apátridas (Naciones Unidas), convocada por la Asamblea General en
su resolución 429 (V), 14 de diciembre de 1950. (13)
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