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LA INMENSA CORRUPCION POLICIAL

Opinión

Por Samuel Ruh Ríos
@samuelruh

Uno de los más preocupantes temas que debe abordarse de inmediato, con la finalidad de buscarle solución, es la galopante y extendida corrupción policial.
Tal como lo advertimos en su oportunidad, una policía politizada, mal seleccionada, creada a la carrera, cuyas vacantes se llenaron a punta de relaciones partidistas provenientes de cuanto poderoso funcionario de alto nivel  enviara como sus  recomendados, estaba condenada como institución a generar males peores que beneficios a la población.
La rimbombante Policía Nacional Bolivariana, especie de caricatura de la anhelada, durante años Policía Nacional, se ha convertido en un dolor de cabeza para la ciudadanía. Para demostrarlo, basta leer las páginas de sucesos, en cuya fuente no es extraño encontrar graves actos delictuales donde, como protagonistas, aparecen policías de ese cuerpo nacional participando en secuestros, robos, hurtos, apropiaciones indebidas, abusos contra los derechos humanos y, una ya generalizada, matraca en todos los lugares, pueblos, ciudades y carreteras, a lo largo y ancho del país.
Una matraca nacional ejercida por una policía nacional.(...)

Es impresionante la cantidad de alcabalas, operativos y puntos de control existentes en todas las carreteras y autopistas, que ahora para agonía de choferes y pasajeros, se han convertido en lucrativos negocios, incluso con la cooperación de fiscales de tránsito y Guardias Nacionales.
Todo tiene tarifas que magicamente evitan la sanción en cuestión, siendo el modus operandi más o menos así: Si tienes en orden todo (certificado médico, licencia de conducir, documento del vehículo), te agarran con lo del seguro, te leen en un infaltable y arrugado ejemplar de la Ley de Tránsito, el número de unidades tributarias que debes cancelar como multa y allí empieza la negociación.
Descaradamente te ofrecen que les des algo así como el 75% en efectivo a ellos y sigues tu camino sin novedad, y si no, entonces debes acompañarlos hasta el Comando, ninguno te hace la multa en el sitio ya que carecen de libretas contentivas de boletas de multa. Resultado: Para no perder el largo tiempo que implica el concurrir al Comando, caes cual pajarito en jaula y pagas el soborno.
Si a todo esto le sumas: Participaciones diversas en secuestros y atracos utilizando su armamento de reglamento, extorsión a comerciantes, buhoneros, cuida carros, raquetas a delincuentes y hasta asesinatos, todo documentado y probado, terminas pensando que peor es el remedio que la enfermedad.
Siempre hemos creído que una verdadera Policía Nacional, es una carrera de larga academia, llena de estudios rigurosos y altamente técnicos y físicos, donde el funcionario termina dichos estudios y se integra a la sociedad con salarios jugosos y beneficios sobre la media de la existente en la comunidad en que vive; que haga que ellos mismos defiendan con pasión la oportunidad y la profesión que han elegido y que les permita vivir con comodidad y dignidad.
Un policía es como un médico, un abogado o un ingeniero, debe percibirse de esa manera y no como un empleado público marginal lleno de necesidades y falto de cultura, experiencia y modales.
Convertir la profesión de Policía en una carrera universitaria, con estudios de cinco años, para bachilleres estrictamente seleccionados, no en una escuelita para graduarlos en meses, implica grandes esfuerzos en el diseño curricular, con la guiatura de sólidos y rígidos profesores humanistas y expertos en criminología, criminalística y técnicas forenses, que permitan y garanticen la transferencia de  conocimientos cívicos y culturales al nobel profesional.
Sin embargo, como todas las barbaridades de este gobierno, el cual todo lo resuelve a los trancazos, se crea una Comisión para sanear la podrida policía, al frente de ella un ex-policía, ex-alcalde y actual parlamentario, quien cree que la solución es reprimir y enfrentar algunos casos y delegaciones puntuales, sin entender que es un problema endémico y estructural que implica reformas profundas y una actitud para nada ideológica, y sí académica y científica.
Retratarse allanando la delegación del CICPC de El Valle, por ser un centro de retención y ocultamiento de secuestrados, ademas de gravísimo hecho, no es la solución a la problemática, ella sigue allí, enquistada y purulenta,esperando las verdaderas reformas.